Con el inicio de 2026, el mundo del trabajo no solo inaugura un nuevo año, sino una nueva etapa marcada por la convivencia cotidiana entre humanos e inteligencia artificial. Actualmente, los trabajos han experimentado una transformación radical con la incorporación de la inteligencia artificial (IA), generando una gran incertidumbre sobre si algunas vacantes serán eliminadas en el futuro. Ante esta realidad, surge la pregunta: ¿Están las generaciones preparadas para estos cambios?
El uso de la IA es ya una realidad en muchas empresas, con un 95% de los trabajadores utilizándola de manera oficial o extraoficial. Sin embargo, nos enfrentamos al dilema del “efecto de la Reina Roja”, donde estamos corriendo a un ritmo desmesurado simplemente para mantenernos en el mismo lugar. Si todos utilizan la inteligencia artificial para realizar las mismas dinámicas y actividades, ¿cuál es el valor diferenciador de las empresas?
Según un estudio del World Economic Forum, solo el 5% de las empresas están obteniendo beneficios significativos del uso de la IA, de acuerdo con el Gen AI Divide del MIT. A medida que el acceso a estas herramientas se vuelva más generalizado, la competencia será más difícil, presentando un desafío moderno para las organizaciones.
¿Es correcto afirmar que la IA reemplazará al ser humano? La inteligencia artificial, al igual que una computadora, es una herramienta que necesita ser utilizada correctamente; para ello debemos mejorar las “habilidades blandas” del personal, aquellas que no pueden ser replicadas por una máquina. En este sentido, aunque algunos trabajos se desactualizarán, otros renacerán. Se estima que mientras un millón de empleos desaparecerán, 1 millón 500 mil nuevos se crearán.
La adaptación de la sociedad al uso de la IA requiere una educación y capacitación adecuadas. Es fundamental que tanto instituciones educativas como organizaciones empresariales promuevan programas de formación que enseñen a los individuos a utilizar la IA efectivamente. Los trabajos en sectores como la manufactura, la logística y algunos servicios administrativos podrían verse afectados a medida que las tareas automatizables se deleguen a máquinas. Sin embargo, surgirán nuevas oportunidades en áreas como el desarrollo de IA donde las diferentes generaciones deberán incorporarse al cambio.
Desde una perspectiva generacional, la adopción de la inteligencia artificial no ocurre de manera homogénea. Las generaciones más jóvenes, como los centennials y millennials, tienden a incorporar la IA de forma intuitiva, experimental y acelerada, viéndola como una extensión natural de su entorno digital. Para ellos, la IA es una aliada para crear, aprender y optimizar. En contraste, generaciones como la X o los baby boomers suelen aproximarse con mayor cautela, cuestionando su impacto ético, la confiabilidad de los resultados y la pérdida de control sobre los procesos. Esta brecha no es un problema tecnológico, sino cultural y educativo. Las organizaciones que logren generar puentes entre generaciones combinando experiencia, criterio humano y pensamiento estratégico con agilidad digital y experimentación serán las que realmente capitalicen el valor de la IA.
En el ámbito empresarial, el reto no está en adoptar inteligencia artificial, sino en diseñar modelos de trabajo donde humanos e IA colaboren de forma inteligente. Las empresas que hoy destacan no son necesariamente las que usan más IA, sino las que la integran con propósito: redefinen procesos, toman mejores decisiones y liberan tiempo para actividades de alto valor humano como la creatividad, la negociación, el liderazgo y la innovación. La IA no sustituye el juicio, la ética ni la visión; amplifica a quienes saben hacer las preguntas correctas. Por ello, el liderazgo del futuro exigirá una nueva competencia clave: la capacidad de orquestar talento humano, tecnología y aprendizaje continuo en entornos de alta incertidumbre.
La inteligencia artificial no representa el fin del trabajo humano, sino una profunda transformación de su significado. El verdadero desafío no es que la IA reemplace a las personas, sino acompañar a individuos y organizaciones en procesos de adaptación al ritmo que la tecnología exige. En este contexto, el futuro del trabajo pertenecerá a quienes desarrollen habilidades humanas irreemplazables, aprendan a colaborar con la IA y comprendan que el valor diferencial ya no está en hacer lo mismo más rápido, sino en pensar distinto, liderar mejor y generar impacto real en un mundo impulsado por la tecnología.
* Yanira Lizeth Rubio Leal e Iskra Citlaly Rodríguez Sendejas. Las autoras son profesoras de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey en Campus León y Campus Aguascalientes respectivamente.