“Ya no tenemos padres”: los hijos de mexicanos que el ICE dejó solos en Texas, Estados Unidos

Seis hijos de padres mexicanos deportados a México enfrentan solos la vida. Su historia refleja el impacto humano de la política migratoria de Donald Trump

Un operativo del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas en enero de 2026 dejó a seis jóvenes ciudadanos estadounidenses en Donna, Texas, enfrentando la separación familiar y el peso de nuevas responsabilidades desde muy temprano. (Infobae-Jesúe Abraham )

Antes de que saliera el sol, Andrea García ya estaba despierta. No era por voluntad propia. Era porque alguien tenía que despertar a sus cinco hermanos, prepararles el desayuno, llevarlos a la escuela y pagar las cuentas del mes.

Hace apenas unos meses, Andrea tenía planes: su propio departamento, su propia vida, quizás encontrar pareja. Tenía 22 años. El mundo estaba por delante. Luego llegó el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).

La madrugada que destruyó una familia

El 9 de enero de 2026, agentes del ICE irrumpieron en la casa familiar en Donna, Texas, mientras algunos de los niños todavía dormían. Se llevaron a Julio Orosco y Lucero Garza, padres de seis hijos, migrantes mexicanos que cruzaron la frontera siendo jóvenes... buscando una vida digna.

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La madre fue deportada a México. El padre permanece detenido. Sus seis hijos no fueron expulsados. Todos nacieron en suelo americano. Todos tienen ciudadanía. Pero esa noche aprendieron que un papel no protege de todo.

The New York Times documentó su historia el pasado 5 de abril, y desde entonces no ha dejado de circular en redes sociales alrededor del mundo.

Un arresto nocturno de sus padres mexicanos en Texas obligó a los seis hijos a asumir tareas adultas, mientras la incertidumbre y el desarraigo se instalan en la rutina diaria de la familia. REUTERS/Shannon Stapleton/Archivo

Crecer de golpe, sin pedirlo

Lo que siguió fue brutal en su cotidianidad. Sin drama. Sin discursos. Solo seis jóvenes aprendiendo a sobrevivir:

  • Andrea, de 22 años, trabaja limpiando casas y llega su hogar a hacer de comer.
  • Humberto, de 21, pospuso su boda y se fue a Dallas a cortar árboles para mandar dinero.
  • Ana, 20, soñaba con estudiar derecho penal. Ya no puede: “Nos trataron como si fuéramos los peores criminales. No puedo ser parte de eso”.
  • Juan, de 17, se entierra en los libros y no habla de lo que pasó
  • Lucero, de 15, la niña de papá, sigue alimentando sola las gallinas del patio que cuidaban juntos cada mañana.
  • Jorge, de 11 años, el más pequeño, llegaba de la escuela corriendo y hablando sin parar. Ahora llega en silencio, se sienta en el sofá y abraza a su perro.

“Nuestros hijos tienen que criarse solos. No tenemos a nadie más. Tienes que crecer rápido”, le dijo Andrea a The New York Times.

No son los únicos. Están lejos de serlo

La historia de esta familia tiene miles de versiones a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos. Familias de estatus migratorio mixto: padres mexicanos sin documentos, hijos con pasaporte americano, vidas construidas entre dos idiomas y dos países.

Según datos citados por The New York Times, bajo la política migratoria de la administración Trump, algunas zonas fronterizas han registrado más de 5,300 arrestos mensuales del ICE en lo que va de 2026. Además, al menos 13 migrantes mexicanos han muerto bajo custodia del ICE o durante operativos de detención en el mismo periodo. En varios casos, se señala la falta de atención médica como causa, mientras que otros fallecimientos permanecen en investigación. Sus nombres rara vez aparecen en los titulares.

La separación forzada de familias de estatus mixto redefine las experiencias de ciudadanía y pertenencia para miles de jóvenes estadounidenses en Texas, revelando implicaciones duraderas que rebasan las estadísticas oficiales

Una carta desde el otro lado

En la casa de Donna todavía están los medicamentos del padre encima del refrigerador. La insulina para la diabetes. Las pastillas para la presión. Nadie los ha movido.

De vez en cuando llega una carta desde México. La última decía:

“Los amo mis hijos. I love you, my children.”

Ana la leyó en silencio, de pie frente al altar familiar decorado con figuritas de ángeles y santos.

“Ya no tenemos padres”, dijo Andrea. “Al menos no ahora. Y tal vez nunca.”

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