
Sobrevivir, cazar, seducir o intimidar: el cambio de color es una herramienta evolutiva que distintas especies animales desarrollaron con niveles de sofisticación muy distintos.
National Geographic documentó mediante opiniones de expertos y estudios cómo este mecanismo, basado en pigmentos, cristales y señales nerviosas, opera en rangos que van de semanas a fracciones de segundo. En el reino animal, la visión es uno de los sentidos más influyentes, y modificar la propia apariencia es una de sus respuestas más elaboradas.
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Algunas especies animales pueden cambiar de color en fracciones de segundo o a lo largo de varias estaciones, según informó National Geographic. Entre los cambios más graduales se encuentran las transformaciones estacionales.
El urogallo alpino (Lagopus muta), una especie de ave distribuida en las regiones árticas de Eurasia y América del Norte, muda su plumaje marrón estival por uno blanco al llegar el invierno, lo que le permite evadir depredadores en paisajes nevados. Un proceso similar ocurre en la comadreja armiño (Mustela erminea): en su caso, el pelaje blanco invernal no sirve para esconderse de amenazas, sino para acechar presas de forma más eficaz.
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Más de 20 especies de aves y mamíferos del hemisferio norte atraviesan estas transformaciones completas, activadas por señales hormonales vinculadas a la duración del día.

El fenómeno no se limita a ambientes terrestres. National Geographic reseñó una investigación publicada en 2019 que documentó cómo los camarones camaleón alternan entre tonos verdes y rojos según el tipo de alga dominante en sus pozas de marea.
Las arañas cangrejo del género Misumena también modifican su coloración al trasladarse entre flores blancas y amarillas, un proceso que lleva varios días e implica el desplazamiento de pigmentos bajo capas celulares distintas.
Los cambios de color más veloces
En una escala de tiempo mucho más veloz operan los camaleones. Estas especies producen cambios de color en menos de 30 segundos gracias a dos tipos de células especializadas en su piel: los cromatóforos dérmicos, que transportan pigmentos a través de extensiones celulares comparables a autopistas, y los iridóforos, que contienen cristales reflectores capaces de modificar la longitud de onda de la luz.
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“Se puede pensar en estas estructuras como las autopistas por donde los pigmentos se desplazan”, explicó Russell Ligon, biólogo de la Universidad de Cornell, en declaraciones recogidas por National Geographic. La combinación de ambos sistemas produce la gama de azules, rojos y naranjas característica de muchas especies.

Más que para camuflarse, los camaleones emplean este recurso en disputas territoriales: los machos de camaleón velado (Chamaeleo calyptratus) oscurecen su color para señalar sumisión y lo intensifican para comunicar agresión, lo que muchas veces evita el contacto físico.
Otros animales acuáticos también modifican su apariencia con rapidez. Los cangrejos violinistas australianos intensifican sus patrones azules en unos 20 minutos durante el cortejo o bajo estrés, mientras que los góbidos de roca —peces de pequeño tamaño— pueden aclarar u oscurecer su coloración en menos de un minuto para mimetizarse con las rocas de los estanques intermareales y escapar de aves costeras.
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Los animales que cambian de color en segundos
Los campeones en velocidad de cambio son los cefalópodos. Según explicó William Gilly, biólogo de la Estación Marina Hopkins de la Universidad de Stanford, en declaraciones a National Geographic, los pulpos, calamares y sepias controlan sus cromatóforos directamente desde el sistema nervioso central, lo que les permite modificar la forma de las propias células y no solo mover pigmentos dentro de ellas.
Los calamares de Humboldt (Dosidicus gigas) pueden hacer parpadear toda la superficie de su cuerpo entre el rojo pálido y el rojo intenso hasta cuatro veces por segundo.

El pez camaleón (Hoplopagrus guntheri), a su vez, pasa del azul verdoso al rojo en apenas 0,5 segundos gracias a iridóforos activados por adrenalina. Otro caso destacado, sin embargo, lo disputa el escarabajo tortuga dorado (Charidotella sexpunctata), un insecto de América Central del tamaño de una goma de lápiz.
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Su caparazón transparente alberga capas de placas con diminutos surcos que, al llenarse de fluido rojo, forman una superficie uniforme y reflectante que adquiere un brillo metálico dorado. Cuando el animal se agita o entra en fase reproductiva, drena ese fluido en instantes, y su aspecto pasa a ser de un rojo vivo.
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