Un grupo de músicos nicaragüenses ha encontrado en España un nuevo escenario para mantener vivas las tradiciones de su país. Cada fin de semana, la Banda Filarmónica El Güegüense transforma reuniones de migrantes en celebraciones marcadas por el sonido de fiestas populares, rancheras y melodías tradicionales. Los integrantes no solo ofrecen espectáculos: reconstruyen la memoria colectiva de una comunidad a miles de kilómetros de Nicaragua.
La agrupación nació hace cuatro años cuando músicos exiliados respondieron a una convocatoria para llevar la música filarmónica de Nicaragua a Europa. Jackson Amador, uno de los fundadores, compartió que el reconocimiento recibido en España ha superado sus experiencias en su país natal. Según relató a 100% Noticias, “Aquí te ven como un artista. Creo que tiene que ver con la escasez de bandas. Contrario de Nicaragua que abundan. Aquí se valora mucho más el talento”. Amador llegó a España en 2020 y fundó la banda junto con Melvin López dos años más tarde.
Durante los fines de semana más exitosos, cada integrante puede obtener hasta 350 euros, aunque la actividad baja durante los meses de verano en España. En ese periodo, la banda se dedica a preparar nuevas presentaciones y estrategias para la temporada más activa.
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El grupo, que comenzó con ocho músicos y ahora suma hasta once según la ocasión, está integrado por personas de profesiones variadas: un analista químico, un vendedor de autos y obreros de la construcción dejan a un lado sus trabajos para vestir botas, sombreros y pantalones vaqueros, y convertirse en embajadores culturales para la diáspora nicaragüense.
Un proyecto nacido del exilio y del deseo de reconocimiento
La experiencia de migrar marcó profundamente a los miembros de la banda. Jackson Amador, originario de Teustepe, recordó que los primeros tres años en el extranjero estuvieron marcados por la soledad, aunque la satisfacción de ayudar a su familia y mantener sus proyectos lo mantuvo enfocado. Amador no descarta regresar a Nicaragua, pero en el presente concentra sus esfuerzos en consolidar la agrupación en Europa.
La banda encontró en España un público receptivo y la oportunidad de ser reconocidos como artistas, algo que, según sus integrantes, no sucedía con igual intensidad en Nicaragua, donde abundan agrupaciones similares y la competencia es mayor.
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En España, cada viernes por la tarde, los músicos se reúnen para ensayar y preparar sus presentaciones. Estas sesiones permiten a cientos de nicaragüenses revivir, aunque sea por unos minutos, las procesiones y fiestas patronales de su país, tal como lo han contado los propios músicos a 100% Noticias.
Melvin López, de Santo Tomás a los escenarios europeos
Melvin López Matuz, de 25 años y originario de Santo Tomás, inició su formación musical a los siete, integrando la banda de guerra de su colegio. La trompeta se convirtió en su instrumento principal, guiado por el profesor Roberto Amos en el Conservatorio de la UPOLI.
López recordó con claridad el momento en que la música dejó de ser un pasatiempo: “Poco a poco descubrí que la música sería mucho más que un pasatiempo: se convertiría en una forma de vida”. Su llegada a Europa estuvo precedida por una invitación tras una actividad cultural con voluntarios belgas en Nicaragua. El primer viaje a Bélgica abrió la puerta a nuevas posibilidades.
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“Al regresar a Nicaragua llevaba una idea muy clara: algún día volvería a Europa. Ese sueño se hizo realidad en abril de 2019, cuando llegué a España”, relató López, quien decidió fundar la banda junto a un amigo, con la intención d
e ofrecer algo más que música a la comunidad migrante.
Una comunidad que crece alrededor de la música
La Banda Filarmónica El Güegüense sigue sumando integrantes de distintas regiones de Nicaragua, como Armando José Velázquez, el trompetista Emanuel Gudiel González de Boaco, Maykel Mendoza de Managua, Álvaro Gabarrete de León y Yerling Iván García.
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El propósito de la agrupación va más allá del entretenimiento. López resume así la misión del grupo: “Queremos mantener vivas nuestras raíces, acercar un pedacito de Nicaragua a quienes viven lejos de su tierra y regalar momentos de alegría y nostalgia a nuestra comunidad”. La respuesta del público confirma esa labor, con expresiones de agradecimiento y nostalgia tras cada presentación.
El grupo aspira a recorrer el continente europeo con el sonido característico de las fiestas nicaragüenses, convencidos de que la distancia puede separar a las personas de su tierra, pero nunca de la música que las identifica. Para la comunidad migrante, la banda representa un puente entre dos mundos y un recordatorio de que la identidad se sostiene incluso lejos del país de origen.