Chile busca cultivar arándanos en el desierto más árido del mundo siguiendo el ejemplo peruano

Un plan piloto de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) contempla sembrar 450 hectáreas del desierto de Atacama y regarlas con agua de mar desalada

La transformación de un desierto peruano en un gigante de la producción de arándanos, todo gracias a una pequeña inversión inicial y una gran visión.
(Composición Infobae Perú)
La inversión bordea los USD 30 millones.
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En el corazón del desierto más árido del mundo comienza a tomar forma una apuesta que busca cambiar el mapa productivo del norte chileno: llevar agua desalada a terrenos fiscales en el desierto de Atacama y convertirlos en campos de cultivo.

La propuesta es impulsada por la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) y tiene un objetivo que va más allá de la producción de fruta: generar nuevas fuentes de empleo en una región que podría beneficiarse de una actividad agrícola de mayor escala.

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El biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, adelantó este martes en entrevista con EmolTV que “estamos conversando con mucha gente y pensando fuera de la caja para ver cómo generamos más fuentes de trabajo en el país”.

La iniciativa considera aprovechar las condiciones climáticas de la zona y compensar la falta de agua mediante tecnología de desalación. La meta inicial es habilitar una superficie de 450 hectáreas, siempre que se logre resolver la ecuación económica que permita sostener el proyecto.

Según las estimaciones entregadas por el biministro, un plan piloto de esa magnitud podría generar cerca de 3.000 puestos de trabajo durante la temporada de cosecha.

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Mas reconoció que el precio del recurso hídrico constituye la principal dificultad para avanzar. Por eso, el Ejecutivo estudia cómo estructurar un esquema que permita financiar las primeras 450 hectáreas y comprobar si el modelo demuestra resultados.

La mayor caída se registró en el precio de los arándanos, que durante agosto disminuyó 20,29%.
La iniciativa crearía unos 3 mil puestos de trabajo.

Arándanos en el desierto

El plan piloto que impulsa el gremio agrícola contempla inicialmente 200 hectáreas destinadas al cultivo de arándanos en maceta, con riego mediante agua de mar desalinizada, en terrenos ubicados a 20 kilómetros al norte del aeropuerto Desierto de Atacama, en la comuna de Caldera (870 kms al norte de Santiago).

Eso sí, el presidente de la SNA, Antonio Walker, advirtió que si las plantas no se siembran en Chile durante mayo de 2027 terminarán siendo cultivadas en Perú, tal como sucedió con su propuesta inicial que no llegó a buen puerto en el último gobierno de Sebastián Piñera.

El proyecto contempla una inversión estimada de entre USD 25 y USD 30 millones y según el dirigente gremial, hay un inversionista chileno dispuesto a asumir el riesgo inicial. La fórmula planteada considera que el Estado facilite los terrenos fiscales y apoye el financiamiento de la inversión de partida, mientras el sector privado se haga cargo de los costos operacionales.

La propuesta fue presentada a Mas el 16 de septiembre pasado, en una reunión en la que también participó Alejandro García-Huidobro, fundador y CEO de Prize, empresa productora y exportadora de arándanos con operaciones en Chile y Perú.

Trabajadores cosechan arándanos en la granja Valle y Pampa, productora y exportadora peruana de arándanos, en Ica, Perú. 6 de junio de 2025. REUTERS/Angela Ponce
Trabajadores cosechan arándanos en la granja Valle y Pampa, productora y exportadora peruana de arándanos, en Ica, Perú. 6 de junio de 2025. REUTERS/Angela Ponce

Perú, el modelo a imitar

La semana pasada, Mas y Walker viajaron a Perú para conocer experiencias de desarrollo agrícola en zonas áridas y los sistemas de irrigación que han permitido ampliar la superficie cultivada en ese país.

El caso peruano ofrece una referencia relevante, aunque no se trata de un modelo idéntico al que se busca implementar en Atacama. Allí, parte de la expansión agrícola se ha apoyado en el traslado de agua desde zonas de mayor disponibilidad hacia valles secos, una alternativa que, según Mas, tiene un costo algo menor que la desalación.

“Esto ya se hace en otras latitudes y tenemos que adaptarlo al modo chileno”, planteó el biministro.

Las cifras expuestas por Walker dimensionan la diferencia entre ambos países: Perú cuenta con 2,6 millones de hectáreas regadas y exportaciones frutícolas por USD 15.000 millones, mientras Chile registra alrededor de 900.000 hectáreas bajo riego.

Para los impulsores de la iniciativa, esa brecha representa una oportunidad para explorar nuevas superficies productivas en el norte chileno, siempre que se resuelvan las limitaciones hídricas y financieras.

El proyecto también abrió una discusión sobre el uso productivo del patrimonio estatal. La ministra de Bienes Nacionales, Catalina Parot, destacó que la propuesta permite mirar los terrenos fiscales como una herramienta para generar nuevas actividades económicas, incluso en territorios marcados por la escasez de agua.

Desde la cartera de Agricultura, el ministro Jaime Campos también valoró la iniciativa y señaló que se enmarca en la búsqueda de alternativas para ampliar las posibilidades de desarrollo agrícola en el norte del país, aunque de paso advirtió que el desafío requiere una mirada de largo plazo y una visión de país.

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