Bogotá atraviesa una crisis por la acumulación de basura, con más de 23.400 puntos de arrojo clandestino y 478 zonas críticas activas en 2026, la ciudad genera más de 6.600 toneladas de residuos al día, de las cuales solo el 16% recibe algún tipo de aprovechamiento, mientras que el resto termina en el Relleno Sanitario Doña Juana.
Las acciones de la administración, como la instalación de ecopuntos y operativos del Escuadrón de la Limpieza, han logrado retirar hasta 960 toneladas diarias, pero el modelo de gestión sigue centrado en el enterramiento masivo de desechos.
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En la actualidad siguen las críticas contra la administración distrital por todo lo ligado a la recolección, mientras expertos también mencionan la importancia de que los desechos sean recuperados bajo un modelo que priorice la valorización y el aprovechamiento de residuos, para evitar que la crisis ambiental y urbana se agrave.
La propuesta que hacen desde el relleno Doña Juana
Bajo ese contexto, el Relleno Sanitario Doña Juana, ubicado en el sur de Bogotá, resaltó que ha implementado desde el Centro de Gerenciamiento de Residuos (CGR) un modelo para la gestión y valorización de residuos de construcción y demolición (RCD) con el que se permitirá que los materiales derivados de obras y demoliciones sean reincorporados como insumos para nuevas actividades productivas.
Desde el relleno informaron que el proceso inicia con la clasificación técnica de los materiales, que son recibidos y separados según su potencial de aprovechamiento. Los elementos pétreos, como hormigón, mampostería, asfalto, cerámicos, arenas y gravas, se destinan a la producción de agregados reciclados. Plásticos, PVC, madera, cartón, metales y cauchos se canalizan hacia cadenas externas de reciclaje o transformación. Solo los residuos que no cumplen con los estándares de calidad se depositan en celdas de disposición final bajo medidas de seguridad ambiental.
Andrea Pérez Cadavid, gerente del CGR Doña Juana, indicó a Infobae Colombia que cada residuo que ingresa es evaluado técnicamente con el objetivo de que lo estrictamente necesario llegue a disposición final y que la mayor cantidad posible sea reutilizada bajo estándares de calidad, control y trazabilidad.
La gestión de residuos de gran tamaño, como columnas, vigas y pilotes, representa uno de los principales retos operativos. Estos materiales, que pueden superar los dos metros de longitud, pasan por un protocolo específico que incluye recepción, catalogación, pesaje, selección manual, pretratamiento, trituración y cribado mecánico.
“Trabajamos con protocolos claros que aseguran la homogeneidad y la calidad del material final. No se trata solo de triturar escombros, sino de producir insumos confiables para obras y operaciones”.
Como resultado de estos procesos, los materiales reciclados se reincorporan al ciclo productivo con propiedades adecuadas. Los agregados reciclados obtenidos —bases, subbases, arenas y gravas— cumplen estándares técnicos como los exigidos por el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), lo que reduce la extracción de recursos naturales.
Una parte de estos materiales se utiliza también dentro de las propias operaciones del relleno, en mantenimiento de vías, cierre de celdas antiguas y cobertura de residuos ordinarios, evitando el uso de arcilla o tierra extraída de zonas protegidas.
Cada mes, el centro recibe cerca de 18.000 toneladas de residuos provenientes de arrojo clandestino; de ese total, más de 10.000 toneladas se reincorporan a la cadena de valor. Este volumen anual representa unas 120.000 toneladas de materiales reutilizados, siendo un modelo que busca disminuir la demanda de materias primas y mitigar el impacto de los residuos sobre suelos, cuerpos de agua y espacio público.
“Esta gestión demuestra que es posible convertir un problema urbano en una solución ambiental. La valorización de los RCD es una pieza clave para una Bogotá más sostenible y responsable con su entorno”, puntualizó Pérez Cadavid.
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