El expresidente Ernesto Samper (1994-1998) lanzó severas críticas a su homólogo César Gaviria (1990-1994) a raíz de la “libertad” otorgada a los miembros del Partido Liberal para definir su apoyo presidencial de cara a las elecciones, que tendrán su primera vuelta el 31 de mayo de 2026.
Samper utilizó su cuenta en la red social X para expresar su opinión sobre la situación interna de la colectividad, que lidera Gaviria, la misma que atraviesa un momento de dispersión por la falta de un candidato único; decidieron dar ‘vía libre’ de elección a sus militantes.
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“Los congresistas liberales recién elegidos tienen la posibilidad de escoger entre votar por el pasado para regresar a lo mismo o votar por el futuro para que el cambio continúe. Espero que el Jefe del Partido no se los impida (sic)”, escribió el expresidente en la red social, al señalar indirectamente a Gaviria como responsable de garantizar que esta ‘libertad’ no se convierta en una imposición velada.
Partido Liberal se convierte en “fiel de la balanza” para las elecciones presidenciales de 2026
El Partido Liberal, reconocido como una de las fuerzas tradicionales más antiguas de Colombia, no definió una postura oficial frente a los comicios presidenciales.
La situación provocó divisiones visibles dentro de la colectividad, ya que algunos dirigentes se inclinan hacia postulados de centroderecha o hacia alianzas con figuras como Paloma Valencia (del Centro Democrático), mientras que otros sectores, que acompañaron iniciativas legislativas progresistas, muestran simpatía por Iván Cepeda, perteneciente al Pacto Histórico.
Esta diversidad de posiciones evidenció que la “vía libre” para los liberales no se traduce en una orientación unificada, sino en una libertad práctica que deja a cada miembro decidir su respaldo.
Samper –expresidente polémico debido a que estuvo ligado al Proceso 8.000 por aportes del Cartel de Cali y que negó conocer el financiamiento ilegal; aunque absuelto, su gobierno perdió legitimidad– mantiene su respaldo al Gobierno actual de Gustavo Petro.
Su pronunciamiento busca, según él, advertir sobre los riesgos de que la libertad otorgada a los congresistas sea interpretada como presión o manipulación por parte de la cúpula del partido.
Y es que la bancada del Partido Liberal Colombiano definió una estrategia clara de cara a las elecciones presidenciales de 2026, centrada en consolidar una fuerza legislativa que actuara como un “fiel de la balanza” en la elección del próximo mandatario. La colectividad buscó utilizar su poder de negociación para decidir a qué candidato brindar respaldo, al priorizar la capacidad de ganar sobre afinidades ideológicas.
El principal objetivo del partido fue lograr una bancada mayoritaria en el Congreso que le permitiera negociar apoyos estratégicos. Esto no significó que el Partido Liberal se alineara automáticamente con un solo candidato; al contrario, buscó mantener autonomía para respaldar al aspirante que ofreciera mayores posibilidades de éxito, reforzando su influencia en el escenario presidencial.
Los acercamientos estratégicos del colectivo de Gaviria
A pesar de su unidad formal, el partido enfrentó divisiones internas que reflejaron diferencias sobre su orientación política. Por un lado, sectores cercanos al Gobierno Petro defendieron la continuidad de políticas progresistas.
Por otro lado, César Gaviria exploró acercamientos con representantes de la oposición —teniendo en cuenta su rompimiento político con Gustavo Petro—, como con el expresidente Álvaro Uribe, líder del partido Centro Democrático, con el fin de respaldar opciones que no implicaran un “continuismo” del Ejecutivo actual.
Esta tensión evidenció un juego estratégico: mientras algunos buscaban mantener coherencia con la gestión vigente, otros priorizaron el posicionamiento político del partido como actor decisivo en la contienda presidencial, sin comprometer su autonomía legislativa.
Con la primera vuelta presidencial acercándose, la bancada liberal se perfiló como un punto de referencia para quienes buscaban asegurar apoyos legislativos y consolidar mayorías en un Congreso fragmentado, al evidenciar que su papel podía ser determinante para el resultado final de las elecciones de 2026.