
El nuevo pronóstico del Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI) elevó la señal de alerta sobre el Pacífico ecuatorial: el pico previsto del Super El Niño 2026/2027 alcanzó una anomalía de hasta +3,5 ℃ en la región Niño 3.4. La actualización de octubre muestra un acuerdo mayor entre los modelos, mientras las mediciones recientes ya reflejan un calentamiento muy intenso.
La advertencia coincidió este miércoles con un llamamiento de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) para que los gobiernos adopten medidas anticipadas frente a los posibles impactos. Su secretaria general, Celeste Saulo, sostuvo que el fenómeno podría alcanzar una intensidad sin precedentes y remarcó que los sistemas de alerta temprana permiten reducir sus consecuencias sobre las poblaciones más vulnerables. “Nunca hemos registrado un valor de 3,8 en el pasado. Durante algunos episodios de El Niño particularmente intensos, hemos observado valores cercanos a 3, los cuales tuvieron repercusiones muy significativas a nivel mundial”, explicó Saulo.
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El boletín ubica al fenómeno cerca de su máxima fuerza. A diferencia de los cálculos de septiembre, la proyección de +3,5 ℃ ya no procede solo de los modelos dinámicos: los estadísticos también subieron sus estimaciones, lo que fijó ese valor en el promedio general.
El consenso de los modelos refuerza el escenario de un máximo de +3,5 ℃

La nueva actualización del IRI muestra aumentos de entre 0,1 ℃ y 0,2 ℃ en las previsiones de las dos familias de modelos utilizadas para anticipar la evolución de El Niño. El promedio de los modelos estadísticos y el de los dinámicos convergieron hacia una anomalía absoluta de +3,5 ℃ (+6,3 ℉) en el área Niño 3.4, situada en el Pacífico ecuatorial central.
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En septiembre, las proyecciones dinámicas ya sugerían un máximo de esa magnitud, mientras que los modelos estadísticos y el promedio conjunto permanecían por debajo. El cambio de octubre reside en que ambas herramientas apuntan ahora a un escenario similar, con el pico previsto entre los trimestres de octubre a diciembre y de noviembre a enero.
El Niño suele comenzar a desarrollarse entre abril y junio y, en condiciones habituales, llega a su mayor intensidad entre octubre y febrero. Por eso, el período que se inicia concentra la atención de los centros de monitoreo: los pronósticos ya no anticipan una fase de crecimiento prolongada, sino valores próximos al máximo antes de un posterior descenso.
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Sin embargo, en su conferencia de hoy, la OMM proyectó que la temperatura superficial del Pacífico tropical pueda ubicarse hasta 3,8 ℃ por encima de la media entre noviembre de 2026 y enero de 2027. La cifra corresponde a su actualización climática estacional y no es directamente equivalente al máximo de +3,5 ℃ que el IRI proyecta para la región Niño 3.4, porque ambos organismos pueden utilizar áreas, períodos de referencia y métodos de cálculo distintos.
Cinco semanas consecutivas por encima de +3℃

Las observaciones recientes explican por qué el pronóstico parte de una base elevada. El índice Niño 3.4 registró una anomalía media de +2,46 ℃ (+4,43 ℉) entre julio y septiembre, mientras que el dato mensual de septiembre ascendió a +2,84 ℃ (+5,11 ℉).
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El promedio semanal centrado el 14 de octubre llegó a +3,3 ℃ (+5,94 ℉). Además, las anomalías de la temperatura superficial del mar permanecieron durante cinco semanas consecutivas por encima de +3 ℃ (+5,4 ℉), de acuerdo con el resumen de octubre del IRI.
El Centro de Predicciones Climáticas (CPC), una agencia de los Estados Unidos que pertenece al Servicio Meteorológico Nacional, mantiene una advertencia por El Niño. Su perspectiva oficial estima una probabilidad superior al 83% de que el evento se mantenga entre fuerte y muy fuerte hasta el trimestre enero-marzo de 2027. El organismo también evalúa como elevada la posibilidad de que se trate de un episodio histórico dentro de los registros disponibles desde 1950.
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Qué implica un pico de +3,5℃ en la región Niño 3.4
La proyección no significa que la temperatura global vaya a aumentar 3,5 ℃ ni que el océano alcance esa temperatura en términos absolutos. El dato indica que la superficie del mar en la región Niño 3.4, en el Pacífico ecuatorial central, podría ubicarse 3,5 ℃ por encima de su promedio de referencia.
El Niño se considera presente cuando esa anomalía supera +0,5 ℃ durante varios meses. Por eso, un valor de +3,5 ℃ situaría al fenómeno en una escala muy por encima de un episodio fuerte y podría superar los máximos observados desde 1950, según los escenarios que analizan el IRI y la NOAA.
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Un calentamiento de esa magnitud aumenta la capacidad del Pacífico ecuatorial para modificar la circulación de la atmósfera. Eso eleva la probabilidad de cambios en los patrones de lluvias y temperaturas en distintas regiones, aunque no garantiza un efecto determinado en cada país.
“No podemos impedir El Niño, pero sí podemos prevenir muchas de sus consecuencias humanas más graves”, afirmó Saulo durante la rueda de prensa conjunta con Tom Fletcher, jefe de operaciones humanitarias de la ONU, quien agregó: “Este episodio de El Niño es un fenómeno colosal. Es una verdadera fuerza destructiva (...) va a golpear de lleno a América Latina, África oriental y austral, Asia y la región del Pacífico.
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El cálculo del IRI se basa en anomalías absolutas de la temperatura del mar. La NOAA utiliza además un indicador relativo que descuenta parte del calentamiento general de los océanos tropicales; bajo esa medición, el valor equivalente podría ser menor, aunque seguiría dentro de un rango excepcional.
La NASA siguió señales oceánicas que anticiparon el avance del fenómeno

