La hepatitis autoinmunitaria es la inflamación del hígado que se produce cuando el sistema inmunitario del cuerpo ataca las células hepáticas. No se sabe con claridad cuál es la causa exacta de la hepatitis autoinmunitaria pero, al parecer, los factores genéticos y ambientales con el tiempo interactúan y ocasionan la enfermedad.
Si la hepatitis autoinmunitaria no se trata puede formar cicatrices en el hígado (cirrosis) y, con el tiempo, insuficiencia hepática. Sin embargo, cuando se diagnostica y se trata a tiempo, es posible controlarla con medicamentos que inhiben el sistema inmunitario.
Un trasplante de hígado puede ser una opción cuando la hepatitis autoinmunitaria no responde a los tratamientos farmacológicos o en los casos de enfermedad hepática avanzada.
Síntomas
Los signos y síntomas de la hepatitis autoinmune varían de una persona a otra y pueden aparecer de forma repentina. Algunas personas presentan pocos problemas reconocidos, o no presentan ninguno, en la etapa temprana de la enfermedad, mientras que otras experimentan signos y síntomas que pueden incluir: Fatiga Malestar abdominal Color amarillento en la piel y la parte blanca de los ojos (ictericia) Agrandamiento del hígado Vasos sanguíneos anormales en la piel (angiomas aracniformes) Sarpullidos Dolores de las articulaciones Ausencia de periodos menstruales
Cuándo debes consultar con un médico
Entre los factores que pueden aumentar el riesgo de padecer hepatitis autoinmune se incluyen los siguientes: Ser mujer. Aunque tanto hombres como mujeres pueden desarrollar hepatitis autoinmune, la enfermedad es más común en las mujeres. Antecedentes de ciertas infecciones. La hepatitis autoinmune puede desarrollarse después de haberse infectado con sarampión, herpes simple o el virus de Epstein-Barr. La enfermedad también se relaciona con la infección por hepatitis A, B o C. Predisposición genética. Según la evidencia, es posible heredar una predisposición a la hepatitis autoinmune. Tener una enfermedad autoinmune. Es posible que las personas que ya padecen una enfermedad autoinmune, como enfermedad celíaca, artritis reumatoidea o hipertiroidismo (enfermedad de Graves o tiroiditis de Hashimoto) tengan más probabilidades de desarrollar hepatitis autoinmune.
Diagnóstico
Independientemente del tipo de hepatitis autoinmunitaria que tengas, el objetivo del tratamiento es ralentizar o detener el ataque del sistema inmunitario al hígado. Esto puede ayudar a retrasar la progresión de la enfermedad. Para alcanzar este objetivo, necesitarás medicamentos que disminuyan la actividad del sistema inmunitario. El tratamiento inicial suele consistir en la administración de prednisona. Pueden recomendarte un segundo medicamento, la azatioprina (Azasan, Imuran), además de la prednisona.
La prednisona, especialmente cuando se toma a largo plazo, puede causar una amplia gama de efectos secundarios graves, como diabetes, adelgazamiento de los huesos (osteoporosis), rotura de huesos (osteonecrosis), presión arterial alta, cataratas, glaucoma y aumento de peso.
Los médicos suelen recetar prednisona en dosis altas durante el primer mes de tratamiento. Luego, para reducir el riesgo de efectos secundarios, disminuyen progresivamente la dosis durante los siguientes meses hasta alcanzar la dosis más baja posible que controle la enfermedad. Añadir azatioprina también contribuye a evitar los efectos secundarios de la prednisona.
Aunque es posible que experimentes una remisión unos años después de iniciar el tratamiento, la enfermedad suele reaparecer si se suspende el medicamento. Dependiendo de tu situación, es posible que necesites un tratamiento de por vida.
Trasplante de hígado
Cuando los medicamentos no detienen el avance de la enfermedad, o cuando desarrollas cicatrices irreversibles (cirrosis) o insuficiencia hepática, la única opción posible es un trasplante de hígado.
Durante un trasplante de hígado, se extrae el hígado enfermo y se lo reemplaza por uno sano proveniente de un donante. Para los trasplantes de hígado generalmente se utilizan hígados de donantes de órganos fallecidos. En algunos casos, se puede realizar un trasplante de hígado de donante vivo. Durante un trasplante de hígado de donante vivo, recibes solo una parte de un hígado sano de un donante vivo. Ambos hígados comienzan a regenerar nuevas células de inmediato.