Una joven cubana relató en un video difundido por Alas Tensas que, pese a haber obtenido la máxima calificación en su examen estatal de Medicina, no puede ejercer la profesión para la que se preparó durante seis años. Su testimonio expone la distancia entre el logro académico que alcanzó y las condiciones económicas que, según afirmó, la alejaron de los hospitales.
“Había hecho un video bonito para este día, pero creo que ningún video bonito va a tapar la nostalgia que siento hoy”, dijo al recordar la jornada en que concluyó su formación universitaria. Había pasado un año desde su evaluación final, un momento que todavía describe con emoción.
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La joven contó que salió del aula después de rendir el examen estatal y recibió las felicitaciones del director, quien le informó que había obtenido 100 puntos. “Para mí fue uno de los logros más grandes de toda mi vida”, expresó.
Seis años de estudios y un examen con puntaje perfecto
La médica recordó que esa calificación puso fin a una etapa de sacrificio y esfuerzo. Para ella, el resultado no se limitó a aprobar una instancia académica: representó la realización de un objetivo que había tenido desde niña.
Su madre, señaló, insistía en que estudiara para convertirse en una mujer independiente. “Yo no solo estudié. Yo estudié, me sacrifiqué, me esforcé y lo logré”, afirmó en el video de Alas Tensas.
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La promesa de independencia, sin embargo, chocó con la realidad que enfrentó tras finalizar la carrera. “Y paradójicamente, hoy no estoy ejerciendo mi profesión”, lamentó.
Un salario que no alcanza para productos básicos
La joven sostuvo que conserva los conocimientos adquiridos, los años de formación y el deseo de atender a otros. “Las ganas de salvar vidas y de cuidar a los demás están conmigo y siguen intactas”, aseguró.
Pero explicó que ejercer la medicina en Cuba se convirtió para ella en una frustración. Según su relato, el salario que recibe un médico no permite cubrir necesidades elementales.
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“Mi salario como médico no me alcanza ni para comprar un pomo de aceite y un paquete de pollo juntos”, afirmó. La declaración apunta a las dificultades de los profesionales cubanos para sostenerse con sus ingresos en medio de la crisis económica que atraviesa la isla.
La joven vinculó esa situación con el sentimiento de haber dedicado años a una carrera que no le permite vivir de acuerdo con las expectativas que tenía al graduarse. “Duele haberte sacrificado tanto por conseguir algo y luego de que lo consigas, no poder disfrutarlo como de verdad siempre soñaste”, expresó.
La esperanza de volver a vestir la bata blanca
A pesar de no trabajar en su área, la cubana insistió en que no abandonó sus aspiraciones. Dijo que espera volver a usar la bata blanca y atender a pacientes, con una mención especial a los niños enfermos.
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“Sueño con volver a ejercer la profesión que amo”, afirmó. También señaló que espera que ese regreso implique un cambio en su vida y en las condiciones de quienes eligieron carreras profesionales en la isla.
La joven planteó que la identidad de un médico no depende solo del uniforme o de un puesto de trabajo. “La bata blanca siempre la llevas en el corazón”, sostuvo.
Al final del video, dirigió un mensaje a otros trabajadores de la salud y profesionales de distintos sectores que, como ella, consideran que sus proyectos quedaron truncos. “Espero de todo corazón que ustedes y yo algún día podamos volver”, concluyó.
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