Supo de él por un episodio de “Mujeres asesinas”, lo contactó y se enamoraron: el amor después del horror para Martín Murano

Hace un año el hijo de “La envenenadora de Monserrat” conoció por Instagram a Camila Adalis Brane, una cordobesa de 28 años que se interesó en su vida porque había visto el capítulo de esa tira que protagonizó Nacha Guevara en el papel de “Yiya”. Ella le escribió impactada y él viajó a verla. Desde hace cuatro meses decidieron vivir juntos para disfrutar de su apasionada relación en la que no importa la diferencia de edad: “Estamos bastante más que muy enamorados”

Martín Murano y Camila Adalis Brane

“Yo digo que el amor verdadero, ese que te hace vibrar el cuerpo y el alma, tardó todo este tiempo en llegar a mi vida pero acá está, te lo presento”, confiesa Martín Murano, el hijo de Yiya, la tristemente célebre “Envenenadora de Monserrat”. A su lado está su flamante pareja, Camila Adalis Brane, una cordobesa de 28 años a quien conoció a través de Instagram porque ella le escribió. “Sabía del caso porque había visto en YouTube el ciclo Mujeres Asesinas cuando lo interpretó Nacha Guevara. Como me interesó mucho y vi que a Martín le hacían notas, lo busqué, le escribí por Instagram porque quise saber más, tan simple como eso. Logré empatizar con su historia, todo lo que le tocó vivir, y bueno, felizmente me contestó y al poco tiempo nos conocimos”.

—¿Y vos le contaste más detalles, Martín?

—Sí, por supuesto, empecé por lo que ya te relaté, que a los 10 años quiso matarme con una torta que había comprado en teoría para una cena que seguramente luego envenenó. Y dejó el paquete abierto sobre la mesa de la cocina. Como en esa época yo era gordito y me gustaba mucho comer, me tenté, corté un pedazo, y cuando me lo fui a llevar a la boca, ella apareció, me lo arrancó de la mano, lo puso sobre el resto de la torta y tiró todo a la basura. Yo creo que se arrepintió a último momento. Adalis siempre me prestó mucha atención, y como a mí me deslumbró su belleza y me interesó como mujer, no quise abrumarla con ese pasado tan tétrico, y digamos que fui dosificando la charla. Le propuse hablar sobre nosotros y funcionó, fluyó. Por supuesto le conté más cosas, de muchas se van a enterar en el largometraje de 96 minutos que va a estrenar Netflix en abril donde se develarán infinidad de cuestiones que hasta hoy no se conocen. La serie Yiya, que se estrenó hace unos meses, poco o nada tiene que ver con lo ocurrido. En el documental que comenté, donde voy a estar como narrador, se sabrá toda la verdad. Se va a ver en varios países y van a escuchar testimonios mucho más importantes, de las familias de las víctimas por ejemplo. Y va a haber más, en especial de su vida en la cárcel porque la historia que ella relató cuando salió es totalmente falsa. Pero hablemos de Adalis, a mí me encanta su segundo nombre, por eso elegí llamarla así. Recuerdo que le pasé mi número de celular y ella, como toda belleza, me dijo: ‘Ya te agendo’. Y se tomó su tiempo para llamarme. No recuerdo cuánto pasó, pero estuvimos varios meses haciendo videollamadas. Hasta que me dio la sorpresa más linda cuando me dijo: ‘Quiero conocerte’. Obviamente le contesté ‘Yo también’.

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Martín también le contó a Camila que es actor, director, conductor de radio, doble de riesgo, y escritor, entre otras cosas del libro Mi madre, Yiya Murano, publicado en 1994 y reeditado en 2017 por Editorial Planeta. “Tampoco oculté que siendo muy joven estuve casado un par de veces, pero las experiencias no fueron buenas, por eso agradezco que después de tanto tiempo, a los 58 años, puedo decir que conocí el amor letra por letra y en el más amplio sentido de la palabra. Ahora sé lo que se siente”.

Martín Murano conoció a Camila cuando ella le escribió por Instagram después de ver el episodio de una serie que contaba la historia de su madre. Comenzaron a hablar por videollamada hasta que ella le dijo que lo quería conocer. Inmediatamente él se subió a su auto y viajó a Córdoba a verla

—¿Y cómo continuó la historia?

—Lo que quiero decir es que cuando escuché de su propia voz que me quería conocer, lo primero que hice fue agarrar las llaves de mi auto y salir para Córdoba sin dudarlo... Y en el camino le iba anunciando: “Ya estoy por Venado Tuerto”.

—¿Así de impulsivo fue?

—Sí, así. Por supuesto le avisé que salía para allá, llegué y busqué un hotel para alojarme. Nos encontramos, tomamos un café, y los dos nos dimos cuenta de que por las coincidencias y la empatía que sentíamos, iba a ser difícil que pudiéramos mantener una relación a distancia. Hubo mucha química entre nosotros. En ese momento supimos que necesitaríamos estar más tiempo juntos, pero sería un tema a resolver con tiempo.

—¿Y cómo lo resolvieron?

—Lo resolvió ella. A los pocos meses me llamó para avisarme que ya había sacado el pasaje en avión para Mar del Plata, donde yo vivo, y que fuera a buscarla al otro día al aeropuerto. Desde ese momento en que llegó convivimos las 24 horas. Acabamos de cumplir cuatro meses juntos. Nunca una discusión, jamás una pelea, nada, al contrario. Te confieso que cuando tenemos una salida y se va a dar una ducha y a arreglar, y como toda mujer le dedica bastante tiempo, yo ya la extraño porque no la tengo cerca. Creo que con eso te digo todo.

—Martín, obviamente se llevan algunos años, ¿la diferencia de edad no influyó para nada?

