Los miembros del Cártel de Sinaloa a mediados del 2007, a un año del inicio del sexenio de Felipe Calderón comenzaron a operar en la Ciudad de México a través de sus socios, los Beltrán Leyva, quienes también estaban a cargo de las entidades vecinas de Estado de México y Morelos.
En el libro ‘Narcos en México’, los autores señalan que la familia originaria de Badiraguato era la que decidía quien moría, al actuar con total impunidad hasta que finales 2009, las autoridades federales les dieron un duro golpe con el abatimiento de Arturo dentro de su departamento en Cuernavaca.
“Los líderes de los principales cárteles ya rondaban en la ciudad, sede de los poderes administrativos del país, desde su impunidad decidían quién vivía y quién moría”, redacta el autor de la obra Narcos de México.
De acuerdo con los autores del libro ‘Narcos de México’, el intento de ataque fue perpetrado por integrantes del Cártel de los Beltrán Leyva, quienes tenían un conflicto con un alto mando de la policía capitalina.
El intento de terrorismo por parte de los capos sinaloenses no se pudo concretar al final debido a que al hombre le explotó cuando caminaba por las calles de la alcaldía Cuauhtémoc, donde se ubica la colonia Juárez.
“En febrero del 2008, una bomba le explotó a un hombre que la llevaba cargando, pero que cuyo objetivo era llevarla hasta las oficinas de la Secretaría de Seguridad Pública, ubicadas cerca de la Glorieta de Insurgentes, en la colonia Juárez, según las investigaciones el atentado iba dirigido a un mando de la corporación por órdenes de gente de los Beltrán Leyva”, se lee en el libro Narcos de México.
Llegada del Cártel de Sinaloa a la CDMX
Desde 2007, el Cártel del Pacífico comenzó a internarse en la Ciudad de México, donde intentaban tener el control completo del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), punto clave para el arribo de sustancias de otros países como Colombia.
Una de las muestras de los conflictos bélicos dentro de la capital del país fue cuando encontraron el cuerpo de Héctor Mauricio Saldaña Perales junto con otros tres miembros de los Beltrán Leyva que se acababan de separar del Cártel de Sinaloa.
“Otra muestra de la presencia de los cárteles en la Ciudad de México, ocurrió el 31 de octubre del 2009, cuando encontraron en una camioneta el cadáver de Héctor Mauricio Saldaña Perales, ‘El Negro’ y tres personas más integrantes de los Beltrán Leyva”, continúa el autor del libro.