La estrella de la música nació el 20 de febrero de 1988 en Saint Michael, en la caribeña Barbados, en un sencillo bungalow de tres habitaciones donde vivía junto a su familia, integrada por sus padres y dos hermanos. Entre esas paredes presenció episodios de violencia que marcaron su vida.
Su padre, Ronald, supervisor en un almacén de Bridgetown, la capital de la isla, golpeaba a su esposa, Mónica Braithwaite. Las adicciones al alcohol y al crack convirtieron la infancia de la niña en un infierno.
Durante una entrevista con ABC, la cantante recordó que cuando su padre agredía a su madre, ella intentaba interponerse entre ambos para detener la pelea. En una ocasión, incluso rompió una botella de vidrio “para que escucharan otra cosa” y así distraerlos. En otra oportunidad, su madre, con la nariz rota, se negó a ir al hospital.
Cuando tenía 14 años, sus padres se divorciaron. Dos años después, decidió independizarse, aunque ya estaba habituada a la violencia doméstica. Las secuelas emocionales la acompañaron durante años y condicionaron su manera de relacionarse con los hombres. De niña se había prometido no involucrarse nunca con alguien tan agresivo como su padre.
En otra entrevista relató lo difícil que fue perdonarlo. “Estaba tan enojada, furiosa por muchas cosas sobre mi infancia, que no podía separar la figura del padre de la del marido”, explicó.“Era violento (…) Mi familia se rompió por culpa de su adicción”, sentenció.
La música se convirtió en su principal refugio. Cantaba canciones de Madonna, Mariah Carey y Janet Jackson, artistas que influyeron los primeros pasos de su carrera. Su madre, Mónica Braithwaite, fue descrita por ella como una mujer fuerte, cuya resiliencia inspiró su propia determinación.
A los 15 años formó un trío musical y, en 2003, fue descubierta en Barbados por el productor Evan Rogers, quien reconoció su talento y la ayudó a dar el salto hacia Estados Unidos, iniciando así una carrera internacional.
Con el tiempo, el perdón hacia su padre llegó. Logró rescatar las enseñanzas positivas que recibió de él. “Hubo un momento en que me di cuenta de que fue uno de los mejores padres del mundo. Me lo enseñó todo”, afirmó. Y agregó: “A pesar de lo horrible que fue con mi madre a veces, no se compara con lo bueno que era como padre”.
Ese proceso de perdón también influyó en su vida sentimental. Años después, su entonces pareja la atacó brutalmente tras una discusión provocada por un mensaje de texto de otra mujer que ella encontró en su teléfono. El escándalo recorrió el mundo y derivó en una orden de alejamiento contra el agresor.
La promesa que se había hecho en la infancia quedó quebrada, mientras el miedo y la soledad se instalaban tras el violento episodio. En un momento volvió a verlo en Miami, pero reaccionó a tiempo. Comprender que otras mujeres sufrían agresiones similares la ayudó a tomar distancia definitiva de cualquier idea de reconciliación. Especialmente después de recibir cartas y testimonios de víctimas de violencia doméstica que veían en ella un ejemplo.
Finalmente, comprendió que su historia personal —marcada por el dolor, la superación y el perdón— la había preparado para convertirse en la mujer fuerte y resiliente que es hoy.
Respuesta: la niña de la foto es Rihanna