El 11 de junio, el candidato presidencial Iván Cepeda presentó una denuncia penal ante la Fiscalía General de la Nación y la Corte Penal Internacional contra Abelardo de la Espriella, su rival en la segunda vuelta electoral.
Cepeda acusó al abogado de haber incurrido en delitos relacionados con crímenes de lesa humanidad cometidos por estructuras paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). La denuncia es por los delitos de concierto para delinquir, financiación de terrorismo y enriquecimiento ilícito.
Durante una rueda de prensa, Cepeda afirmó que esta acción judicial se diferencia de otras contra De la Espriella porque incorpora nuevos elementos y documentos recabados en procesos judiciales y de esclarecimiento de la verdad. Según Cepeda, siempre se había sospechado la complicidad de De la Espriella con los paramilitares, pero ahora asegura contar con pruebas documentales que demostrarían su pertenencia a las AUC.
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El candidato sostuvo que existen elementos probatorios que indicarían que De la Espriella habría colaborado en el reclutamiento de personas para los paramilitares y que habría intentado silenciar a líderes de las AUC para evitar que revelaran su participación en crímenes cometidos. Además, el denunciante mencionó presuntas pruebas de sobornos relacionados con la elección de Mario Iguarán como fiscal general.
La denuncia ha hecho que se recuerde el rol que tuvo el abogado durante el “Acuerdo de Ralito”, como se le conoce al acuerdo de paz que las AUC firmaron con el Estado.
El rol de Abelardo de la Espriella en el Acuerdo de Ralito
Abelardo de la Espriella desempeñó un papel visible en el proceso de paz entre el Estado colombiano y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), principalmente a través de su participación en la Fundación Iniciativas por la Paz (Fipaz). Esta organización tuvo la responsabilidad de organizar la estructura y algunos aspectos logísticos de la negociación, lo que situó al abogado en encuentros y escenarios clave donde voceros de las AUC y representantes del gobierno sostuvieron conversaciones formales.
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Su presencia fue documentada en fotografías de esos encuentros y, según declaraciones del propio De la Espriella, su rol se limitó al acompañamiento civil y a la gestión de actividades públicas dentro del marco del proceso.
Durante ese periodo surgieron acusaciones señalando al abogado como “empleado” de los cabecillas paramilitares involucrados en el Acuerdo de Ralito. Esas imputaciones incluyeron testimonios de presuntos testigos que afirmaron que De la Espriella recibió dinero de integrantes de las AUC, específicamente de alias Macaco; sin embargo, el principal testigo que lo implicó terminó retractándose públicamente, reconociendo que su acusación fue un error. De la Espriella aclaró en medios de comunicación que conoció a Salvatore Mancuso desde la infancia, pero nunca tuvo vínculos cercanos con él durante el tiempo que estuvo en las AUC.
Las actividades desarrolladas por la Fipaz, bajo la coordinación de De la Espriella, incluyeron la organización de foros públicos, a los cuales se convocó a la prensa. En una de las investigaciones judiciales que se abrieron sobre estos hechos, se confirmó que los pagos para la realización de estos foros provinieron de los propios paramilitares, pero con la autorización del Gobierno Uribe, lo cual fue consignado en los procesos respectivos.
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Las denuncias penales abiertas contra De la Espriella por supuestos vínculos con el paramilitarismo y el manejo de dineros ilícitos fueron archivadas y precluidas en 2009 por la Fiscalía 10 Especializada Antiterrorismo, que determinó que no existían méritos legales para continuar con la acusación. El propio De la Espriella ha señalado que todo su accionar durante el proceso de paz se ajustó a la legalidad, considerándolo una “labor de paz” y ha defendido públicamente su participación en ese contexto, asegurando que, de ser necesario, lo volvería a hacer.
En diálogo con Caracol Radio, Salvatore Mancuso confirmó que conoció a Abelardo de la Espriella en su juventud, y aunque afirmó que la amistad sigue vigente, no vinculó al jurista con las AUC.
“Abelardo es amigo, conocido desde jóvenes, lógico, yo tengo más edad que él. Abelardo es muy amigo, tenía una relación muy profunda, muy grande con el doctor Mario Iguarán para esa época, desde antes de que fuera fiscal. Cuando fue fiscal general eran amigos íntimos, tenían una gran ascendencia el uno sobre el otro y básicamente es lo que conozco al respecto”.
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