Una superviviente de Hiroshima: "Tenemos fe en que España firme el tratado para prohibir las armas nucleares"

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Michiko Kodama, superviviente del bombardeo atómico de Hiroshima y secretaria general adjunta de la ONG Nihon Hidankyo, galardonada con el premio Nobel de la Paz en 2024, ha expresado su optimismo ante la posibilidad de que España se desmarque de la principal postura de sus aliados y se adhiera el Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares (TPAN) a pesar de estar bajo el paraguas nuclear de Estados Unidos.

"Tenemos fe en que España se sume primero al tratado. Está bajo el paraguas nuclear de Estados Unidos pero no tiene la misma complicidad que Japón. Los vemos más capaces de decir que no", ha afirmado Kodama en una entrevista con Europa Press durante una visita a Madrid, donde tiene previsto participar en un acto organizado por la Alianza por el Desarme Nuclear y la Sección de Derechos Civiles del Ateneo.

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En este sentido, ha señalado como ejemplo la negativa lanzada a principios de este año por el Gobierno de España para evitar el uso de las bases militares de Morón y Rota por parte de Estados Unidos para su operación militar en Irán.

Por contra, ha lamentado que la primera ministra japonesa, la ultraconservadora Sanae Takaichi, "sí esté muy cerca de (Donald) Trump". "Está tratando de remilitarizar el país, por eso Japón también va a ser más complicado (a la hora de sumarse al tratado), por la naturaleza de su alianza con Estados Unidos", ha advertido. "En España la situación es mejor; (Pedro) Sánchez ha llegado a decir que no es bueno tener armas nucleares", ha destacado.

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"Este tratado se adoptó en Naciones Unidas y no responde a la cuestión de un solo país, sino que es algo conjunto. Estados Unidos y Rusia tienen la mayor parte de las ojivas nucleares que hay actualmente en el mundo, las cuales poseen una gran potencia. Si se usan, la tierra quedará destruida", ha resaltado.

Kodama, que tiene ahora 88 años y fue víctima de la bomba atómica cuando tenía tan solo siete, ha alertado de que hay unas 12.000 ojivas nucleares preparadas para ser utilizadas en todo el mundo y ha denunciado en reiteradas ocasiones de que estas cuentan con "mucha más potencia que las que se utilizaron en el pasado".

Las bombas utilizadas en Hiroshima y Nagasaki, conocidas como 'Little Boy' y 'Fat Man', respectivamente, tenían aproximadamente una potencia que iba de los 12 a los 20 kilotones. Las armas nucleares estratégicas actuales cuentan con potencias que van de entre los 100 a los 500 kilotones.

"Es una pena que Japón no se sume al tratado. Me apena profundamente", ha recalcado, antes de afirmar que teme una nueva guerra en la región tras la llegada de Takaichi al poder a pesar de que su popularidad ha ido cayendo notablemente desde que juró el cargo.

"Sí que temo una guerra. (Takaichi) quiere modificar el artículo 9 de la Constitución (que restringe significativamente las labores del Ejército y estipula que las Fuerzas Armadas renuncian a la guerra), pero hay muchos jóvenes que no están a favor y se manifiestan el día 19 de cada mes", ha explicado.

Sobre la inacción de líderes mundiales de la talla de Trump y el presidente ruso, Vladimir Putin, que siguen vertiendo amenazas sobre el uso de armas nucleares, Kodama ha expresado su deseo a que finalmente dejen el cargo. "Que se vayan. Aunque creo que si cambia el presidente de Estados Unidos, su postura respecto a las armas nucleares no cambiará mucho", ha sopesado.

Aún así, ha alertado de que esta cuestión "no puede empeorar ya". Respecto a Putin, ha admitido que existe "mucho secretismo", por lo que "es difícil saber lo que piensa en cada momento".

