¿Crisis silenciosa? El salto en síntomas de ansiedad y depresión entre alumnos de la UNAM

Uno de cada dos alumnos de nuevo ingreso a la UNAM reporta síntomas de ansiedad o depresión, una cifra alarmante que triplica los niveles prepandemia

Un informe reciente muestra que una proporción elevada de jóvenes que accedieron a la universidad en 2025 refiere experimentar sensaciones como ansiedad y tristeza, fenómeno vinculado en gran medida a los efectos que tuvo la emergencia sanitaria en los adolescentes. (Infobae-Itzallana)

De los 84 mil estudiantes que ingresaron a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en agosto de 2025, aproximadamente 42 mil —la mitad— reportaron experimentar síntomas asociados a ansiedad, depresión u otro trastorno mental al momento de su inscripción. Así lo revelan los datos del Examen Médico Automatizado (EMA), aplicado como parte del proceso de ingreso a la institución.

El dato fue confirmado por Gustavo Olaiz Fernández, titular de la Dirección General de Atención a la Salud de la UNAM, quien subrayó que percibir estos síntomas no equivale necesariamente a padecer un trastorno mental diagnosticado, aunque la magnitud del fenómeno encendió las alarmas dentro de la universidad.

Un salto drástico desde la pandemia

Lo que más preocupa a las autoridades universitarias no es solo el número en sí, sino la velocidad con la que creció. Antes de la pandemia de COVID-19, entre el 10 y el 15 por ciento de los alumnos de nuevo ingreso reportaba algún síntoma de ansiedad o depresión. Hoy esa cifra ronda el 50 por ciento: un incremento de más de tres veces en menos de un lustro.

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“Muchos alumnos están llegando cada vez con problemas más serios; sobre todo después de la pandemia. Este año estamos casi en 50 por ciento”, advirtió Olaiz Fernández en entrevista con La Jornada.

FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

Las secuelas invisibles del confinamiento

El funcionario universitario apuntó a la pandemia como el factor detonante de esta crisis silenciosa entre jóvenes de 15 a 20 años. El confinamiento dejó en este grupo etario una serie de consecuencias que hoy se traducen en percepciones elevadas de malestar:

  • Soledad y aislamiento prolongados durante etapas clave del desarrollo social
  • Dificultades para relacionarse con pares tras años de interacción limitada
  • Sentimientos de abandono y separación del entorno escolar y familiar
  • Rezagos en habilidades socioemocionales que normalmente se construyen en la adolescencia

“Sí hay un incremento muy importante en esta percepción de lo que nos trajo la pandemia, como soledad, separación, abandono, dificultades para relacionarse”, señaló el especialista.

Un análisis realizado por la universidad detectó que el confinamiento modificó la manera en la que los jóvenes viven su ingreso, generando una prevalencia histórica de indicios asociados a aislamiento social y dificultades emocionales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La UNAM responde: orientación, terapia y canalización

Olaiz Fernández insistió en un matiz importante: la percepción de malestar no equivale a un diagnóstico clínico. La proporción de estudiantes que realmente padece un trastorno mental es significativamente menor al 50 por ciento registrado en el EMA. Sin embargo, la institución no está restando importancia al fenómeno.

Ante este panorama, la UNAM implementó una estrategia de atención que incluye:

  • Orientación psicológica personalizada para quienes reportan síntomas
  • Terapia grupal e individual como primera línea de apoyo
  • Canalización a instituciones públicas especializadas en los casos que requieran atención clínica más profunda

El objetivo, explicó el funcionario, es acompañar a los estudiantes para que modifiquen percepciones negativas y, en los casos donde sí exista un padecimiento real, garantizar un tratamiento psicológico constante.

La crisis de salud mental entre jóvenes universitarios no es exclusiva de México, pero los datos de la UNAM ofrecen una radiografía contundente de una generación marcada por el confinamiento. El reto para la institución —y para el sistema educativo en general— es que estos estudiantes lleguen a las aulas no solo con conocimientos, sino con las herramientas emocionales para aprovecharlos.

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