Lunin sostiene, Brahim brilla y el Real Madrid sofoca al Leipzig en Champions

Un gol monumental del malagueño, que acabó lesionado, da ventaja a los de Ancelotti en la eliminatoria. El Leipzig, superior en muchas fases al cuadro blanco, se estrella con un Lunin que se doctora en Champions

Kroos y Brahim celebran el gol del Real Madrid (REUTERS).

El Real Madrid tiró de su ya clásico manual de supervivencia para salir indemne de su visita a Leipzig. El partido fue la historia de un golazo nacido de la habilidad callejera de Brahim y definido con un exquisito zurdazo suyo que tira de nuevo la puerta de la titularidad definitiva antes de marcharse lesionado. El resto lo puso Lunin, que se sacó un curso intensivo de paradas para mantener a raya a un Leipzig superior al conjunto blanco durante gran parte del encuentro. No obstante, el guion de un partido lo determinan los hechos, no las sensaciones. El Leipzig manó del segundo intangible, mientras el Real Madrid volvió a tirar de su manual de supervivencia: supo aguantar el tipo cuando los golpes se multiplicaban y sacudió cuando tuvo oportunidad.

No tener historia no significa no tener peligro. Véase el PSG o Manchester City. El Leipzig es de esa especie de equipos, pero en formato reducido. Y el Madrid inició el partido como si hubiese olvidado que durante 47 años su sede del infierno estuvo en Alemania. Los de Ancelotti se vieron arrollados de salida por ese fútbol relámpago del equipo de Marco Rose, que aprieta mucho porque está en su hoja de ruta y porque es consciente de que se protege mal. Su única defensa es un buen ataque, y lo tiene. Lo demostraron a los dos minutos.

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El VAR y Lunin salvan

Sesko batió de cabeza a un Lunin dubitativo en la salida, aunque salvado por el VAR al considerar como interferencia el liviano contacto de Heinrichs con el meta ucraniano. Sean bienvenidos al fútbol moderno. El Madrid respiraba por haber escapado de un lío anunciado muy pronto, pero le duró unos instantes. Nacho, impreciso y algo lento durante toda la noche, perdió el balón en una salida y Xavi Simons cedió a Sesko que erró ante la salida de Lunin. Se redimía el ucraniano de su insegura salida momentos antes. Cabe mencionar, que no destacar porque se ha vuelto costumbre, la presencia de Tchouaméni -reconvertido en central- acompañando a Nacho la retaguardia. Aunque el canterano blanco era quien parecía fuera de sitio.

Brahim Díaz celebra tras marcar el gol del Real Madrid en la victoria 1-0 ante RB Leipzig en los octavos de final de la Liga de Campeones, el martes 13 de febrero de 2024 en Leipzig, Alemania. (AP Foto/Matthias Schrader)

El Madrid buscaba ser el agua que siempre encuentra la rendija para romper la roca, pero no encontraba el sitio, mientras el Leipzig se lanzaba una y otra vez buscando a Sesko y Openda con Simons y Olmo por los costados. El sufrimiento del equipo blanco se veía reflejado en la intensidad con la que Ancelotti masticaba su chicle. Cada vez más fuerte y rápido. Aunque no era una situación no vista antes. Las catorce Copas de Europa del museo blanco están llenas de cicatrices, inicios perezosos y finales felices. Y el Leipzig se sumergió en esa visita guiada.

Brahim golpea

Los blancos sólo se conseguían sacudir el agobio hilvanando posesiones tan largas como estériles y cuando conectaban con Vinicius. El brasileño se asomaba y colgaba centros al área, pero no estaba Bellingham para rematarlos. Su lugar lo ocupó Brahim, a quien le costó aparecer por la zona de influencia de un ariete. Aunque cuando se descolgaba por los costados veía la luz. Y desde ahí se produjo el destello. Recibió pegado al costado, aguantó la embestida de Raum, se repuso y sorteó dos rivales mientras se perfilaba por el balcón del área desde donde conectó un zurdazo inapelable.

El gol les sirvió para ganar ventaja, pero no para que el equipo gobernase el partido. El Leipzig siguió insistiendo y Lunin emergió como sostén del resultado. Los de Rose, conscientes de que el Bernabéu ha sido la tumba de tantos equipos en Europa, buscaron maquillar un resultado que les abriera el abanico de opciones para jugar la vuelta. Ahora sólo tienen una: ganar. Porque el tramo final se convirtió en un ida y vuelta en el que pudo marcar cualquiera, pero nadie lo hizo. El Madrid sufrió, su portero sostuvo al equipo y tomó ventaja en una individualidad. El manual de supervivencia también vale en Alemania, donde durante 47 años fue nulo.

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