Milagro de Alonso y batacazo de Ferrari en un nuevo capítulo de hegemonía de Verstappen y Red Bull en China

Cara y cruz para los españoles: Fernando logra un milagroso tercer puesto de Aston Martin y Sainz no pasa de la séptima plaza tras sufrir un accidente. Nueva pole para el piloto neerlandés, que se ha llevado todas en lo que va de campeonato

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Alonso durante el GP de China (REUTERS/Tyrone Siu).
Alonso durante el GP de China (REUTERS/Tyrone Siu).

China, que regresa al calendario después de cinco años, siempre depara acción. De entrante, un encontronazo entre Alonso y Sainz durante el sprint. Fernando fue el peor parado, pues el toque de ambos monoplazas generó un pinchazo al Aston Martin y cortó toda la inercia en la carrera del madrileño. En realidad quedaron mal parados los dos: de luchar por la tercera plaza, uno abandonó y el otro fue quinto. Y para colmo, el de Ferrari también se las tuvo con su compañero de equipo. “Ha estado por encima del límite,”, asegura Leclerc ya bajado del monoplaza. Se queda un GP de China tenso y todavía no se ha servido ni el primer plato. Era el aperitivo.

Poco después llegaron los primeros platos con la misma receta que el entrante. La Q1 decreta una sentencia inesperada para Hamilton, autor de la segunda posición en la carrera al esprint. El británico, que tiene el récord de victorias en China (6), lo dejó todo para el final, falló en uno de los sectores y se fue al hoyo. Uno de los cinco eliminados en la primera ronda que dominó Verstappen con neumáticos usados. “Lo siento, chicos, lo siento”, se disculpa por radio ante su equipo. En la Q2 el Ferrari se le escapa a Carlos Sainz en la última curva, antes de la entrada a meta. Las ruedas tocan la arena y el coche hace un trompo con mal pronóstico para su ocupante.

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Milagro chino

Pero el madrileño lo controla para evitar que el impacto con las protecciones destroce su monoplaza. Solo hay daño aparente en el alerón delantero. Sainz da una vuelta a paso de tortuga con la bandera roja en pista y después de la reparación en el taller, vuelve a ponerse el mono de trabajo para pasar a la Q3, donde la primera vuelta de Alonso es magistral, el único que mejoraba en una pista cambiante, segundo por detrás de un Verstappen de otro planeta. Pero no era suficiente, el asfalto mejoró para el segundo intento.

Alonso y Sainz durante su batalla en el GP de China (Captura de televisión).
Alonso y Sainz durante su batalla en el GP de China (Captura de televisión).

Así que Fernando se puso manos a la obra y volvió a regalar otra vuelta sobrenatural con el Aston Martin, un coche de Europa League, para situarse tercero por detrás de los dos Red Bull en la parrilla de este domingo. La Champions de Alonso. Es un resultado surrealista, condenado a otra carrera mirando los retrovisores en la que perder posiciones. Y llega apenas una hora después de la sanción de diez segundos en el -irrelevante, porque ya era último- por el toque con Sainz en un agresivo duelo entre ambos. El asturiano no se resigna a lo que su coche ofrece (Stroll partirá undécimo). Doblete de Red Bull seguido por Alonso, los McLaren y los Ferrari.

Al final Bernie Ecclestone tenía razón. El excapo de la Fórmula 1 llegó a plantear la posibilidad de, en ausencia de lluvia, mojar determinados circuitos para fomentar situaciones impredecibles y aumentar el espectáculo mermado por la hegemonía de Verstappen y Red Bull. “¿Por qué no provocar la lluvia durante 20 minutos en según qué pruebas? El suspense estaría garantizado”, expresó en su día. China le dio la razón.