Las calles de León, al noroeste de Nicaragua, se transformaron ayer en un escenario de fe y tradición con la celebración de la Gritería Chiquita, una festividad que reúne a cientos de personas en torno a cantos, rezos y altares marianos. Según reportó la agencia EFE, la jornada, que cumple 79 años, surge a partir de una promesa hecha por los habitantes de la ciudad en medio de una de las erupciones más intensas del volcán Cerro Negro.
La tradición de la Gritería Chiquita tiene su origen en 1947, cuando Isidro Oviedo y Reyes, entonces obispo de León, convocó a la población a realizar una peregrinación y pedir la intercesión de la Asunción de María para frenar la violenta actividad del Cerro Negro, un volcán de 728 metros de altura y considerado uno de los más activos del país.
De acuerdo con la crónica de EFE, los feligreses atribuyeron el cese de la erupción a un milagro por la intervención de la virgen, instaurando así una costumbre que perdura y moviliza a la comunidad cada 14 de agosto.
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Durante la celebración, los fieles recorren las calles de León, deteniéndose en altares decorados en honor a la virgen, donde entonan cantos y rezos como muestra de gratitud. En cada parada, los dueños de los sagrarios entregan obsequios que suelen consistir en dulces, frutas o alimentos típicos. La festividad inicia con la pregunta ritual: “¿Quién causa tanta alegría?”, a la que la multitud responde: “¡La Asunción de María!”.
La agencia EFE subrayó la presencia de elementos de la cultura popular local, entre ellos los bailes de La Gigantona y el Enano Cabezón, figuras tradicionales que acompañan la procesión junto a los llamados “toros encuetados”, hombres que portan armazones en forma de toro adornados con fuegos artificiales. Estas expresiones, combinadas con la devoción católica, dotan a la celebración de un carácter festivo y de identidad colectiva.
El epicentro de la festividad es la Real e Insigne Basílica Catedral de la Asunción, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, cuya fachada se ilumina con juegos de luces al cierre de la jornada. Según la información brindada por EFE, el evento congrega no solo a habitantes de León, sino también a visitantes de diferentes regiones de Nicaragua, e incluso a turistas extranjeros interesados en la tradición mariana.
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El fenómeno del volcán Cerro Negro marcó profundamente la historia de la ciudad y la religiosidad de sus habitantes. El Cerro Negro, ubicado en el departamento de León, ha registrado más de 20 erupciones desde su aparición en 1850. La erupción de 1947, que dio origen a la Gritería Chiquita, se distinguió por su intensidad y la amenaza que representó para la población.
Según datos históricos recogidos por medios nicaragüenses y organismos científicos, la actividad volcánica generó columnas de ceniza, flujos piroclásticos y obligó a la evacuación parcial de áreas cercanas. La intervención religiosa liderada por Oviedo y Reyes se convirtió en un referente para la comunidad, que relacionó la cesación repentina de la erupción con la fe en la virgen.
Con el paso del tiempo, la Gritería Chiquita se ha extendido más allá de León. Según EFE, la festividad es replicada en otras ciudades y comunidades rurales del país, aunque en menor escala. La celebración antecede a la Asunción de María del 15 de agosto, fecha reconocida en el calendario católico y que también convoca multitudes en Nicaragua. La devoción mariana ocupa un lugar central en la vida religiosa del país, donde, de acuerdo con datos citados por EFE, el 58.5 % de la población se identifica como católica.
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La agencia EFE constató que la Gritería Chiquita actúa como un punto de encuentro para las familias y refuerza los lazos entre generaciones, mientras que la mezcla de rituales religiosos y manifestaciones culturales la convierten en una de las expresiones de fe más singulares de Nicaragua. La proyección de la festividad traspasa fronteras, atrayendo a turistas y motivando el interés de investigadores y cronistas que documentan la relación entre la religiosidad popular y los fenómenos naturales.
En cada edición, la ciudad de León se reafirma como epicentro de la tradición, mientras la imagen de la Asunción de María preside altares y procesiones que evocan el episodio volcánico de 1947 y la promesa de gratitud que aún moviliza a sus habitantes.
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