El aguante de Oblak y la rabia de Julián Álvarez rescatan un punto de oro ante el Stuttgart en la tercera jornada de la Champions League

Las paradas del esloveno y un gol solitario de La Araña nada más empezar la segunda parte rascan algo positivo en el infierno alemán. La expulsión de Hjulmand condiciona la remontada

La roja de Hjulmand condiciona la remontada del Atlético de Madrid. (REUTERS/Kai Pfaffenbach)
La roja de Hjulmand condiciona la remontada del Atlético de Madrid. (REUTERS/Kai Pfaffenbach)
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Memorias, fantasmas y necesidad. Esa era la noche que tenía por delante el Atlético de Madrid en Stuttgart. Porque se abría la puerta del estadio que dio el primer título europeo a las vitrinas rojiblancas y porque Julián Álvarez volvía a partir de inicio con una misión obligatoria: romper más de cinco meses de sequía goleadora. Y bien que lo hizo. Por la escuadra. Nada más empezar la segunda parte. Celebración con rabia. Pero hasta ahí, bien porque en la primera parte fue un monopolio alemán, bien porque acto seguido Hjulmand compró todas las papeletas para que le tocara la peor de las tarjetas. Ejercicio de sufrimiento y empate con sabor a algo más.

Las buenas sensaciones que había dado el equipo del Cholo en sus últimos compromisos, se las iba a comer el MHPArena, que fue un dolor de muelas desde el primer segundo. Literalmente. No habían terminado de recoger el espectacular tifo de la afición alemana cuando Oblak tuvo que aparecer por partida doble; primero tras una pérdida de Marcos Llorente y una mano prodigiosa a El Khannouss. Después para embolsar en dos tiempos un disparo desde la frontal a la salida del córner propiciado por el paradón anterior. El caso es que el recital había empezado. A los pocos segundos, tuvo que volver a sacar ‘puños fuera’ el esloveno a un disparo lejano.

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Y es que el Atlético de Madrid no sabía lo que era el área rival. Tampoco el campo. Le costaba horrores salir con el balón jugado. Presión asfixiante y colmillo entre los dientes de los delanteros alemanes. Así hasta pasada la media hora de monopolio local, cuando una escapada por banda de aquel que para muchos está ‘enchufado’ y tiene que demostrar más que el resto acabó en saque de esquina. Coraje y corazón y de lo poco salvable en la primera parte, dicho sea de paso.

Jan Oblak. (REUTERS/Kai Pfaffenbach)
Jan Oblak. (REUTERS/Kai Pfaffenbach)

Ahí el Atlético de Madrid descubrió una vía aérea por la que podía llegar el primero. Despertaban los rojiblancos. Y llegó el primer golpe. En un error de Pubill en salida de balón, le cayó el balón a Leweling, que recortó y la puso rasa pegadita al palo. Imposible para Oblak. Golazo y merecido. No se iba a mover más el marcador. No sin antes empujón final sin premio de los del Cholo, que algo tenía que cambiar con urgencia.

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A la vuelta no iba a esperar. Dentro Lookman y fuera Jonathan David. Acierto de pleno y palmadita en la espalda para el Cholo. Porque por fin la apuesta daba sus frutos. Si en la primera parte el Atleti no había salido al césped; en la segunda salieron a comérselo.

Diego Simeone. (REUTERS/Kai Pfaffenbach)
Diego Simeone. (REUTERS/Kai Pfaffenbach)

Porque en una contra orquestada desde la izquierda, la bola llegaba al recién ingresado, que se la ponía en boca de gol a La Araña. Por fin se estrenaba Julián Álvarez. Por fin el 19 mandaba el balón a la red. Cinco meses y una celebración con rabia. Empate y comienzo de una remontada que podía haberse culminado en una conversión de papeles nada más reanudarse el juego. Julián se la puso a correr a Lookman, pero el nigeriano se estrelló contra la defensa.

Hasta ahí. Se desvaneció todo. Hjulmand, más optimista que consciente, intentó cortar una contra con una entrada fea a la altura del tobillo. Roja. No había protesta. El jugador lo sabía. Dejaba a su equipo con uno menos. Quedaba media hora por delante.

A partir de ahí fue un ejercicio de resistencia de esos que el equipo del Cholo ya tiene aprendidos. Y así fue. Porque el Stuttgart llegaba, pero todo acaba en manos del ya mencionado portero rojiblanco. Bien por su buena colocación, bien porque los remates llegaban forzados. El caso es que el Atlético se fue satisfecho de Stuttgart, pero sin romper un maleficio que perdura en el tiempo. Son ya seis encuentros sin ganar en Alemania. Eso sí, los del Cholo siguen sin perder. Siguen en la dinámica. Ahora toca LaLiga. Después, un coco: el Bayern de Múnich

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