—Para nada, ni siquiera fue tema. ¿Quién tiene la precisa de cuál debe ser la edad de las personas para enamorarse? A nosotros nos sucedió y lo estamos disfrutando. Vivimos una sola vez. Cuando hay paridad de sentimientos, de conocimiento, las situaciones se dan, y esto nos pasó, todo fue muy simple a través del cariño y el respeto.

"Siendo muy joven estuve casado un par de veces, pero las experiencias no fueron buenas, por eso agradezco que después de tanto tiempo, a los 58 años, puedo decir que conocí el amor letra por letra y en el más amplio sentido de la palabra. Ahora sé lo que se siente”, dice Murano

—Camila, ¿cómo lo viviste vos?

—A mí me interesó el hombre, más allá de la historia que le tocó atravesar. A Martín jamás lo vi como un personaje de una realidad o de una ficción, sino como una persona normal que me enamoró. De entrada nos llevamos superbién, logramos un montón de cosas. Llegamos hace poco a la conclusión de que somos como una especie de almas gemelas, la convivencia es sana.

—¿Pudiste conocer a su familia, Martín, o no se dio todavía?

—Hasta ahora no. Cuando mi mujer decida y quiera que yo la conozca, y cuando la familia proponga lo mismo, sucederá. Por ahora no se ha dado y no es un tema de preocupación. Por el momento somos una familia compuesta por tres, Camila en primer lugar, yo, y la China, nuestra hija perrita, que la adoptó a ella como madre. Mirá que tiene su carácter la perrita y la sigue a todos lados. Cuando se está bañando le hace guardia en la puerta. Ahora es como que a mí me mira y me dice: “Vos sos muy viejo, ahora tengo una mamá joven”.

—Camila: Cuando a mi familia le dije que era el hijo de Yiya no les gustó, pero fue mi decisión. No me importó, yo vine a conocerlo igual y a vivir con él.

—Martín: Yo estoy acostumbrado a que pase esto. Como dije, no se dio y no creo que se vaya a dar. Es como que la separaron de la familia por estar conmigo. Y sin que yo se lo pida ella eligió, había un claro prejuicio que muchas veces se impone.

—Camila: Debido a ese prejuicio, yo tengo relación con mi familia, obviamente, pero un poco más distante que antes. Tiempo al tiempo.

—Martín: Siempre me pasó, no te olvides que a mí me marginaron desde chico. Lo sufrí y pensé que eso había terminado. Pero sigue ocurriendo. Por ahora ni ellos tienen interés en conocerme, ni yo a ellos. A mí lo que me importaba realmente era si esto le afectaba a mi mujer, pero me dice que no. Además me da una lección de coraje, me acepta sin límites, algo que nunca me había pasado. Y eso es espectacular para mí. ¿Qué otra prueba de amor le puedo pedir? Ninguna. Lo que ella hizo es la definición más exacta de lo que es sentir amor por alguien. Yo tardé mucho tiempo en estar en pareja de manera estable porque tenía una idea que me parecía muy utópica del amor, que era como hollywoodense, con pura comprensión, contención, etcétera. Hasta llegué a pensar que no existía. Pero la conocí a ella y lo descubrí. Antes no me había pasado ni cerca algo así en ningún aspecto de mi vida. Ahora tengo a alguien con quien mirar para adelante y alejarme del pasado que no fue nada bueno.

Camila Adalis Brane tiene 28 años, se enamoró de Martín Murano y se fue a vivir con él a Mar del Plata. La pareja asegura que la diferencia de edad no fue ni siquiera un tema entre ellos

—¿Tienen proyectos juntos además del amor?

—Camila: Tenemos un montón de proyectos tanto personales como laborales que nos involucran a los dos.

—Martín: Uno es de un streaming —pero no lo quiero adelantar para que no se frustre— que hasta podría ser internacional. Estamos trabajando diariamente para materializarlo. Faltan limar y afinar un poquito las cosas, pero no más que eso. De cualquier manera estamos involucrados los dos, porque no es que ella hace de mi asistente ni muchísimo menos. Ni yo lo permitiría, ni ella se sentiría cómoda, somos un equipo en todo sentido. La tengo que tratar de convencer porque no es muy fanática de las cámaras, pero sí va a estar, seguro, en la producción, la coordinación.

—Camila: Yo estoy estudiando el profesorado de Lengua y Literatura, me encanta todo lo que es comunicación. Lo voy a ayudar a Martín en la redacción de un libro con sus viajes por pueblos desconocidos y apasionantes.

—¿Cómo es convivir con Martín, con todo lo que eso implica?

—Él es divino conmigo, no me puedo quejar. Nos llevamos superbién. Nunca pensé que iba a encontrar a alguien con quien compartir cosas hermosas todos los días. Estamos bastante más que muy enamorados.

—Martín: Es verdad, muy. Hasta ahora no encontramos algo negativo. Y te lo digo en serio, eh, en lo que no coincidamos. Mirá que buscamos puntos de no coincidencia, pero pese a la diferencia generacional, no encontramos, hasta en la música se da.

Además de la vida amorosa, Martín y Camila tienen proyectos laborales en común en los que están trabajando: "Somos un equipo en todo sentido"

—¿Piensan seguir viviendo en Mar del Plata?

—Martín: Pensamos mudarnos a Córdoba, pero no a la ciudad, a algún pueblo lindo de los alrededores para vivir en paz y armonía. Nos encanta charlar después de cenar. A veces nos quedamos hablando horas y de repente me dice: “Amor, son las cinco de la mañana”. Yo le contestó: “¿Cuál es el problema? ¿Sabés cuántos años esperé una compañera como vos para poder dialogar y amar? Mejor ni te lo digo porque son demasiados”.

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