Ana de Armas llegó a Hollywood sin hablar inglés y con el dinero justo para sostenerse, después de haber dejado atrás Cuba y una primera etapa de éxito en España.
Hoy, la actriz repasó el recorrido que la llevó a consolidarse en la industria estadounidense y explicó su decisión de resguardar la vida privada en una entrevista con Harper’s Bazaar.
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La intérprete cubana, de 38 años, fue la figura de portada de la revista durante una producción realizada en Marrakech, donde presentó Mythica, la nueva colección de Alta Joyería de Louis Vuitton, firma de la que es embajadora. En la conversación, habló de sus mudanzas, de los años de incertidumbre profesional y de la exposición que acompaña a la fama.
“Mis primeros años en Cuba me nutrieron mucho en todos los sentidos. Allí fue donde empecé a estudiar teatro, donde descubrí mi vocación”, afirmó Ana de Armas. También explicó que la escasez y la falta de oportunidades que percibía durante su infancia le despertaron la necesidad de conocer otros lugares y buscar nuevos horizontes.
Dejar La Habana a los 18 años fue su primer gran cambio de vida
De Armas nació y creció en La Habana. A los 18 años se mudó a Madrid con la intención de desarrollar su carrera como actriz. La decisión supuso alejarse de su familia y enfrentar una vida nueva en otro país. “El cambio fue enorme. Dejar a mi familia atrás no fue fácil, y yo me creía muy adulta, pero en realidad era una bebé. Emigrar es siempre muy duro”, sostuvo en declaraciones recogidas por Harper’s Bazaar.
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La actriz dijo que no se arrepiente de las decisiones que tomó durante ese proceso. “Creo que también me merezco reconocerme a mí misma que fui capaz de ver las oportunidades cuando llegaron y cogerlas. Ser espabilada me ayudó”, expresó.
Su llegada al público español ocurrió con El internado, una serie que la convirtió en una figura conocida cuando todavía era muy joven. De Armas señaló que atravesó esa etapa en un grupo de trabajo que le permitió conservar cierta estabilidad, a la vez que mantenía un contacto frecuente con su familia.
“Yo echaba mucho de menos a mi familia y trataba de ir mucho a verlos”, relató. Esa relación con su entorno de origen, explicó, le recordaba las responsabilidades que asumía y le permitía evitar que la exposición pública alterara su vida cotidiana.
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Los Ángeles la recibió sin inglés y con sus ahorros agotados
Tras un período de popularidad en España, la intérprete decidió instalarse en Estados Unidos. Según contó, dejó Madrid con la sensación de que su carrera requería un cambio y con la preocupación de no contar con recursos suficientes para competir en un mercado nuevo.
“Me fui en baja forma, sintiendo que no había logrado lo que quería aquí”, afirmó. A ese punto de partida se sumaba una barrera decisiva: “Salí con ganas de más, pero también consciente de que no tenía las herramientas necesarias: ni siquiera hablaba inglés”.
De Armas destinó sus ahorros a pagar el alquiler, la comida y las clases de inglés. El dinero no alcanzó y sus agentes debieron prestarle para cubrir gastos básicos. “Llegó un punto en el que tuvieron que dejarme dinero mis agentes para comer, literalmente”, recordó.
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Aunque desde afuera su mudanza podía parecer el inicio de un camino ascendente, la actriz indicó que sus primeros trabajos en Estados Unidos eran pequeños y mal remunerados. Con el tiempo, esos papeles le permitieron establecer contactos y acceder a proyectos de mayor alcance.
La participación en Blade Runner 2049, junto a Ryan Gosling, marcó un punto de inflexión. Después llegaron Puñales por la espalda, que le dio una nominación a los Globos de Oro; Sin tiempo para morir, donde interpretó a Paloma; y Blonde, película por la que obtuvo una nominación al Oscar como mejor actriz protagonista por encarnar a Marilyn Monroe.
Para De Armas, el crecimiento profesional está asociado a la constancia. “El que persevera, triunfa. Hay que trabajar, y prepararse y estudiar e intentar hacerlo mejor. Hay que insistir”, afirmó.
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La fama es una consecuencia de su trabajo, no una meta personal
La actriz planteó que la exposición pública no es un aspecto que busque de manera deliberada. Para ella, la notoriedad deriva del oficio y debe convivir con límites claros para no afectar su intimidad. “Valoro mucho mi privacidad, mi vida, mis cosas. De una manera que creo que hoy es raro encontrar”, dijo. También reconoció que le afectan los titulares relacionados con su vida personal, aunque entiende que esa atención forma parte de la dinámica actual.
“Me parece tan banal, tan superficial, tan innecesario”, señaló sobre las informaciones que no se centran en sus proyectos. De todos modos, descartó la posibilidad de restringir por completo su vida fuera del trabajo: “Tampoco puedes dejar de vivir tu vida. Eso no es una opción para mí”.
La actriz estableció su base en Vermont, lejos de Los Ángeles, junto a sus perros Elvis y Salsa. Según explicó, el cuidado de los animales le aporta una rutina y un anclaje cotidiano. “Allí puedo respirar y sentirme yo misma, volver a mi centro”, afirmó sobre su casa en la montaña.
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De Armas busca nuevos desafíos sin renunciar a una vida tranquila
Consultada sobre la presión que reciben los artistas para expresarse frente a la actualidad política y social, De Armas consideró que se trata de un terreno complejo. “Ahora hay demasiadas opiniones y es todo muy caótico, y no sé si quiero ser parte de eso”, manifestó.
La actriz admitió que esa cautela puede ser difícil, porque el silencio también recibe interpretaciones. “Me duele, porque sé que el que calla otorga, y eso no me gusta”, señaló.
A los 38 años, De Armas dijo sentirse conforme con la etapa que transita, aunque mantiene proyectos personales y laborales pendientes. “Me han encantado mis 30, me siento muy segura, tengo relaciones muy bonitas y estoy feliz”, expresó. Entre sus deseos para los próximos años, mencionó ser madre, viajar y continuar aprendiendo dentro y fuera de la actuación.
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