En este sentido, ha reivindicado que "la humanidad y las armas nucleares no pueden coexistir". "Es imposible mantener este mundo tal y como es si hay armas nucleares. El riesgo de un ataque es ahora bastante más alto y por eso hay que firmar el tratado. Yo soy bastante mayor y moriré pronto, pero a ustedes les queda más tiempo por delante y están en peligro", ha incidido.

Así, ha lamentado que de los aproximadamente 300.000 'hibakusha' --nombre con el que se conoce en Japón a los supervivientes-- que había en un inicio, ahora quedan únicamente unos 90.000: "Tenemos una carga, una gran responsabilidad". "El premio Nobel nos llegó demasiado tarde y muchos de mis compañeros ya habían muerto. Me acordé de todos ellos cuando nos dijeron que habíamos ganado", ha añadido.

SILENCIO E IMPUNIDAD

A pesar de que las explosiones registradas aquel mes de agosto de 1945 se saldaron con alrededor de 120.000 muertos y miles de heridos, durante los once primeros años que siguieron al bombardeo "no se podía hablar de la bomba", tal y como ha relatado Kodama. "Primero lo prohibió el Gobierno estadounidense y luego el japonés. No fue hasta que pasó una década que se pudo hablar de lo que sucedió realmente", ha puntualizado.

"Yo ya tenía 18 años cuando se empezó a actuar. Durante los primeros siete años (de ocupación), Estados Unidos prohibió hablar del bombardeo nuclear. En todo ese tiempo, jamás hubo indemnizaciones", ha recalcado, antes de acusar a Estados Unidos de utilizar los ataques a modo de "ensayo nuclear".

Las autoridades japonesas no comenzaron a reaccionar hasta mucho después, cuando Estados Unidos realizó pruebas nucleares en el atolón Bikini, con un total de 23 detonaciones realizadas en la zona de manera oficial --pero casi 70 según el recuento general--.

Durante aquellos ensayos, que comenzaron a finales de los años 40 y se alargaron hasta 1958, Estados Unidos hizo explotar una bomba de hidrógeno de 15 megatones que provocó desplazamientos forzosos y una gran contaminación en la zona.

"En ese atolón se realizó una prueba con una bomba de hidrógeno, mucho más potente que la de Hiroshima. El Gobierno japonés se asustó y los movimientos civiles fueron creciendo hasta que se celebró la Primera Conferencia Mundial contra las Bombas Atómicas y de Hidrógeno, celebrada en agosto de 1955 en Hiroshima", ha relatado Kodama.

"A partir de ahí empezaron a realizarse más actividades y se empezó a hablar de las 'hibakusha', a buscarlas para tener más testimonios", ha aclarado, antes de apostillar que "así nació Nihon Hidankyo" en 1956. "Cuando se fundó empezamos a exigir más al Gobierno japonés, que empezó a ofrecer cartillas y certificados oficiales para diferenciar a los diferentes tipos de supervivientes", ha manifestado.

No obstante, ha insistido en que "se tardó mucho en empezar a investigar los efectos de las explosiones sobre la población civil, en su mayoría gente sencilla y pobre". "Con estas primeras ayudas (que llegaron en 1957, doce años después) se nos reconocía como 'hibakusha' y podíamos recibir tratamiento médico gratuito", ha apostillado.

"Fue entonces cuando empezó a descubrirse que la mayoría de la gente afectada desarrollaba leucemia. Mis padres murieron de cáncer y otros familiares por causas desconocidas. Había mucha discriminación y prejuicios, sobre todo para las mujeres, para casarse. Tuve suerte, pensé que no me casaría nunca", ha aclarado.

"Cuando me quedé embarazada estaba muy preocupada por los posibles efectos sobre el feto porque había muchos indicios que apuntaban a que podría haber problemas. Cuando mi hija empezó a ir al colegio empecé a movilizarme junto a los movimientos civiles. Los profesores en los colegios hablaban de la guerra pero no del bombardeo, así que me lo pedían", ha indicado. "Muy poco a poco hemos ido contando nuestra historia", ha remachado.