Alerta por mala calidad del aire en Bogotá: más de 13.000 muertes estarían ligadas a contaminación

La exposición prolongada a material particulado fino (PM2,5) ha elevado los casos de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, con mayor impacto en zonas vulnerables y altos costos económicos para la ciudad

Sectores con alta carga industrial y vías sin pavimentar presentan mayores niveles de polución. - crédito Infobae Colombia

La calidad del aire en Bogotá se ha convertido en un problema estructural con consecuencias directas sobre la salud de sus habitantes. De acuerdo con la “Evaluación de impacto en salud” (2018-2022), elaborada por las secretarías de Salud y Ambiente, 13.345 muertes en mayores de 30 años estarían asociadas a la exposición a material particulado fino (PM2,5).

El informe difundido por El Espectador, concluye que estas muertes habrían sido evitables si la población no hubiera estado expuesta a niveles de contaminación superiores a los recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Para el análisis, el Distrito utilizó AirQ+, una herramienta de modelación del organismo internacional que permite cruzar datos de calidad del aire con variables demográficas.

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En ese contexto, Bogotá registra una tasa promedio de 62,9 muertes por cada 100.000 habitantes atribuibles a la contaminación, una cifra que evidencia el impacto sostenido del fenómeno.

El impacto va más allá de los pulmones

Aunque tradicionalmente se asocia la contaminación con enfermedades respiratorias, el estudio muestra que los principales efectos del PM2,5 se concentran en el sistema cardiovascular.

Entre 2018 y 2022:

  • Las enfermedades cardiovasculares (ECV) aumentaron de 1.218 a 1.328 casos
  • Las afecciones isquémicas del corazón (EIC) pasaron de 599 a 663
  • Los accidentes cerebrovasculares (ACV) subieron de 174 a 188, con picos cercanos a 200 en 2019 y 2021

En contraste, las enfermedades respiratorias fueron las únicas que disminuyeron, al pasar de 750 a 625 casos.

Estos datos confirman que el material particulado fino no solo afecta los pulmones, sino que incide directamente en órganos como el corazón y el cerebro, incrementando el riesgo de eventos graves y mortales.

La mezcla de emisiones urbanas configura un escenario persistente de deterioro ambiental en la capital. - crédito Colprensa

Un contaminante invisible con efectos profundos

El PM2,5 es prácticamente imperceptible. Su tamaño (hasta 30 veces menor que el grosor de un cabello) le permite atravesar los alvéolos pulmonares, ingresar al torrente sanguíneo y alojarse en órganos vitales.

Investigaciones citadas en el informe advierten que la exposición prolongada también podría estar relacionada con deterioro cognitivo, autismo y trastornos por déficit de atención, lo que amplía el impacto más allá de la mortalidad y lo sitúa como un factor que deteriora la calidad de vida desde edades tempranas.

Una norma que permite niveles de riesgo

Uno de los puntos más críticos del análisis es el desfase entre la normativa colombiana y los estándares internacionales. Mientras la OMS redujo en 2021 el límite recomendado de PM2,5 a 5 microgramos por metro cúbico (µg/m³), en Colombia el nivel permitido es de 25 µg/m³, cinco veces más alto.

De acuerdo con la información conocida por El Espectador, el profesor de energía y sostenibilidad de la Universidad Javeriana, Camilo Prieto, quien participó en la construcción de la norma, advierte que esta diferencia implica una decisión política sobre el nivel de riesgo que se considera aceptable.

“Hay un desfase entre la norma nacional y la evidencia científica. En la práctica, Bogotá puede estar en ‘verde’, mientras los ciudadanos siguen expuestos a niveles peligrosos”, explicó.

Prieto también señaló que la definición de estos estándares estuvo influenciada por presiones de sectores como el transporte, lo que derivó en límites más flexibles.

“Aceptar un estándar cinco veces más laxo implica aceptar, éticamente, una mayor carga de enfermedad”, agregó.

El costo de no actuar: billones en pérdidas

El impacto de la contaminación no solo se refleja en vidas humanas, sino también en la economía. Según el informe, las muertes prematuras entre 2018 y 2022 generaron costos indirectos por USD 4.555 millones, equivalentes a cerca de 17 billones de pesos colombianos.

Estos costos están asociados a la pérdida de productividad y años de vida. Para Prieto, la conclusión es clara: “No invertir en calidad del aire es trasladar el costo a la productividad del país y al sistema de salud”.

Las muertes prematuras asociadas a la contaminación del aire generaron pérdidas cercanas a 17 billones de pesos, reflejadas en menor productividad y reducción de años de vida en la población. - crédito Colprensa - Juan Páez

Desigualdad ambiental: el sur concentra el riesgo

El análisis también evidencia una fuerte inequidad territorial. Localidades como Ciudad Bolívar, Tunjuelito y Antonio Nariño presentan tanto los niveles más altos de contaminación como las mayores tasas de mortalidad.

Mientras el promedio de la ciudad es de 62,9 muertes por cada 100.000 habitantes, en estas zonas las cifras se elevan a 111,3 en Tunjuelito, 104,3 en Ciudad Bolívar y 102,5 en Antonio Nariño.

Según Prieto, “las políticas han sido homogéneas, pero la exposición heterogénea”, lo que significa que las medidas no han logrado responder a las diferencias territoriales en los niveles de riesgo.

En estas zonas confluyen factores como mayor vulnerabilidad social, presencia de industria pesada y déficit de espacio público natural.

Un problema estructural evidenciado en episodios recientes

La situación de fondo se ha hecho visible en episodios recientes de alerta por mala calidad del aire, especialmente en el suroccidente de la ciudad. Sectores como El Mochuelo, en Ciudad Bolívar, han registrado altas concentraciones de PM2,5 asociadas a la actividad de ladrilleras, cementeras, tráfico pesado y vías sin pavimentar, además de la cercanía con el relleno sanitario Doña Juana.

En estas zonas, el aire no solo tiene densidad, sino también olor, una señal de la combinación de múltiples fuentes contaminantes.

Medidas insuficientes frente a la magnitud del problema

Ante este panorama, el Distrito ha impulsado estrategias como las Zonas Urbanas por un Mejor Aire (ZUMA), que incluyen intervenciones en mantenimiento vial, control de emisiones y renaturalización en sectores críticos.

Si bien estas acciones son consideradas “conceptualmente sólidas”, Prieto advierte que su alcance es limitado frente a la dimensión del problema.

La ciudad mantiene una fuerte dependencia del transporte diésel, especialmente en carga e informalidad. Al ritmo actual de sustitución de flota, no se alcanzarían niveles seguros ni siquiera en dos décadas, según el experto.

En ese sentido, plantea la necesidad de medidas más ambiciosas:

  • Prohibición progresiva del diésel en zonas críticas
  • Aceleración de la electrificación del transporte
  • Actualización de la normativa ambiental
  • Regulación más estricta de fuentes contaminantes
Las condiciones atmosféricas influyen en la concentración de contaminantes en zonas específicas. - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

Un “asesino silencioso” que exige decisiones urgentes

La contaminación del aire en Bogotá ha sido calificada por el medio ya mencionado como un “asesino silencioso”, que deteriora la salud de la población sin generar alertas inmediatas proporcionales a su impacto.

Afecta con mayor intensidad a los sectores más vulnerables, deteriora el desarrollo infantil y reduce la esperanza de vida en adultos mayores, configurando un problema que trasciende lo ambiental y se ubica en el centro del debate sobre salud pública y justicia social.

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