El nombre de Ted Bundy volvió a las portadas esta semana después de que un análisis de ADN lo vinculara con el asesinato de Melissa Ann Smith, una adolescente de 17 años muerta en Utah en 1974. Pero la noticia va más allá de la resolución de un viejo expediente: uno de los asesinos en serie más brutales de la historia de Estados Unidos todavía tiene crímenes sin confirmar, más de tres décadas después de su ejecución.
Bundy violó y mató a al menos 30 mujeres y niñas entre 1974 y 1978 en cinco estados. Fue condenado a muerte en Florida y ejecutado en la silla eléctrica el 24 de enero de 1989. Sin embargo, su lista de víctimas confirmadas sigue en aumento gracias a la tecnología genética.
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Esto es lo que hay que saber sobre él y la ola de violencia que dejó a su paso.
Cómo Ted Bundy se convirtió en uno de los peores asesinos en serie de Estados Unidos
Criado en Tacoma, en el estado de Washington, Bundy comenzó su cadena de crímenes documentados a principios de 1974, en los alrededores de Seattle. En enero de ese año irrumpió en la vivienda de una estudiante de 18 años de la Universidad de Washington mientras dormía y le fracturó el cráneo. La joven sobrevivió, pero con lesiones permanentes, según informó Associated Press.
Un mes más tarde, Lynda Ann Healy, otra alumna de la misma universidad, desapareció de su domicilio. Sus restos fueron localizados un año después en Taylor Mountain, una zona remota donde la policía también halló cuerpos de otras víctimas. En los meses siguientes, más mujeres fueron secuestradas en Washington y Oregón. Varios testigos describieron a un hombre con el brazo en cabestrillo que se acercaba a las jóvenes antes de que desaparecieran.
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Para noviembre de 1974 la violencia se había trasladado a Utah. En Murray, Carol DaRonch, de 18 años, logró escapar después de que Bundy la abordó haciéndose pasar por un oficial de policía e intentó esposarla dentro de su auto. Su testimonio fue decisivo en las condenas posteriores.
Entre 1974 y mediados de 1975, Bundy también perpetró asesinatos en Colorado e Idaho.
El modus operandi que definió los crímenes de Ted Bundy
Lo que distinguió a Bundy de otros asesinos en serie fue su capacidad para proyectar una imagen confiable. Solía abordar a mujeres jóvenes en lugares públicos, donde ganaba su confianza con una actitud carismática o simulaba una lesión para parecer inofensivo, como reportó BBC. Una vez a solas con ellas, las trasladaba a zonas aisladas para agredirlas sexualmente y asesinarlas a golpes.
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En otros casos entraba de noche en los hogares de sus víctimas, las golpeaba con objetos contundentes y abandonaba los cuerpos en parajes remotos. Este patrón se repitió a lo largo de cuatro años y en al menos cinco estados. Las víctimas eran, en su mayoría, estudiantes universitarias o adolescentes.
Las dos fugas que le permitieron seguir con los asesinatos en Florida
Bundy fue detenido por primera vez en agosto de 1975, cuando la policía encontró en su vehículo cuerda, esposas y una máscara de esquí. Al año siguiente fue declarado culpable por el secuestro de DaRonch y sentenciado a 15 años de prisión.
Pero en 1977, mientras enfrentaba cargos por otro homicidio, escapó de un juzgado en Aspen, Colorado, al saltar por una ventana del segundo piso. Fue recapturado una semana después. Seis meses más tarde volvió a fugarse: rompió el techo de su celda y huyó hasta Tallahassee, Florida.
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El 15 de enero de 1978, Bundy ingresó a la casa de la hermandad Chi Omega de la Universidad Estatal de Florida y golpeó con una rama gruesa a cuatro estudiantes; dos murieron y dos quedaron con heridas graves. Después atacó a otra mujer en una casa cercana. El 9 de febrero de 1978, secuestró, agredió sexualmente y asesinó a Kimberly Leach, una niña de 12 años en Lake City, de acuerdo con AP. Fue su última víctima conocida: la policía lo arrestó en Pensacola cuando conducía un vehículo robado.
El juicio que fascinó a Estados Unidos y la condena a muerte
El proceso por los crímenes de Chi Omega, celebrado en 1979, generó una cobertura mediática sin precedentes. Bundy se desempeñó con una seguridad que desconcertó al público. “No sé qué tiene, pero es fascinante. Es impresionante. Tiene una especie de magnetismo”, dijo una joven espectadora a un reportero de la agencia AP durante el juicio.
Incluso el juez Edward Cowart reconoció que Bundy era un “joven brillante” que habría sido un buen abogado. Sin embargo, lo condenó a muerte por crímenes “extremadamente perversos, terriblemente malvados y viles”.
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Bundy fue ejecutado en la silla eléctrica el 24 de enero de 1989 en Florida. En sus últimos días ofreció una serie de confesiones sobre homicidios que la policía desconocía hasta ese momento. No todos esos casos fueron confirmados. Otros asesinos en serie superaron su cifra de víctimas —Gary Ridgway fue condenado por 49 homicidios, aunque confesó haber matado a más de 71 personas, Samuel Little mató a más de 60 y Donald Harvey se declaró culpable de 37—, pero pocos generaron la misma fascinación pública que Bundy.
Por qué el ADN sigue sumando víctimas a la lista de Ted Bundy décadas después
El laboratorio estatal de criminalística de Utah incorporó en 2023 una tecnología capaz de extraer ADN de muestras extremadamente pequeñas, degradadas por el paso del tiempo o con material genético de varias personas. Esa herramienta fue la que permitió resolver dos casos de Bundy más de cinco décadas después de los crímenes.
En abril de 2026, investigadores del condado de Utah anunciaron que un fluido corporal extraído del cuerpo de Laura Ann Aime —una joven de 17 años desaparecida la noche de Halloween de 1974— coincidía con el perfil genético de Bundy. El mismo perfil fue enviado luego a la oficina del sheriff del condado de Summit, donde los detectives confirmaron la coincidencia con la muestra hallada en el cuerpo de Smith, según The Guardian.
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“Con cada caso que se cierra, ojalá podamos aplastar el recuerdo de Ted Bundy”, declaró el sargento Mike Reynolds, del condado de Utah.
Los casos sin resolver que mantienen abierto el expediente del asesino en serie
Pese a estos avances, “el libro sobre Ted Bundy no está cerrado”, advirtió el detective Ben Pender, del departamento de policía del condado de Salt Lake, en declaraciones recogidas por AP. Pender lidera la investigación sobre Nancy Wilcox, una joven de 16 años asesinada en Utah en 1974 cuyo homicidio sigue sin resolución.
El estado de Utah acumula 444 investigaciones de muerte sin resolver, de las cuales 258 son homicidios, según datos de la Oficina de Servicios Forenses citados por BBC. La jefa de policía del condado de Salt Lake, Rosie Rivera, aseguró que el avance en los casos de Bundy debe transmitir un mensaje a las familias de otras víctimas: “Cada día la ciencia forense cambia y tenemos la capacidad de revisar estos casos una y otra vez”.
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