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Qué leer esta semana: Harwicz, los mitos de la alquimia y la precariedad argentina sin fondo

Una escritora en el centro de la polémica, un recorrido por dos mil años por una práctica misteriosa y una novela de los 90 que retrata un país que sigue sin resolverse

Tres libros para arrancar el fin de semana y no soltarlos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hay semanas en que los libros que llegan tienen mucho para decir sobre el presente, parece que nos están mirando. El nombre de Ariana Harwicz circula estos días por una polémica que la excede y que, al mismo tiempo, habla sobre el momento cultural que vivimos. Su cuento De regreso a casa -editado por Infobae en 2024- está disponible gratis y es una buena puerta de entrada a una escritura que descoloca.

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De regreso a casa

Por Ariana Harwicz

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También llega un volumen que propone revisar la historia de la alquimia desde adentro, con la mirada de una química que además se interesa por el hermetismo y la filosofía. Más de dos mil años de historia, culturas que se cruzan, personajes inesperados y preguntas que la ciencia moderna no terminó de cerrar.

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Y, por último, una reedición que recupera la primera novela de Liliana Escliar, ganadora del Premio Planeta en 2000, con título nuevo y con esa capacidad de los buenos libros de describir algo que pasó hace veinticinco años como si estuviera pasando ahora.

¡Buenas lecturas!

1) De regreso a casa, de Ariana Harwicz

"De regreso a casa", de Ariana Harwicz, y un personaje peligroso. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ariana Harwicz está en el centro de la polémica esta semana —fue retirada del Festival Internacional de Literatura Cultur-Alh de Granada tras la presión de grupos universitarios pro-palestinos por su oposición al boicot cultural a Israel— y es buen momento para leerla. De regreso a casa, un cuento breve disponible gratis en Bajalibros, alcanza para entender por qué su escritura divide.

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Un hombre vuelve al hogar que abandonó años atrás. No viene a reconciliarse. Desde un hotel en decadencia observa a su familia como un francotirador, acumula rabia y espera el momento de irrumpir. La premisa suena conocida; lo que hace Harwicz con ella, no.

El personaje nunca termina de definirse. “No se sabe si es un infiel que se fue con otra mujer o un soldado que volvió del frente desfigurado”, dijo la autora a Infobae. Tampoco ella lo sabe del todo. Lo mismo pasaba en Degenerado, donde el protagonista podía ser un criminal o un chivo expiatorio, y el texto no resolvía el dilema. Aquí tampoco.

Ariana Harwicz fue excluida del Festival Internacional de Literatura Cultur-Alh de Granada debido a su oposición al boicot cultural contra Israel.

La mirada del protagonista sobre su familia tiene algo del espía de Hitchcock, algo del soldado que apunta desde la trinchera. Un hombre que se siente irrelevante y se inventa un pasado glorioso para soportarlo. La familia siguió adelante sin él; eso, en su lógica, es una deuda pendiente.

Harwicz nació en Buenos Aires en 1977 y vive desde 2007 en el campo en Francia. Matate, amor, su primera novela, fue llevada al cine por Lynne Ramsay, con producción de Martin Scorsese y Jennifer Lawrence como protagonista.

2) Podría morirme ahora, de Liliana Escliar

La obra de Liliana Escliar retrata el impacto del desempleo estructural y la crisis del aparato productivo en la Argentina de finales de los noventa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sur y después es un sello nuevo —publicó su primer libro en agosto de 2025— fundado por la escritora y directora editorial Flaminia Ocampo, hija de Elvira Orphée y sobrina nieta de Silvina y Victoria Ocampo, junto a las periodistas culturales Silvina Friera y Adriana Lorusso. El nombre juega con la revista Sur, el tango y la coordenada geográfica. Para su segunda temporada eligió recuperar Podría morirme ahora, reedición con título nuevo de La arquitectura de los ángeles, la novela con que Liliana Escliar ganó el Premio Planeta en 2000.

La precariedad, en esta novela, no tiene fondo. Es un barco que nunca termina de hundirse. Ramiro, desocupado crónico, acumula pérdidas con una constancia que roza lo sistemático: la fábrica de champú, el amigo Pipo desaparecido por la dictadura cívico-militar, la familia. A su lado, Manu, astrólogo y homosexual, pierde a su madre y a su joven amante. Ninguno de los dos se hunde del todo. Ninguno de los dos flota.

