El papel de los riñones en el cuerpo humano resulta esencial para la vida diaria pues estos órganos, en forma de frijol y ubicados a ambos lados de la columna vertebral, se encargan de filtrar la sangre para eliminar desechos y el exceso de líquidos.
Gracias a su acción constante, el cuerpo mantiene un equilibrio saludable de agua, sales y minerales como sodio, potasio y calcio.
La sangre llega a los riñones a través de las arterias renales. Allí, millones de diminutas unidades llamadas nefronas actúan como filtros microscópicos.
Cada día, estos órganos procesan alrededor de 180 litros de sangre, de los cuales solo uno o dos litros se eliminan en forma de orina.
El resto del líquido es absorbido nuevamente por el cuerpo, con las concentraciones de sustancias ajustadas según las necesidades del organismo.
Además de eliminar toxinas, los riñones regulan la presión arterial y colaboran en la producción de hormonas.
Una de ellas estimula la generación de glóbulos rojos en la médula ósea, mientras que otras ayudan a controlar el metabolismo óseo y el equilibrio ácido-base.
Por este motivo, un mal funcionamiento renal puede alterar numerosas funciones vitales.
Principales problemas que pueden afectar a los riñones
Diversos trastornos pueden alterar la función de los riñones y poner en riesgo la salud general. Entre los más comunes se encuentra la insuficiencia renal, que aparece cuando estos órganos pierden la capacidad de filtrar los desechos de manera eficiente.
Las infecciones urinarias también pueden extenderse hacia los riñones, provocando pielonefritis y daños en el tejido renal. Otro problema frecuente es la presencia de cálculos, formados por la acumulación de sales y minerales que cristalizan, bloqueando las vías urinarias y causando dolor intenso.
La diabetes y la hipertensión representan factores de riesgo clave. Ambas condiciones pueden deteriorar progresivamente los pequeños vasos sanguíneos dentro de los riñones, disminuyendo su capacidad de depuración y regulación.
Además, enfermedades hereditarias como la poliquistosis renal pueden interferir en su correcto funcionamiento a lo largo de la vida.
Los síntomas de daño renal suelen pasar desapercibidos en las etapas iniciales. Entre las señales de alerta se incluyen hinchazón en pies y tobillos, fatiga persistente, cambios en la frecuencia urinaria y presión arterial elevada.
Por esto, el diagnóstico temprano resulta fundamental para evitar complicaciones mayores.
Recomendaciones y hábitos para mantener los riñones sanos
Cuidar los riñones implica adoptar rutinas diarias que favorezcan su funcionamiento a largo plazo.
Mantener una buena hidratación es clave: se recomienda beber suficiente agua para ayudar a eliminar toxinas y prevenir la formación de cálculos.
La cantidad ideal varía según la edad, el clima y la actividad física, pero en general se aconseja consumir entre 1,5 y 2 litros al día.
La alimentación juega un papel central. Reducir el consumo de sal ayuda a evitar la retención de líquidos y el aumento de la presión arterial.
Una dieta rica en frutas, verduras y proteínas magras contribuye a mantener el equilibrio de minerales. Evitar el exceso de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas también protege la salud renal.
Controlar enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión es fundamental.
Seguir el tratamiento médico adecuado y realizar controles periódicos disminuye el riesgo de daño renal progresivo. Del mismo modo, evitar el uso indiscriminado de medicamentos, especialmente antiinflamatorios sin prescripción, previene complicaciones.
El ejercicio regular, el abandono del tabaco y el consumo responsable de alcohol completan las medidas recomendadas por especialistas.
Ante cualquier síntoma sospechoso, como hinchazón, fatiga o alteraciones en la orina, conviene consultar a un profesional para realizar una evaluación temprana.