Por qué no se deben poner las toallas de baño en la cesta de la ropa sucia: puede afectar su salud

Esta práctica común puede generar daños en otras prendas y causar problemas de salud

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Secar completamente las toallas antes de guardarlas reduce el riesgo de bacterias y malos olores - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

Colocar una toalla húmeda directamente en el cesto de la ropa sucia puede multiplicar el riesgo de proliferación de bacterias y hongos tanto en el textil como en las prendas cercanas. Esta simple acción, habitual en la rutina diaria, puede convertirse en un problema de salud si no se toman precauciones básicas.

Las toallas, por su naturaleza absorbente, retienen agua y, con ella, humedad. Esta condición, lejos de ser inofensiva, transforma el tejido en un terreno fértil para la acumulación de suciedad, cabellos, ácaros y microorganismos.

Según especialistas en higiene, la costumbre de depositar estos textiles mojados junto a otra ropa sucia favorece la propagación de bacterias y malos olores, extendiendo el riesgo a las prendas circundantes.

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El peligro aumenta en los meses de invierno, ya que la ropa suele mojarse por las lluvias y tarda mucho más tiempo en secar. En esas circunstancias, la humedad se mantiene durante periodos prolongados, creando un entorno ideal para el desarrollo de moho y hongos. Estas condiciones pueden deteriorar el tejido y afectar la salud de quienes las usan.

Guardar toallas húmedas en el cesto favorece la proliferación de hongos y contaminación cruzada - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un dato clave para reducir estos riesgos es permitir que las toallas se sequen completamente antes de guardarlas para el lavado. Dejar que el textil pierda toda la humedad, ya sea colgándolas en un tendedero o en un espacio ventilado, disminuye la posibilidad de que surjan bacterias y minimiza la contaminación cruzada en el cesto de ropa.

La acumulación de humedad en las toallas no solo genera olores desagradables, sino que puede provocar problemas en la piel y reacciones alérgicas como irritaciones cutáneas y agravar cuadros de asma o crisis respiratorias.

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El moho, por su parte, prolifera con rapidez: en apenas 24 a 48 horas una toalla mojada confinada en un espacio sin ventilación puede mostrar manchas negras o verdosas y desprender un olor característico a humedad. La exposición a esporas de hongos puede desencadenar tos seca, congestión nasal, sibilancias, sarpullidos y picor en zonas de contacto directo con la tela.

El moho puede aparecer en menos de dos días si las toallas permanecen mojadas y sin ventilación - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

Otra sugerencia de los expertos consiste en alternar el uso de las toallas. Disponer de al menos dos por persona permite dar tiempo suficiente para que cada una se seque antes de volver a utilizarla, reduciendo así la acumulación de humedad. Esta medida, aunque simple, puede marcar la diferencia en la higiene diaria.

El proceso de secado puede realizarse tanto al aire libre, en entornos bien ventilados, como con ayuda de una secadora. Lo fundamental es impedir que la humedad quede retenida en la fibra. Además, lavar las toallas con ciclos de agua caliente y productos desinfectantes, como el vinagre, ayuda a eliminar cualquier residuo de olor o microorganismo.

En cuanto al almacenamiento temporal, si no se puede evitar el uso de un cesto, lo ideal es que sea transpirable o de tela impermeable, para favorecer la ventilación y evitar la concentración de humedad en el baño. Esta precaución contribuye a mantener el área libre de olores y reduce la posibilidad de que el cesto se transforme en un foco de gérmenes.

El blanqueador diluido en agua fría es una opción segura para restaurar el color de las toallas blancas afectadas por hongos - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ante la presencia de hongos en una toalla de baño por falta de secado, es clave actuar rápido. Se puede desinfectar usando una mezcla casera de vinagre blanco y bicarbonato de sodio o emplear agua oxigenada como alternativa.

Para este último caso, se puede combinar aproximadamente 125 ml de agua oxigenada con 50 ml de jabón para platos y dos cucharadas de bicarbonato, aplicando la mezcla directamente sobre el área afectada. Deja que actúe antes del lavado.

Para una limpieza profunda, se puede colocar la toalla sola en la lavadora con detergente habitual y un ciclo de lavado profundo o fuerte, siempre que la tela lo resista. Si la pieza es blanca, usar cloro diluido durante cinco minutos puede eliminar rastros visibles. Si, luego de estos procedimientos, la mancha persiste, lo mejor es desechar la toalla y adquirir una nueva para evitar riesgos sanitarios.