Los maestros cantores de Wagner despliegan el poder del arte en el Teatro Real

Compartir
Compartir articulo
infobae

Marina Estévez Torreblanca

Madrid, 24 abr (EFE).- El público del Teatro Real ha ovacionado este miércoles el estreno absoluto de una nueva producción de la comedia humanista de Wagner 'Los maestros cantores de Nuremberg',  interpretada por 230 artistas dirigidos por Pablo Heras-Casado y el escenógrafo francés Laurent Pelly, que sitúa en un entorno que se derrumba a unos personajes aferrados al poder del arte.

Durante 4 horas y media (descansos aparte) han sustentado con brillantez la obra 19 solistas, encabezados por Gerald Finley (Hans Sachs), Leigh Melrose (Sixtus Beckmesser), Tomislav Mužek (Walther von Stolzing), Jongmin Park (Veit Pogner), Nicole Chevalier (Eva), Sebastian Kohlhepp (David) y Anna Lapkovskaja (Magdalene). Junto a ellos, los 112 miembros del coro titular, 4 actores y los 95 músicos de la orquesta.

La batuta de Heras-Casado ha dirigido una obra que Richard Wagner sacó adelante para paliar sus problemas económicos (al igual que 'Tristán e Isolda', que compuso casi a la par) y en la que renuncia a sus habituales temas dramáticos y míticos para centrarse en una comedia muy humana basada en un personaje real: el zapatero y poeta Hans Sachs (que es su alter ego en la obra) y el gremio, entonces artesanal, de los maestros cantores.

Las melodías, canciones y poemas que componían con estrictas normas los comerciantes burgueses -caracterizados como unos personajes algo polvorientos- son la base de una historia humorística sobre la importancia del arte para el ser humano y la capacidad para trascender la norma, pero también acerca del conocimiento de la tradición para ser capaz de innovar.

Así, el compositor alemán (1813–1883) vuelve al verso y a una aparente simplicidad, frente al mundo nuevo que él mismo estaba levantando paralelamente en 'Tristán e Isolda'.

Se adentra en las raíces de la tradición alemana y recurre a Bach, a la música polifónica del XVI, a los corales luteranos, a la textura y la transparencia de Mozart o Beethoven para transmitir, con su propio lenguaje, el mensaje de la importancia social y cultural que tiene la música.

Para ello, Wagner usa un material de partida muy pequeño, con pocas pretensiones, "que transforma y convierte en algo milagroso que es capaz de soportar y mantener un drama musical de 4 horas y media de música en el que cada nota, cada compás de la ópera es un regalo y es necesario", explicaba Heras-Casado en la presentación de la obra.

Para el héroe, el personaje de Sachs, utiliza una música honesta, noble y sincera, en contraposición con la música de Beckmesser, "complejísima, intrincada, dificilísima, tortuosa, pretendidamente irregular y muy cómica desde el punto de vista musical puro", en palabras del director, que ha afrontando su sexto Wagner en el Real.

'Un monstruo amable'

"Aunque el Sacro Impero se redujera a polvo siempre subsistiría el sagrado arte alemán", concluye el libreto, también compuesto por Wagner. Esta frase, y la propia ópera, fue usada de manera sesgada por el régimen nazi, lo que provocó que durante décadas haya sido observada con recelo.
La puesta en escena de Laurent Pelly, en un momento indeterminado, en el siglo XXI, se opone a este prejuicio para reforzar el poder musical de la partitura wagneriana, que en este caso parece situar la identidad del pueblo alemán en lo artístico, y no en lo político.  

Pelly, que asegura que "es una obra que no puede aburrir, en la que hay continuamente emoción, risas y sentimientos", ha querido potenciar el sustrato burlesco y simbólico de la ópera, con personajes arquetípicos que se mueven en un núcleo cerrado, estructurado y refractario a las innovaciones.

Entre el 24 de abril y el 25 de mayo el Teatro Real ofrecerá 9 funciones de esta nueva producción, que se presentará posteriormente en los teatros coproductores: la Ópera Real de Dinamarca y el Teatro Nacional de Brno.