El Supremo confirma 50 años de prisión a un hombre que tuvo secuestrada 35 días a su novia menor e intentó matarla

El máximo órgano judicial desestimó el recurso del joven de 19 años, ratificando la condena por delitos de violencia extrema, abuso sexual continuado, cautiverio y otros cargos graves cometidos contra una adolescente a lo largo de 35 días en Fuenlabrada

El Tribunal Supremo argumentó en su resolución que los testimonios médicos y el examen forense a los que se sometió la víctima resultaron esenciales para validar la gravedad y extensión de los hechos juzgados. De acuerdo con Europa Press, el fallo del alto tribunal consideró irrefutable la coincidencia entre el relato de la adolescente y las lesiones observadas, calificando su estado físico como prueba fidedigna de lo ocurrido. A partir de esta valoración, el Supremo ratificó la condena de 50 años de cárcel para el acusado, desestimando el recurso presentado tras la sentencia inicial emitida por la Audiencia Provincial y confirmada por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

Entre el 18 de octubre y el 23 de noviembre de 2021, en Fuenlabrada (Madrid), un joven de 19 años ejerció un control absoluto sobre su pareja, de 16, sometiéndola a una situación de aislamiento, abuso y violencia sostenida durante más de un mes. Según informó Europa Press, durante los 35 días que duró el cautiverio de la menor, el acusado la retuvo y evitó que mantuviera contacto con su entorno familiar y social, imponiéndole controles continuos e impidiendo que saliera sola o acudiera a clase.

La convivencia inicial tuvo lugar en la vivienda del padre del agresor, donde el joven ya mostró indicios de aislamiento y prohibiciones dirigidas a la víctima, como limitarle la salida a la calle y asistir a la escuela. Poco después, ambos se trasladaron a un piso en alquiler compartido con dos hermanos y la pareja de uno de ellos. Es en este segundo domicilio donde, según detalló el Tribunal Supremo y recogió Europa Press, el acusado incrementó la restricción de movimientos sobre la víctima desde el primer día, negándole la posibilidad de salir siquiera de la habitación a los pocos días de llegar, con el propósito de evitar cualquier comunicación con los otros habitantes del inmueble.

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La sentencia describe cómo el agresor, consumido por los celos, abandonó su empleo para controlar aún más a la menor, intensificando la violencia física y sexual casi todas las noches. El Supremo expuso que la situación generó en la víctima un ambiente de terror absoluto, con episodios continuos de agresión física, lesiones, amenazas y trato degradante. Los hechos, según publicó Europa Press, incluyeron violaciones reiteradas y malos tratos habituales, sumados a la privación de libertad y amenazas constantes.

El caso culminó cuando la víctima logró escapar del agresor en el piso compartido. Mientras el joven intentaba impedir que ella saliera de la habitación, la adolescente consiguió liberarse, cayó al suelo y el ruido alertó a los otros ocupantes de la casa, quienes la hallaron gravemente herida, según precisó el Supremo en la sentencia difundida por Europa Press.

El proceso judicial consideró múltiples cargos: intento de asesinato, detención ilegal, agresiones sexuales continuadas, lesiones graves, amenazas, abuso habitual físico y psíquico, así como trato degradante. La condena impuesta incluye una pena de prisión de 50 años, la prohibición de acercamiento o comunicación con la víctima, y la obligación de indemnizarla con más de 200.000 euros por los daños causados. Europa Press informó que, además de la privación de libertad, la joven enfrentó un clima de tal hostigamiento que, según los hechos probados, el agresor predeterminó sus movimientos, horarios y contacto personal, incluso dejando de trabajar para controlarla en todo momento.

En su defensa, el condenado intentó apelar la sentencia alegando inconsistencias entre la declaración de la víctima y la de otros testigos. No obstante, el Tribunal Supremo, según relató Europa Press, desestimó este motivo con el argumento de que no existían pruebas con contenido divergente respecto al testimonio de la joven. El propio órgano judicial subrayó que la contundencia de los informes forenses y las lesiones sufridas por la menor respaldaron plenamente su relato.

Además, el recurso incluyó la solicitud de considerar una atenuante debido al supuesto estado de intoxicación por alcohol y drogas del acusado al momento de los hechos. Sobre este punto, el Supremo, tal como informó Europa Press, recordó que esta alegación ya había sido razonablemente denegada durante el proceso de apelación. Evaluó que la documentación aportada por la defensa solo hacía referencia a periodos posteriores a los hechos juzgados, sin aportar pruebas que acreditasen una alteración de la conciencia debida a tóxicos durante el periodo en cuestión.

El tribunal remarcó que la actitud del acusado se caracterizó por mantener a la víctima bajo una situación de dominio y poder, según Europa Press, sometiéndola a una dinámica de aislamiento completo y una vigilancia constante. El alto tribunal también destacó que la falta de compasión manifestada por el agresor, expuesta a lo largo del proceso, se evidenció tanto en los hechos probados como en las declaraciones recogidas durante el juicio.

En la decisión, el órgano judicial reiteró la gravedad de los delitos y el efecto devastador que tuvieron en la adolescente. Según consignó Europa Press, la sentencia hizo hincapié en la necesidad de protección y de reparación para la víctima, así como en la contundencia con la que los tribunales valoraron tanto la prueba pericial como las consecuencias físicas y psicológicas sufridas. Además, el Supremo confirmó la integridad de la respuesta penal contemplada en la sentencia de instancia, rechazando todos los argumentos de la defensa.

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