Agregar Infobae enGoogle

Alex Letosa, psicólogo, analiza el auge de la ultraderecha entre adolescentes: “Se trata de psicología evolutiva, en esta época se busca una identidad”

El experto analiza la radicalización juvenil a través de respuestas simples, la necesidad de pertenencia y los algoritmos que premian la polarización

Un joven consulta su móvil. (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿Por qué un adolescente termina fascinado por un discurso de ultraderecha o abiertamente fascista? La clave de esta radicalización juvenil reside en la propia arquitectura de la mente en desarrollo. La adolescencia es un terreno fértil para el extremismo porque promete certezas en la etapa de mayor incertidumbre de la vida. El psicólogo Alex Letosa analiza las causas detrás de este fenómeno que preocupa cada vez más a educadores y familias.

Para comprender este fenómeno, Letosa invita en un vídeo de TikTok a mirar más allá y enfocarse en la maduración del cerebro. “No es solo ideología, es pura psicología evolutiva”, explica el especialista. En este periodo de transición, la necesidad de responder al “quién soy” se vuelve vital.

PUBLICIDAD

Frente a la complejidad del mundo adulto, las consignas radicales actúan como un atajo reconfortante. “Los discursos de ultraderecha ofrecen respuestas muy simples a preguntas complejas. ¿Que te sientes perdido? Pues ellos te dicen a quién culpar. ¿Te sientes excluido? Pues te dan un grupo al que pertenecer. ¿Te da miedo el futuro? Pues te dan seguridad y orden”, asevera el psicólogo.

Imagen de archivo de una chica con un móvil. (EFE/ J.M. García)

La promesa de pertenencia

Esta dinámica evoca de forma inmediata a la trama de la película La Ola (Die Welle), donde un grupo de estudiantes termina abrazando un régimen autoritario impulsado por la necesidad de cohesión y disciplina. En la cinta, detalles tan sencillos como vestir una camisa blanca o adoptar un saludo grupal bastan para cohesionar a jóvenes vulnerables.

Detrás de este comportamiento hay un componente neurológico determinante: “El cerebro adolescente busca emociones intensas y se mueve por el impulso. El odio, la rabia, el nosotros contra ellos, les engancha mucho. Son emociones fuertes y adictivas”, advierte Letosa.

PUBLICIDAD

Esta sed de emociones extremas encuentra hoy un altavoz sin precedentes en las pantallas. Mientras que en La Ola el adoctrinamiento requería de la presencia física en el aula, en la actualidad el proceso se acelera de forma silenciosa: “A esto se suma el poder de las redes sociales, que funcionan con algoritmos que premian lo polémico y lo que divide. ¿El resultado? Pues que un adolescente vulnerable puede acabar atrapado en una burbuja ideológica sin ni siquiera darse cuenta”, señala el experto.

Un joven sentado en una habitación a oscuras consulta su teléfono. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pese al preocupante panorama, el psicólogo insiste en que el camino no es irreversible. La prevención pasa por dotar a las aulas y a los hogares de herramientas emocionales que desmantelen este tipo de discursos. “No todo está perdido”, enfatiza.

“Hay que educar en el pensamiento crítico, las emociones y la pertenencia sana es clave para que no busquen la identidad en el odio. Porque cuando entienden que la diversidad no es una amenaza, sino una riqueza, ya no necesitan enemigos para sentirse alguien”, reflexiona.

En este proceso, la familia juega un rol insustitucible. Letosa concluye apelando a la responsabilidad de los adultos referentes: “Aquí el papel de la familia es muy importante. Alguien que les acompañe, que les haga sentirse seguros, que les haga sentirse queridos, valorados y que les acompañe en descubrir quién es la persona que son y la persona que van a ser”.

PUBLICIDAD