La lucha de la ex de un yihadista para huir de las amenazas:9 cambios de casa y 5 de móvil

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Sagrario Ortega

Madrid, 10 abr (EFE).- Hace cinco años Raquel Alonso escribió su primer libro, "Casada con el enemigo", en el que puso cara a su exmarido, un árabe que fue radicalizándose durante su matrimonio y que acabó condenado por terrorismo. Ahora ha publicado "El enemigo sin rostro", un relato de las amenazas a la que ella y sus dos hijos siguen expuestos y que les ha obligado a cambiar nueve veces de casa y cinco de móvil.

En 1997 Raquel se casó muy enamorada con Nabil Benazzou Benhaddou. A partir de 2011 cuando el padre de su marido murió, este empezó a cambiar y a radicalizarse. La madrugada del 16 de junio de 2014 la Policía entró en la casa y detuvo a su esposo. Fue condenado a ocho años de cárcel por un delito de integración terrorista.

Nabil está ya en libertad vigilada y Raquel consiguió, tras un periplo judicial no exento de dificultades, que a su exmarido se le retirara la patria potestad respecto a su hija entonces menor, en una sentencia sin precedentes.

Pero el camino ha sido y sigue siendo tortuoso para Raquel y sus dos hijos -un chico y una chica-, como relata en su nuevo libro, publicado por Vencejo Ediciones y que esta miércoles se presenta en Madrid.

"A lo largo de estos años ha ocurrido absolutamente de todo: amenazas, agresiones... Ha sido una carrera por escapar del peligro, por buscar una situación estable y ha sido prácticamente imposible salir adelante, peleando con las secuelas de los chicos, por supuesto", dice Raquel Alonso en una entrevista con EFE.

Todo ello lo cuenta en su nuevo libro, donde recoge también las decisiones judiciales, como las que les otorgaron protección y las que después se la retiraron.

Alonso se considera doble víctima: del yihadismo y de la violencia machista. Alguien también lo entendió así, pero cuando "fuimos a los juzgados de violencia de género, nos denegaron hasta la orden de alejamiento".

"No es que nos fuera a proteger mucho, pero viviendo en la misma ciudad, tenía esa sensación de falta de seguridad respecto a los críos" y quería esa orden "para que no pudieran encontrarse con el que fue su padre", explica.

De todos modos, nunca ha sido incluida en el sistema de valoración de riesgo VioGén.

Cuenta también en el libro esa sentencia pionera que  privó por primera vez a un yihadista de la patria potestad y que Alonso confía que "esté sirviendo para otras mujeres y familias que han estado y que están en mi situación".

Su exmarido no ha intentado ver a sus hijos, reconoce la autora, pero "sí que es cierto que seguimos teniendo árabes en la puerta de nuestra casa".

Su hija, según explica, ha tenido que "salir corriendo" en tres ocasiones porque le seguía una furgoneta blanca. "Es la carrera sin fin".

Lo hijos "no se sienten seguros" y por novena vez la familia va a cambiar de casa, continúa Alonso, quien asegura que tanto ella como sus hijos reciben llamadas desde lugares de Marruecos, y eso que han cambiado cinco veces de número. Sus cuentas han sido hackeadas en alguna ocasión.

Amenazas que no se han quedado solo en mensajes en el buzón en nombre de Allah. También ha sufrido agresiones que la han llevado hasta el hospital.

"Es esa sensación de ir andando por un camino oscuro donde nunca acabas de encontrar la luz, intentando además luchar por visibilizar una amenaza que también hoy en día nos está tocando a toda la sociedad en conjunto", recalca Alonso.

Tampoco cuenta con el apoyo de la familia de su ex, que cree que Nabil es una víctima de la sociedad y que Raquel es "la mala de la película", quizá por haber declarado en el juicio contra él.

Aunque está "agotada", esta mujer sigue luchando porque sus hijos "tienen derecho a llevar una vida normal, como la de cualquier joven de su edad".

"Me he sentido muy sola a lo largo de este camino, es más, tengo que decirlo y agradecerlo públicamente, como así lo hago en el libro: hemos salido adelante gracias a nuestros amigos, gracias a la gente que nos ha apoyado, que nos ha sostenido cuando a veces no hemos tenido ni siquiera un plato de comida", subraya.

Y lamenta que las instituciones se hayan olvidado de ellos. Ha sido "un abandono total y absoluto".

En su opinión, solo una vez se ha hecho justicia con ella y fue cuando ganó la sentencia que le retiró a su exmarido la patria potestad de su hija, porque "por lo demás... Ocho años para conseguir la protección y luego en seis meses se nos quita aludiendo que era un problema de violencia de género".

Y concluye: "Es muy triste oír a tu hija decir, mamá, yo no creo en la justicia. ¿Para qué vas a ir a poner una denuncia? Mamá, déjalo, ya da igual. Eso a una madre le parte el alma". EFE

so/lml

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