Lejos quedó ese presente donde Marvel tenía que armar un universo cinematográfico en base a lo que podía en vez de lo que quería, imposibilitado de usar éxitos ajenos como la franquicia de X-Men en el cine o Daredevil, uno de sus personajes más queridos que llevó a Netflix a tener su propio microuniverso de personajes de la marca.
Es importante volver a hablar de aquél pasado para entender este presente porque hoy Marvel no podría ser más diferente. Más allá de que los X-Men y los Cuatro Fantásticos son el próximo gran paso del universo en cuanto a peliculas, Daredevil volvió a casa y esta nueva temporada promete ser la introductoria de todo su universo Netflix con él, ya que está confirmada la aparición de Krysten Ritten nuevamente como Jessica Jones.
Desde los primeros segundos de este episodio podemos ver la gran diferencia con la primera temporada: el tono. Si bien es cierto que por momentos Daredevil: Born Again se pudo ver así, también es una realidad que la temporada anterior tenia muchísimas inconsistencias a nivel imagen, tono y narrativa gracias a los idas y vueltas que hubo en el apartado creativo hasta terminar decidiendo volver a hacer algo similar a lo que fueron las tres temporadas de Netflix.
En este caso, la acción es cruda. La imagen es simple. El uso de las luces y sombras, muy similares a aquella calidad que Netflix nos acostumbró en sus tres temporadas. Las coreografías de pelea son mucho más cercanas también, bien callejeras y alejandose de lo más superheróico del personaje. Todo nos acerca a un ambiente mucho más bajado a tierra, que nos ayuda a entender también el objetivo narrativo que tendrá esta temporada: la calle y lo clandestino.
La segunda temporada inicia con un Wilson Fisk que ya es alcalde de Nueva York y que, entre otras cosas, está prohibiendo a todos los vigilantes de la calle. Esto no sólo permite ver a un Daredevil más cercano al que nos acostumbramos en la década pasada, sino también que abre la puerta a participación de otros personajes como la ya mencionada Jessica Jones, el habitual The Punisher o nuevas caras como Swordsman, interpretado por Tony Dalton.
La historia se sigue contado de manera intercalada entre la acción principal y los reportes de BB Urich, lo que hace que el ritmo sea bastante dinámico y original. La temporada anterior tenía muchísimas tramas, producto de las diferencias creativas, y no todas congenian de la mejor manera siempre. En este caso, parecería que estamos yendo a fondo con esta trama en contra de la corrupción que parecería ser un camino más adecuado.
Este primer episodio demuestra mayor calidad inclusive en el tiempo que se le dedica a cada cosa; hay algunos planos que me parecen superiores a la temporada anterior en su totalidad. Sin dudas, el subidón de calidad causado por tener un objetivo más claro es notorio y la intención de conectar mucho más con las temporadas preexistentes también. En ese sentido, el primer episodio es un objetivo logrado.
Me guardo los comentarios sobre el elenco para las próximas reseñas, porque en gran parte este episodio es un reencuentro con Charlie Cox como Daredevil, que cada vez está mejor, y no mucho más. Celebro la inclusión de Matthew Lillard a la serie, aunque en un rol bastante enigmático que aún no tengo claro qué es lo que viene a ofrecer.
Sí creo que innecesariamente este episodio busca generar emoción con cosas que aún no se han mostrado ni se han desarrollado, un poco apelando a la conversación fuera de la pantalla. Es algo común en Marvel, pero se siente un poco extraño cuando lo hacen de esta manera, con una serie y un episodio que va por un lado completamente opuesto.
Hay mucho para hablar de Daredevil: Born Again. Si bien se estrena un episodio por semana, la siguiente entrega será por partida doble ofreciendo los episodios dos y tres. A su vez, cuando termine la serie, ya está confirmado que dará paso al especial de un único episodio The Punisher: One Last Kill y también ambas producciones podrían tener algún tipo de conexión con Spider-Man: Brand New Day, que sale en julio. Habrá tiempo para ver el desarrollo y crecimiento del diablo en la pantalla chica. Y quizás en la grande también.