El lobo mexicano reaparece en los bosques de Durango después de 40 años de estar en peligro de extinción, gracias a un programa científico que combinó genética, acuerdos con comunidades y manejo del hábitat. La especie, que llegó a un punto crítico de peligro por cacería, envenenamiento y la falta de leyes ambientales, ahora cuenta con poblaciones que sobreviven tanto bajo resguardo como en libertad.
En la actualidad, se estima que existen cerca de 350 lobos protegidos y una cifra similar en vida silvestre. Este avance es producto de la colaboración entre especialistas y ejidos, que tras varios años de negociaciones aceptaron participar en la reintegración del depredador a su territorio.
Recuperación de la especie gracias a un plan de restauración genética
En la conferencia La investigación en ecología y conservación en la academia de la UAM: el proyecto de largo plazo del lobo en México, el doctor Jorge Ignacio Servín Martínez, profesor investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) compartió la historia de esta emblemática especie que en algún punto de la historia, habitó desde Alaska hasta Oaxaca.
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Su conservación fue gracias a un programa binacional de recuperación genética del lobo mexicano que arrancó con la identificación de siete ejemplares fundadores capturados en Durango y Chihuahua en la década de 1970. Estos animales formaron la base de toda la población bajo manejo humano, pues la especie había desaparecido prácticamente de su hábitat natural por la persecución, el uso de veneno y la destrucción de su territorio.
Los científicos establecieron bancos de germoplasma y recopilaron información detallada sobre el perfil genético de cada lobo, lo que permitió diseñar estrategias específicas para conservar la mayor diversidad posible.
La reproducción asistida y las cruzas planificadas fueron piezas clave del proceso. A partir del análisis genético, el equipo seleccionó cuidadosamente a los ejemplares con linajes escasos para reproducirlos y evitar la consanguinidad. Esta técnica ayudó a mantener la variabilidad y a fortalecer las características necesarias para la adaptación y supervivencia en libertad. El uso de bancos de germoplasma permitió conservar material genético valioso y respaldar la continuidad del programa en caso de emergencias o pérdida de individuos.
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Con este enfoque, el proyecto logró no solo aumentar el número de lobos disponibles para la reintroducción, sino también preservar la calidad genética de la población.
Reintegración del lobo mexicano a bosques de Durango
La reintegración del lobo mexicano a los bosques de Durango se realizó en fases, con énfasis en la adaptación de los ejemplares y la colaboración con las comunidades dueñas de los terrenos.
El equipo científico inició el proceso instalando recintos especiales de preliberación, donde los lobos permanecieron bajo observación y recibieron presas vivas, como pecaríes y venados cola blanca, para reactivar sus comportamientos de caza y fomentar la autosuficiencia en vida silvestre.
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Simultáneamente, los responsables del proyecto sostuvieron un diálogo permanente con ejidos y propietarios legales de la tierra, quienes en un principio rechazaron la presencia del depredador por temor a afectaciones en la ganadería. Por ejemplo, una comunidad se negó durante quince años, sin embargo, tras varias negociaciones, finalmente aceptó participar y autorizó la construcción de los recintos necesarios, así como la liberación de los primeros ejemplares.
Al momento de la liberación, los lobos fueron equipados con collares satelitales capaces de registrar seis ubicaciones diarias. Este monitoreo permite dar seguimiento a los movimientos de los animales, documentar su adaptación y aportar pruebas en caso de denuncias por ataques a ganado.