Liliana Escliar reeditó con un nuevo título la novela con la que obtuvo el Premio Planeta en el año 2000.

Lo que sostiene a estos personajes no es la esperanza en el sentido clásico sino algo más tosco: el humor. Escliar usa la carcajada como escudo contra el pesimismo, no para neutralizarlo sino para hacerlo habitable. “La vida es una mierda”, dicen Manu y Ramiro en distintas escenas, con distinto interlocutor, con idéntica convicción. Esa repetición no es un chiste; es una filosofía de supervivencia.

La novela transcurre a fines de los años 90, en el barrio de Caballito, y condensa con precisión el proceso de destrucción del aparato productivo argentino: el cierre de empresas, el desempleo estructural, la invisibilidad social de quienes quedan afuera. Ramiro termina vendiéndose destornilladores en el colectivo 132. Nadie levanta la vista para decirle que no. “Aceptó la precariedad como quien se pone un traje regalado”, escribe Escliar en una frase que no necesita contexto para doler.

El lenguaje también forma parte del retrato. La autora narra con el oído pegado al habla porteña de esa época —“chantapufi”, “fifar”—, palabras que hoy suenan a arqueología y que, sin embargo, describen algo que no pasó. Lo que cambió es el vocabulario; la ferocidad del individualismo, dice Escliar, más bien se acentuó.

Guionista de cine y televisión, autora de Los motivos del Lobo y Tumbas rotas, Escliar recupera con esta reedición una novela que en 2000 capturó algo que todavía no había terminado de ocurrir. El prólogo de Ocampo la define como “un llamado contra la invisibilidad que les adjudicamos a otros porque nos conviene”. Veinticinco años después, la frase no necesita actualización.

3) Eso no estaba en mi libro de historia de la alquimia, de Ángeles Ceregido

El estudio histórico de la alquimia muestra cruces con figuras centrales de la ciencia moderna como Isaac Newton y Robert Boyle. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Eso no estaba en mi libro de historia de la alquimia, de Ángeles Ceregido, desmonta una imagen demasiado instalada: la del arte hermético como sinónimo de charlatanería medieval y calderos humeantes. El libro recorre más de dos mil años de prácticas, debates y símbolos que entrelazaron el estudio de la materia con preguntas filosóficas, científicas y espirituales.

Ceregido es doctora internacional en Química, pasó por laboratorios de Bélgica y España, y actualmente es directora científica en la industria farmacéutica. A ese perfil técnico suma un interés declarado por el hermetismo, la filosofía y la psicología, combinación que organiza el enfoque del volumen.

El recorrido arranca en el Egipto helenístico y llega hasta el presente. Por el camino aparecen las preguntas que marcaron la historia del Arte Sagrado: qué era la materia prima, si el plomo podía volverse oro, en qué consistía la piedra filosofal y de dónde venía la idea del elixir de larga vida. El texto sitúa esas cuestiones en una cosmovisión donde el conocimiento de la naturaleza incluía, a la vez, una transformación personal.

La doctora en Química Ángeles Ceregido examina más de dos mil años de historia del hermetismo y la alquimia en su nuevo libro. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El tono divulgativo de la colección —Eso no estaba en mi libro de…— define el alcance del libro, de 336 páginas, que apunta a lectores sin formación previa en el tema. Pasan por sus páginas los vínculos del hermetismo con las cortes europeas, con las artes y con la filosofía, y también su relación con figuras mayores de la historia de la ciencia, entre ellas Isaac Newton y Robert Boyle.

Uno de los ejes del libro es la frontera entre alquimia y ciencia moderna. La primera quedó durante mucho tiempo del lado de la superstición, como si la química hubiera barrido con todo. Ceregido cuestiona esa lectura al recuperar el peso de la observación, la experimentación y el intercambio de saberes entre culturas. También rastrea la presencia de ciertos símbolos alquímicos en la psicología del siglo XX, donde Carl Gustav Jung retomó imágenes y operaciones de esa tradición para articular parte de su teoría.

La piedra filosofal y la transmutación aparecen aquí como piezas de un lenguaje histórico y espiritual, con múltiples lecturas posibles, antes que como promesas literales. Laboratorio y oratorio —la práctica y la reflexión— forman parte de la misma búsqueda. Para los alquimistas, la materia era una vía de acceso al orden del universo.

El libro ofrece una entrada accesible a un territorio que marcó la historia del pensamiento antes de que las disciplinas modernas fijaran sus fronteras.

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