La elección del 5 de noviembre de 2006 sería la última en la que Nicaragua mantuvo una competencia electoral con posibilidades de alternancia. Daniel Ortega Saavedra regresó a la Presidencia con el 38% de los votos válidos, tras una campaña condicionada por la división de las fuerzas liberales y por las reglas electorales vigentes.
Eduardo Montealegre, de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), obtuvo el 29%, mientras José Rizo Castellón, del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), alcanzó el 27%. La suma de ambos resultados superó el respaldo recibido por Ortega, aunque la ausencia de una candidatura común dejó al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en el primer lugar.
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La contienda de 2006 permitió la participación de varias fuerzas políticas y mantuvo abierta la disputa por la Presidencia hasta la votación. El resultado favoreció a Ortega sin mayoría absoluta, en un escenario donde el voto opositor quedó repartido entre Montealegre, Rizo y otras candidaturas, según Diario La Prensa.
El pacto entre Ortega y Alemán modificó el escenario electoral
El antecedente político de aquella elección fue el acuerdo que Daniel Ortega y Arnoldo Alemán firmaron en 1999. El pacto incluyó reformas electorales que beneficiaron al candidato sandinista y alteraron las condiciones de competencia.
El entendimiento también apuntó a mantener al PLC alejado de una eventual alianza con la ALN, encabezada por Montealegre. Esa separación tuvo efectos sobre la configuración de la oposición antes de la campaña presidencial.
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En abril de 2006, el PLC designó a José Rizo como candidato. En ese período, el respaldo del sector empresarial se dividía entre su postulación y la de Montealegre.
La dispersión liberal se reflejaba en los sondeos. Con la lista de candidaturas ya definida, una medición de mayo ubicó al FSLN con 28.4% de intención de voto.
La alianza ALN-PC aparecía detrás con 26.5%. El PLC registraba 17.1% y el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) reunía 14.8%.
La muerte de Herty Lewites alteró la campaña presidencial
En ese momento, Herty Lewites era candidato del MRS y representaba un competidor incómodo para Ortega. Su presencia añadía otra variable a una elección en la que el voto contrario al sandinismo ya se distribuía entre varias fuerzas.
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Lewites murió el 2 de julio de 2006, cuando faltaban cuatro meses para las presidenciales. Su fallecimiento ocurrió en circunstancias calificadas como turbias, de acuerdo con Diario La prensa.
Tras su muerte, Edmundo Jarquín asumió la candidatura del MRS. Edén Pastora, por su parte, compitió por Alternativa por el Cambio.
Una encuesta de CID-Gallup, realizada entre el 16 y el 19 de agosto, situó a Ortega al frente con el 29% de la intención de voto. Montealegre obtuvo 23% en ese sondeo.
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El estudio también indicó que el 19% de los electores todavía no había definido su respaldo. La diferencia entre los principales aspirantes y el número de indecisos mantenían la incertidumbre sobre el desenlace.
Ortega ganó sin mayoría absoluta y con la oposición dividida
La oferta electoral quedó encabezada por Ortega, como candidato del FSLN; Montealegre, por la ALN; y Rizo, por el PLC. Jarquín representó al MRS tras la muerte de Lewites y Pastora postuló por Alternativa por el Cambio.
El resultado oficial dio la victoria a Ortega con el 38% de los votos válidos. Montealegre quedó en segundo lugar con el 29% y Rizo terminó tercero con el 27%.
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Jarquín ocupó el cuarto puesto con el 6% de los sufragios. Pastora obtuvo menos del 1%.
El reparto de los votos mostró que los dos principales candidatos liberales compitieron de forma separada. La falta de una fórmula conjunta impidió que ese sector concentrara su apoyo frente a Ortega.
El dirigente sandinista asumió la Presidencia el 10 de enero de 2007. Su retorno cerró el ciclo que había comenzado con la derrota del sandinismo en las elecciones de 1990.
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El regreso al poder abrió un nuevo ciclo institucional
Después de asumir, Ortega avanzó en el control de las instituciones electorales. Ese proceso redujo las condiciones para que las elecciones posteriores ofrecieran una competencia con opciones efectivas de alternancia.
El sistema electoral pasó a quedar bajo el dominio del oficialismo. Los comicios posteriores se desarrollaron con reglas e instituciones que aseguraron la continuidad de Ortega en el poder.
La votación de 2006 quedó así como un punto de referencia para Nicaragua. Fue una elección en la que distintas fuerzas opositoras participaron con candidaturas propias, obtuvieron resultados competitivos y todavía podían disputar la Presidencia en las urnas.
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