
En la provincia de Segovia, muy cerca del bonito pueblo de Sepúlveda, el castillo de Castilnovo se alza como una de las fortalezas más impresionantes de la región. Su excelente estado de conservación permite disfrutar de una arquitectura única que refleja los diferentes procesos por los que ha pasado el castillo. Tanto es así, que a día de hoy en sus jardines y estancias se celebran eventos de todo tipo, pero lo que más llama la atención es que la propiedad está en venta por un módico precio de 15 millones de euros, tal y como expone el portal Idealista.
De este modo, en mitad de un paisaje rural y rodeado de extensos campos y bosques, el castillo de Castilnovo se consolida como una de las joyas arquitectónicas de la región. Además, sus dimensiones dejan con la boca abierta, pues cuenta con casi 5.500 metros cuadrados de extensión, a lo que hay que sumar una finca privada de unas 78 hectáreas.
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De origen árabe
El origen exacto del castillo de Castilnovo es incierto, aunque -tal y como expone su portal web- son muchos los historiadores que sitúan la construcción del castillo en la época de Abd-al Rahmán I, en el siglo VIII. A lo largo de los siglos, ha sufrido numerosas modificaciones y restauraciones. Uno de los aspectos más notables de su arquitectura es la mezcla de estilos que presenta, resultado de las distintas culturas y épocas que han dejado su huella en el edificio. Por ejemplo, “los arcos apuntados del lado oeste del Patio de Armas datan de los siglos XII y XIII y posteriormente se fueron adosando sus seis torres”, detallan.

Inicialmente, la fortaleza fue concebida como una torre defensiva, pero tras la Reconquista cristiana pasó a manos de diversas familias nobles que ampliaron y embellecieron su estructura. Una de las figuras más destacadas fue el noble Álvaro de Luna, quien adquirió el castillo en el siglo XV después de que se lo cediera el rey de Castilla. Durante su mandato, el castillo experimentó una de sus etapas de mayor esplendor, “quien lo transformó con estilo mudéjar, alternando mampostería y ladrillo. A la muerte de este último fue entregado a Juan Pacheco por Enrique IV”, explican.
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Aparte de Álvaro de Luna, el castillo ha pasado por otras manos, como la de los Reyes Católicos, la familia Velasco y la familia Hohenzollern, la cual se lo vendió a José de Galofré, secretario y pintor de la reina Isabel II. Este personaje restauró el castillo, aunque la última gran obra se la “encargaron los Marqueses de Quintanar al arquitecto Cabello, retocando el patio con una arquería neoclásica y construyendo en la fachada norte una plataforma para elevar el acceso”, señalan desde su portal web.
Un castillo con leyenda
Como no podía ser de otra forma, todo gran castillo que se precie cuenta con una leyenda. En el caso de Castilnovo, se dice que en el siglo XVI sus muros fueron la prisión de los hijos del rey de Francia tras la batalla de Pavía. Igualmente, también cuenta la leyenda que tras la muerte de Felipe el Hermoso, Juana de Castilla, conocida como Juana la Loca, se asentó en este castillo durante una temporada.
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Por otro lado, su arquitectura destaca por una planta rectangular con cuatro torres cilíndricas en las esquinas y diversas dependencias internas. Entre sus características más destacadas, está la impresionante torre del homenaje, que en su época servía como último bastión de defensa y simbolizaba el poder del señor feudal. Además, el castillo cuenta con un foso perimetral y un puente levadizo, típicos de la arquitectura militar medieval.

En la actualidad, el castillo pertenece a propiedad privada y ha sido habilitado para el uso turístico y cultural, ofreciendo a los visitantes la posibilidad de sumergirse en la historia y explorar sus estancias y patios. Así, cuenta con un total de 22 habitaciones, dos patios exteriores y uno interior donde se pueden realizar todo tipo de eventos. Por si fuera poco, en el interior del castillo también se ubica la Asociación Hispano-Mexicana, un museo que “pone a disposición del público la posibilidad de conocer facetas culturales y artísticas desarrolladas tanto en México como en España”, afirman desde la web.
Cómo llegar
Desde Segovia, el viaje es de alrededor de 40 minutos por la carretera de Soria - Plasencia, la N-110 y la SG-P-2322. Por su parte, desde Aranda de Duero el trayecto tiene una duración estimada de 40 minutos también por la vía A-1.
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