Roberto Moyado Esparza o José Alberto Maldonado López, mejor conocido bajo el alias de ‘El Betito’, fue un criminal muy distinto al de todos sus compañeros de La Unión Tepito, quien no compartía sus creencias hacia la Santa Muerto o Jesús Malverde, el patrono de todos los narcos.
Maldonado López era un fiel católico, es por ello que en su físico no se podía apreciar ningún tatuaje, algo que lo diferenciaba de los demás, quienes acostumbraban portar vistosos diseños en su cuerpo, ya sea referente a sus trabajos delictivos o sus creencias hacia la Santa Muerte.
“Sabe que Roberto Moyado Esparza, ‘El Betito’, a diferencia de muchos hombres con historial delictivo, no es adepto a la Santa Muerte, ni a Jesús Malverde, santo asociado al narco, sino que es católico y no tiene un solo tatuaje, quienes colaboraron con él dentro de La Unión, o lo conocieron personalmente en algún otro contexto, aseguran que él no le gusta que lo llamen “Jefe”, y que por eso él a su vez, no llamaba así al mismísimo abuelo”, narró el periodista Antonio Nieto en su libro ‘Cártel Chilango’.
A pesar de su gran historial delictivo, a José Alberto no le gustaba tener algún dibujo plasmado en su cuerpo, como una especie de identidad ante sus rivales y colaboradores, además de que era alguien que seguía al pie de la letra su creencia en Dios, pero en su rostro se podía apreciar que era una persona con mucha ira, pues basta con solo ver sus facciones de la cara.
Tenía una mirada profunda, así como el ceño fruncido, característica de una persona enojona, a la cual no se le podía dar la contra, sin embargo, parecía ser una persona bipolar, pues quienes lo conocían a todos los llamaba “hermanito” o “carnalito”.
‘El Betito’, quien ha generado notable interés tanto por sus tácticas dentro de la organización criminal como por sus características personales, presenta un perfil atípico dentro del ambiente delictivo.
A ‘El Betito’ no le gustaba que le dijeran jefe
La disposición de Moyado Esparza hacia un trato igualitario, evitando el término “Jefe” para sí mismo, sugiere una estrategia de liderazgo que busca fomentar lealtades y un sentido de comunidad entre sus seguidores.
Esta peculiaridad en su conducta podría ser interpretada tanto como una estrategia de liderazgo efectiva como una manifestación de sus valores personales, que contrastan fuertemente con la imagen pública que suele acompañar a figuras de su calibre dentro del crimen organizado.