El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente empieza a trasladar sus efectos hacia la economía colombiana a través de un canal específico: el mercado de fertilizantes. Así lo advirtió Anif en un análisis en el que señala que las tensiones geopolíticas en esa región pueden presionar los costos agrícolas y, con ello, los precios de los alimentos en el país.
De acuerdo con el informe, el foco de riesgo se ubica en el estrecho de Ormuz, un corredor estratégico por el que transita “cerca de un tercio del comercio marítimo global de fertilizantes, equivalente a cerca de 16 millones de toneladas anuales”.
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La entidad advierte que cualquier disrupción en este punto no solo afecta los costos logísticos, sino que también eleva el riesgo de escasez en los mercados internacionales.
El documento subraya que los países del Golfo Pérsico concentran el 49% de las exportaciones globales de urea y alrededor del 30% del comercio mundial de amoníaco, dos insumos clave para la producción de fertilizantes nitrogenados. En ese contexto, “disrupciones en este corredor no solo elevan los costos logísticos, sino que introducen riesgos significativos de escasez en los mercados internacionales”.
El análisis indica que el impacto del conflicto, que está próximo a completar un mes desde su escalada, ya se refleja en los precios internacionales. El crudo Brent se ha estabilizado por encima de los 90 dólares por barril, tras haber superado los 100 dólares, mientras que los fertilizantes muestran incrementos relevantes.
Uno de los principales factores detrás de este aumento es el encarecimiento del gas natural, insumo esencial en la producción de fertilizantes. Según Anif, el precio del gas de referencia europea ha aumentado 69,1% desde finales de marzo, lo que ha impulsado un incremento de 37,4% en el precio de la urea en el mismo periodo.
“El encarecimiento del gas natural actúa como un determinante clave en la dinámica de los fertilizantes nitrogenados”, señala el documento, que describe este fenómeno como un choque combinado de oferta y costos con efectos persistentes.
Para Colombia, el impacto es mayor debido a su alta dependencia de insumos importados. En 2025, las importaciones de fertilizantes alcanzaron los 1.107 millones de dólares (CIF), cubriendo más del 75% de la demanda interna. Dentro de esa canasta, la urea representó el 26,7%, consolidándose como el principal fertilizante utilizado en el país.
El informe detalla que estos productos provienen principalmente de mercados como Rusia, China y Trinidad y Tobago. En ese escenario, el aumento de precios internacionales se transmite directamente a los costos de producción agrícola local.
Anif advierte que este fenómeno tiene efectos sobre los alimentos: “El encarecimiento de los fertilizantes presiona al alza los costos de producción agrícola y, con rezagos, se transmite a los precios de los alimentos”. Los cultivos más afectados serían aquellos intensivos en estos insumos, como arroz, maíz y papa.
Aunque el país cuenta actualmente con inventarios que han permitido amortiguar parcialmente el impacto, la entidad señala que este efecto es temporal. “A medida que estos se agoten, la transmisión de mayores precios, particularmente de la urea, dependerá de la persistencia del choque externo”, indica el análisis.
El documento también caracteriza la situación como un problema de naturaleza dual. Por un lado, se trata de un choque de oferta que restringe los flujos comerciales de insumos energéticos y agrícolas. Por otro, constituye un choque de costos, impulsado por el aumento en los precios del gas, los mayores costos logísticos y el encarecimiento de los seguros de transporte.
En ese contexto, Anif reitera que el país debe monitorear de cerca las condiciones de abastecimiento y los movimientos de precios internacionales. La entidad advierte que este factor podría convertirse en una fuente adicional de presión sobre la inflación, en un entorno en el que ya existen otros riesgos para los precios.