En una entrevista con Jake’s Takes, Liam Neeson admitió que los personajes que interpreta lo acompañan durante al menos una semana tras terminar cada rodaje, mientras su compañero de elenco Zach McGowan destacó que el manejo de armas y la formación táctica recibidas para su nueva película quedaron fijados de forma permanente en su vida.
La conversación se desarrolló durante la promoción del nuevo filme de acción protagonizado por ambos actores, cuya trama gira en torno a operaciones de fuerzas especiales y al peso que el pasado ejerce sobre quienes las ejecutan.
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El entrevistador planteó el paralelismo entre ese universo narrativo y la experiencia personal de los actores, y la respuesta de Neeson abrió una reflexión poco habitual en el circuito de junkets.
Ante la pregunta de si alguna vez se sintió perseguido por un personaje, el actor irlandés no dudó. “Creo que cada papel serio que he interpretado me deja su marca. Cuando dicen ‘¡Corten! Película terminada’, uno queda tal vez rondando durante una semana o algo así. Al menos yo", declaró.
Neeson detalló que ese período no implica una presencia fantasmal del personaje, sino un proceso activo de evaluación. Durante esos días, según explicó, su mente vuelve sobre las escenas ya filmadas para identificar lo que podría haberse resuelto de otra manera. “Uno sigue pensando en la película, quizás en el personaje, en cómo podría haber mejorado tal o cual escena”, precisó.
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El entrenamiento con operativos reales
McGowan tomó la palabra cuando el entrevistador preguntó qué habilidad adquirida durante un rodaje podía seguir ejecutando en su vida diaria. Sin dudar, apuntó al manejo de armas. “Ser responsable con un arma de fuego, entender cómo operarla, cómo usarla, cuándo usarla y qué significa eso tácticamente en una operación militar real”, enumeró el actor.
El entrenamiento para este filme tuvo características particulares. El director Guy Moshe integró el proyecto con experiencia directa: sirvió en fuerzas especiales durante los años 90, lo que orientó la preparación del elenco hacia un estándar más exigente. El equipo trabajó junto a operativos reales durante toda la fase previa al rodaje, un factor que McGowan describió como determinante para la credibilidad de las escenas de acción.
Por su parte, Neeson señaló que sus años de entrenamiento en secuencias de pelea cinematográfica tienen una aplicación concreta fuera del set. “Sé cómo lanzar un puñetazo y quizás también cómo recibirlo”, afirmó.
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Consultado sobre si esa formación sería útil ante un incidente en un bar, respondió que todo depende de las circunstancias: del tipo de empujón, de si fue intencional y de si quien lo propinó es hombre o mujer. “Antes de girar y golpear a alguien, hay que leer la situación”, subrayó.
Objetos de rodaje que se quedaron en el set
La entrevista incluyó un tramo más distendido. El conductor preguntó qué objeto de un rodaje lamentaban no haber tomado antes de que el equipo de producción hiciera el inventario final. Neeson respondió sin titubear: un fragmento de la armadura del filme Excalibur, rodado en 1980. “Ojalá me hubiera quedado con un pedacito”, dijo.
Al mismo tiempo, el artista confirmó que conserva en su hogar el mango original del sable de luz que utilizó al interpretar al Maestro Jedi Qui-Gon Jinn en Star Wars: Episodio I - La amenaza fantasma (1999).
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Entre risas, McGowan bromeó con la posibilidad de apoderarse de la codiciada reliquia cinematográfica. Declaró que, dada la camaradería entablada durante las filmaciones, intentará apropiarse del recuerdo galáctico en su próxima visita, cerrando un encuentro que combinó reflexiones profesionales con anécdotas memorables del cine contemporáneo.
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