El Niño y La Niña son fenómenos que impulsan el sistema climático de la tierra, el primero comenzó a mediados de 2023 y recientemente la NASA dio a conocer que las regiones cercanas al Pacífico ecuatorial serían afectadas a principios de 2024.
Uno de los países que está señalado como uno de los más calurosos es Colombia, por lo que sus gobiernos ya tomaron las medidas necesarias para proteger a la población, ya que además, se presentaron incendios en distintos puntos.
Por otra parte, las anomalías positivas de radiación saliente de onda larga (OLR) —flujo de energía que va de la Tierra hacia el espacio— predominaron al norte y sureste del Océano Pacífico ecuatorial, oriente de China, centro de México y al occidente de Australia.
En relación con los efectos en México, dependiendo de la intensidad de El Niño, el país puede experimentar patrones de precipitación que varían de normales a húmedos durante el verano o condiciones más secas en los meses de otoño e invierno, especialmente en las regiones norte y noroeste.
Durante eventos moderados, se observan condiciones más húmedas en el noreste, centro y sur, con periodos más secos en la península de Yucatán, mientras que El Niño intenso puede llevar a sequías en gran parte del territorio mexicano, con anomalías negativas en las precipitaciones más notables durante verano y otoño.
De acuerdo con el diagnóstico del 23 de enero proporcionado por el Servicio Meteorológico Nacional, las anomalías de temperatura superficial se mantuvieron igual que la semana pasada en las regiones de monitoreo de El Niño.
Por el momento, las temperatúras máximas del país se registraron en las siguientes regiones (en la última semana de enero):
Arriaga, Chiapas con 37.4°; Campeche, Campeche con 34.6°; Colima, Colima con 34.3°; Mérida, Yucatán con 33.2°; Oaxaca, Oax, con 32.7°; Chilpancingo, Guerrero, con 32.4; Chetumal, Quintana Roo con 32.0°; Cuernavaca, Morelos, con 31.0°; Villahermosa, Tabasco con 30.3° y Observatorio de Tacubaya, en la CDMX con 25.4°
La Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés) ha clasificado el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) como una anomalía climática que provoca fluctuaciones significativas en los patrones de la temperatura superficial del mar (TSM) en el Pacífico Ecuatorial.
Este fenómeno altera no sólo las condiciones oceánicas sino también impacta en la atmósfera global, con efectos directos en la agricultura, ganadería y otros sectores económicos. Identificado por sus tres fases distintas: la Cálida (El Niño), la Fría (La Niña) y la Neutral
La WMO estipula que un evento de El Niño o La Niña debe mostrar una anomalía en la TSM de al menos ±0.5 °C en la región de monitoreo conocida como Niño 3.4 y perdurar por al menos cinco trimestres consecutivos.
En México, la TSM alcanzó valores aproximados de 27.2 a 32.6 °C en la región Niño 4, de 26.4 a 30.6 °C en Niño 3.4, de 24.0 a 30.0 °C en Niño 3, y de 21.6 a 28.0 °C en Niño 1+2.
En el contexto de las alteraciones climáticas causadas por ENOS, los expertos han notado que durante la fase El Niño hay un debilitamiento de los vientos alisios lo que permite que las aguas cálidas superficiales del Pacífico occidental se desplacen hacia el este. Como resultado, se generan cambios en los patrones de precipitación, provocando más lluvias en áreas que normalmente son áridas y sequías en regiones típicamente húmedas. De forma inversa, La Niña suele presentar efectos contrarios, intensificando las condiciones típicas de cada región en los trópicos.
Según ha sido reportado por el Centro de Predicción Climática (CPC), aunque México no posee un sistema de alerta exclusivo para ENOS, existen clasificaciones de aviso que indican las condiciones de desarrollo de El Niño o La Niña con el fin de anticipar los posibles impactos y mantener informado al público.
Estas clasificaciones incluyen: Sistema Inactivo, Vigilancia y Aviso, tanto para la fase activa como para el final de los eventos, actualmente se encuentra en Advertencia.