El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa que se caracteriza por fiebre alta, síntomas respiratorios y un sarpullido que se extiende por gran parte del cuerpo.
Sin embargo, existen otras enfermedades, principalmente de origen viral, que presentan manifestaciones similares, lo que puede generar confusión en las etapas iniciales. Identificar las diferencias es clave para un diagnóstico oportuno, el aislamiento adecuado y la atención médica correcta.
Una de las enfermedades que más frecuentemente se confunde con el sarampión es la rubéola. Ambas provocan fiebre y erupciones cutáneas, pero la rubéola suele ser más leve. El sarpullido de la rubéola aparece rápidamente y desaparece en pocos días, mientras que en el sarampión se inicia en el rostro y se extiende gradualmente al resto del cuerpo. Además, la rubéola suele acompañarse de inflamación de los ganglios linfáticos, especialmente detrás de las orejas y en el cuello, un signo menos común en el sarampión.
Otra enfermedad similar es la escarlatina, causada por una bacteria llamada Streptococcus pyogenes. A diferencia del sarampión, la escarlatina suele presentarse con dolor intenso de garganta, lengua enrojecida conocida como “lengua de fresa” y un sarpullido áspero al tacto, que se concentra principalmente en el cuello, el tórax y los pliegues del cuerpo. El sarampión, en cambio, se acompaña de tos, escurrimiento nasal y conjuntivitis, síntomas respiratorios que no son característicos de la escarlatina.
La varicela también puede generar confusión, especialmente en etapas tempranas. No obstante, las lesiones cutáneas de la varicela evolucionan rápidamente de manchas rojas a ampollas llenas de líquido y posteriormente a costras, mientras que el sarampión provoca un sarpullido plano y rojizo sin formación de vesículas. Además, en la varicela las lesiones aparecen en distintas fases al mismo tiempo, lo que no ocurre en el sarampión.
Otra afección que puede confundirse es el dengue, especialmente en zonas donde esta enfermedad es endémica. El dengue provoca fiebre alta, dolor muscular y articular intenso, así como erupciones en la piel.
Sin embargo, a diferencia del sarampión, el dengue no suele causar síntomas respiratorios ni conjuntivitis, y puede acompañarse de dolor detrás de los ojos y sangrados leves, como sangrado nasal o de encías.
El herpes zóster es una infección viral causada por la reactivación del virus de la varicela, que provoca dolor, ardor y erupciones con ampollas en la piel. En algunos casos iniciales puede confundirse con el sarampión, aunque este último no genera vesículas ni dolor localizado.
El sarampión tiene signos distintivos que ayudan a diferenciarlo, como la presencia de manchas de Koplik, pequeñas lesiones blanquecinas en el interior de la boca, consideradas un signo característico de esta enfermedad.
Asimismo, la combinación de fiebre alta persistente, tos, escurrimiento nasal, ojos enrojecidos y el patrón progresivo del sarpullido orientan al diagnóstico.
Ante la presencia de fiebre y erupciones cutáneas, es fundamental no automedicarse y acudir a una unidad de salud para una evaluación médica adecuada. La identificación correcta permite iniciar medidas de control, prevenir la propagación y proteger a la población. La vacunación sigue siendo la herramienta más eficaz para evitar el sarampión y otras enfermedades prevenibles.