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Detenido un hombre de 25 años acusado de agredir sexualmente a una joven de 22 en la acampada de la Puerta del Sol

El arrestado se introdujo en la tienda de campaña de la víctima y le restregó sus genitales contra el muslo y el glúteo, después golpeó a dos jóvenes que le recriminaron su actitud y agredió a una tercera persona

Tiendas de campaña en la Puerta del Sol. (A. Pérez Meca / Europa Press)

La Policía Nacional ha detenido este domingo a un hombre de 25 años acusado de agredir sexualmente a una joven de 22 años en la acampada de la Puerta del Sol de Madrid, donde también habría golpeado a varios participantes que acudieron en defensa de la víctima. Según adelantan a El Confidencial fuentes policiales, el arrestado se introdujo en la tienda de campaña de la mujer y le restregó sus genitales contra el muslo derecho y el glúteo. Cuando dos jóvenes le recriminaron su comportamiento, respondió con varios puñetazos que les causaron lesiones.

La detención se produjo a las 6:35 horas, después de que la Policía Nacional recibiera un aviso por la presencia de un hombre que estaba mostrando una actitud agresiva en el asentamiento. Varias dotaciones de la Comisaría de Distrito Centro se desplazaron hasta la plaza, donde localizaron al sospechoso, que todavía permanecía allí, y procedieron a arrestarlo.

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De acuerdo con la información publicada por El Confidencial, la joven, de nacionalidad española, manifestó su voluntad de presentar una denuncia en dependencias policiales. El detenido, de nacionalidad marroquí, ya habría protagonizado problemas anteriormente, según las fuentes policiales consultadas por el citado medio.

Se introdujo en la tienda y atacó a quienes lo recriminaron

Los hechos ocurrieron durante la noche del sábado al domingo. El hombre se acercó a la tienda en la que descansaba la joven, que estaba abierta, y comenzó a realizar comentarios de carácter libidinoso. A continuación, entró en el interior y restregó sus genitales contra el muslo derecho y el glúteo de la mujer.

La situación provocó la intervención de dos jóvenes que presenciaron lo sucedido y recriminaron al hombre su comportamiento. Lejos de abandonar el lugar, el sospechoso arremetió contra ellos y les propinó varios puñetazos. El altercado alertó a otros acampados, que acudieron en auxilio de los agredidos.

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Lonas recubren las tiendas de campaña en la Puerta del Sol. (REUTERS / Alejandro Martinez Velez)

Durante el enfrentamiento, una tercera persona también resultó agredida, según las mismas fuentes. El episodio desembocó en la intervención policial y en el arresto del presunto agresor, que pernoctaba en una tienda situada algo apartada del resto, en las proximidades de la calle Arenal.

Una acampada que ha cambiado desde sus inicios

La acampada de la Puerta del Sol nació la noche del 26 de septiembre, tras una manifestación convocada por el Sindicato de Inquilinas de Madrid en protesta por el desahucio de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que había vivido durante siete décadas en su vivienda. Lo que comenzó como una movilización en defensa del derecho a la vivienda fue creciendo hasta reunir, durante sus primeros días, a miles de personas y más de un millar de tiendas, con la participación de estudiantes, trabajadores y decenas de colectivos sociales.

La primera transformación llegó apenas una semana después. El 2 de octubre, coincidiendo con el rechazo en el Congreso de los decretos de vivienda, el Sindicato de Inquilinas anunció que parte de su militancia reduciría su presencia en la plaza para regresar al trabajo en los barrios y concentrar sus esfuerzos en la preparación de la huelga general del 11 de noviembre. La organización no desapareció de la protesta, pero su menor protagonismo abrió una nueva etapa en la que otros colectivos y los propios acampados asumieron más peso en la toma de decisiones.

Descubre la compleja organización y el funcionamiento diario de la acampada de la Puerta del Sol.

El asentamiento fue desarrollando una estructura propia, con asambleas, comisiones y espacios diferenciados para organizar la convivencia, el reparto de alimentos, los cuidados, la mediación y el mantenimiento. A la vez, la acampada amplió su composición: junto a quienes mantenían la reivindicación por el acceso a una vivienda digna, comenzaron a instalarse personas en situación de sinhogarismo y otras personas vulnerables, incluidas personas migrantes. Algunos de los espacios que habían quedado libres al marcharse participantes fueron cedidos a quienes necesitaban un lugar donde dormir, según han explicado los propios acampados.

La incorporación de estas personas ha planteado dificultades de convivencia y ha obligado a abordar en las asambleas cómo gestionar el campamento. Los organizadores han reconocido tensiones, también relacionadas con problemas de adicciones, pero han optado por intentar integrar a quienes llegan y promover que asuman responsabilidades en el funcionamiento del asentamiento. La acampada, por tanto, no ha dejado de estar vinculada a la reivindicación de la vivienda, aunque su realidad cotidiana sea hoy más heterogénea que en sus comienzos.

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