
La celebración de grandes citas deportivas como el Mundial de fútbol de Estados Unidos, México y Canadá despierta intensas reacciones emocionales en millones de aficionados debido a su capacidad para conectar con mecanismos psicológicos profundamente arraigados en el ser humano, según el experto Mario Paños Gómez, profesor de Psicología del Deporte de la Universidad Nebrija.
En un análisis sobre la conducta de los aficionados, Paños señaló que, en un contexto social marcado por el estrés y la incertidumbre, el fútbol ofrece una "parcela paralela de la realidad" orientada a la obtención de emociones placenteras.
"El discurso de superación, de intentarlo e intentarlo, de competitividad y de compañerismo son valores altamente reforzados socialmente. Cuando los detectamos, nos identificamos con ellos y es más fácil vibrar con una ocasión de gol", matizó.
El experto de la Universidad Nebrija recalcó que la pasión futbolística "democratiza" a la sociedad, trascendiendo variables como la edad, el origen geográfico o la condición socioeconómica. "Podemos tener 10 u 80 años, vivir en un barrio obrero o en una mansión, pero si vivimos con pasión un deporte, nos iguala", sostuvo, incidiendo en que el fútbol se vincula directamente a recuerdos íntimos, celebraciones con amigos y momentos compartidos en familia que estructuran una sólida huella emocional.
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LA EXPECTATIVA Y LA UNIDAD COLECTIVA
Asimismo, la intensidad de estas emociones se encuentra estrechamente ligada a la anticipación. La acumulación de información durante meses y la proyección de escenarios futuros mantienen activa la expectativa mucho antes de que el balón eche a rodar.
Este fenómeno se multiplica en los torneos mundialistas debido a la espera de cuatro años, lo que cohesiona a aficionados de diversos clubes bajo el apoyo a una misma selección.
"El fútbol hace que nos centremos en lo que nos une, y los partidos de un Mundial generan que esta unión se produzca a una escala mucho mayor, lo que multiplica de forma exponencial el impacto emocional", detalló el especialista de la Universidad Nebrija.
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Desde la perspectiva neurocientífica, el seguimiento de un partido de fútbol desencadena la liberación de neurotransmisores, así como picos de adrenalina, cortisol y endorfinas.
Paños apuntó que ante un gol o una victoria, se activa de forma inmediata el sistema de recompensa del cerebro, de manera idéntica a lo que ocurre al superar una meta personal o cumplir necesidades básicas como alimentarse o socializar. A este proceso se suma el papel clave de la dopamina, encargada de regular los estados de expectación y anticipación en el aficionado.
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