El sonido de los tambores, las velas encendidas y el paso lento de las procesiones volverán a marcar el ritmo en Mompox durante los próximos días. La ciudad, detenida entre el río y la historia, se prepara para uno de los momentos más esperados del año, una celebración donde la tradición se vive con intensidad y cada rincón adquiere un significado especial.
A medida que se acerca el cierre de marzo, el ambiente comienza a transformarse. Calles coloniales, iglesias centenarias y plazas silenciosas se convierten en escenario de una experiencia que mezcla espiritualidad, memoria y cultura. La Semana Santa no solo convoca a creyentes, también atrae a viajeros que buscan conectarse con una de las expresiones más auténticas del país.
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No es una celebración cualquiera. En este territorio, declarado Patrimonio de la Humanidad, la Semana Mayor se consolidó como un símbolo de identidad colectiva. Generaciones enteras han sostenido rituales que hoy siguen vigentes, manteniendo viva una tradición que trasciende lo religioso y se convierte en una forma de narrar la historia del lugar.
Las actividades comienzan incluso antes de los días santos. Durante la Cuaresma, la agenda incluye eucaristías, viacrucis y encuentros preparatorios que van marcando el camino hacia las fechas centrales. Es un tiempo de recogimiento progresivo, en el que la comunidad se alista para vivir con solemnidad cada uno de los momentos que vendrán.
Cuando llega la Semana Mayor, las procesiones nocturnas se convierten en el eje de la celebración. El Jueves Santo, con los 14 pasos, ofrece una de las imágenes más representativas: figuras religiosas avanzando lentamente bajo la luz tenue de las velas. Al día siguiente, el Viernes Santo, el ambiente se torna aún más sobrecogedor con la Procesión de la Pasión del Señor y el Santo Entierro, actos que concentran una profunda carga simbólica.
El cierre llega con el Sábado Santo y el Domingo de Resurrección. La Vigilia Pascual y la Procesión del Señor Resucitado marcan un cambio en el tono de la celebración, pasando del duelo a la esperanza. Las eucaristías de estos días reúnen a la comunidad en un ambiente que mezcla solemnidad y renovación espiritual.
Más allá de lo litúrgico, la programación incluye una agenda cultural que complementa la experiencia. Entre el 29 de marzo y el 4 de abril, el municipio abre espacios para mostrar su riqueza artística y tradicional. La Feria Artesanal y Gastronómica, por ejemplo, permite a los visitantes acercarse a los sabores y oficios que hacen parte de la identidad local.
También hay lugar para la música y el encuentro. Eventos como el Concierto de la Luz en la Iglesia Santa Bárbara o el espectáculo Volver a Soñar aportan una dimensión distinta a la celebración, conectando la tradición con expresiones contemporáneas. A esto se suman talleres, conversatorios y espacios de formación que buscan fortalecer el vínculo entre cultura y comunidad.
En paralelo, se desarrollan actividades académicas enfocadas en el turismo religioso y el impulso a emprendimientos locales. Estas iniciativas no solo enriquecen la programación, también contribuyen a posicionar a Mompox como un destino que combina fe, cultura y desarrollo económico.
Desde la Administración departamental, la apuesta ha sido consolidar esta celebración como un referente cultural. El gobernador de Bolívar, Yamil Arana Padauí, lo resumió así en la revista Semana: “La Semana Santa de Mompox es, sin duda, una de las expresiones más profundas de nuestra identidad. Aquí se encuentra la fe con la historia, la tradición con la memoria y la cultura con el sentido de comunidad. Desde la Gobernación de Bolívar seguimos comprometidos con la protección y proyección de este patrimonio que nos representa ante Colombia y el mundo, y que además se convierte en una oportunidad para dinamizar la economía local y fortalecer el turismo cultural del departamento.”