El seguimiento satelital de la NASA aporta el contexto físico de la intensificación que ahora reflejan los modelos. A comienzos de 2026, los instrumentos detectaron cerca de Micronesia una onda Kelvin, una masa de agua cálida que se desplaza de oeste a este a través del Pacífico y transporta calor hacia las costas sudamericanas.
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Ese movimiento puede debilitar los vientos alisios, que habitualmente empujan el agua superficial desde América hacia Asia. Cuando esa circulación pierde fuerza, el agua más cálida se acumula en el Pacífico oriental, sube la temperatura del mar y se modifican los intercambios de calor y humedad con la atmósfera.
Los satélites registraron un calentamiento de hasta 1,7 ℃ (3,06 ℉) en el Pacífico oriental y aumentos de entre 30 y 40 centímetros en el nivel del mar en algunas zonas. En contraste, cerca de Indonesia y del norte de Australia, la superficie marina quedó entre 15 y 20 centímetros por debajo de los valores habituales.
Josh Willis, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, describió las ondas Kelvin como “el latido del corazón de El Niño”. La altimetría satelital permite detectar esos cambios en la altura del océano y seguir el desplazamiento de las aguas cálidas a lo largo de miles de kilómetros.
El color del Pacífico también revela cambios en la cadena alimentaria marina

La misión PACE de la NASA detectó además áreas más azules en sectores del Pacífico ecuatorial. El cambio está asociado con una menor concentración de fitoplancton, los organismos microscópicos que sostienen la base de la red alimentaria marina.
Durante El Niño, el debilitamiento de los vientos reduce el ascenso de aguas profundas, frías y ricas en nutrientes. Con menor disponibilidad de nutrientes en la superficie, disminuye el fitoplancton y pueden producirse desplazamientos en otras especies que dependen de él para alimentarse.
Matthew Kehrli, integrante del equipo científico de PACE, señaló que la variedad de colores del océano permite identificar transformaciones que no siempre son visibles a simple vista. El actual episodio es el primero de El Niño que esa misión observa desde su lanzamiento en 2024.
La cifra del IRI y el índice de NOAA miden señales con métodos diferentes

La proyección de +3,5℃ del IRI se calcula mediante anomalías absolutas de la temperatura superficial del mar frente a una climatología de referencia. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), en cambio, utiliza desde 2026 el Índice Oceánico Relativo de El Niño, conocido como RONI, que descuenta el calentamiento promedio de los océanos tropicales.
Esa diferencia metodológica puede implicar una brecha de entre 0,5 ℃ y 1 ℃. Así, un máximo absoluto de +3,5 ℃ podría representar una anomalía relativa aproximada de entre +2,5 ℃ (+4,5 ℉) y +3 ℃ (+5,4 ℉), según la evolución del calentamiento oceánico general.
Ambas métricas buscan aislar la señal de El Niño dentro de un océano que también atraviesa un calentamiento de fondo. Los centros de pronóstico continuarán actualizando sus datos en las próximas semanas, mientras el Pacífico ecuatorial atraviesa el período en que el fenómeno suele alcanzar su mayor intensidad.
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