Germán Reyes
Rigores (Honduras), 22 may (EFE).- Entre llantos, entierros colectivos y reclamos de justicia, los habitantes de una comunidad campesina del Caribe de Honduras despidieron este viernes a la mayoría de las 20 personas asesinadas en una masacre en la región del Aguán, una de las zonas más violentas del país por un histórico conflicto de tierras agravado por el narcotráfico y la presencia de grupos armados.
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La mayoría de las víctimas fueron enterradas de forma simultánea entre las 07:00 y las 08:00 hora local (13:00 y 14:00 GMT) en el cementerio de Rigores, entre escenas de dolor de familiares y vecinos de esta comunidad de gente campesina que se dedica a trabajar en el corte de fruta de palma africana y al cultivo de granos básicos como maíz, frijoles y tubérculos como la yuca, entre otros.
"Yo quiero a mi abuelo", gritaba desconsolada una niña al ver que lo sepultaban en el cementerio de esta comunidad, donde también se vivieron momentos trágicos como el entierro de tres hermanas en una misma fosa, o el de los hermanos Elmer y Wilmer Suchite, de 25 y 22 años.
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El llanto desgarrador se escuchaba en todo el camposanto, al que asistieron hombres, mujeres y niños de todas las edades a despedir a sus familiares, víctimas de una de las masacres más horrendas cometidas en el país en una región que ha sido de muchos conflictos y que le ha costado la vida a más de 200 personas en las últimas décadas.
La Policía Nacional, que comenzó a desplegarse en la zona el jueves por la noche, "está investigando el hecho", dijo a EFE un oficial recién llegado a la localidad.
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Entre los familiares de las víctimas el consenso generalizado es que no saben qué pasó, solo que ahora sus familiares están muertos y que la justicia debe actuar de inmediato.
"Le corresponde al Gobierno y sus autoridades esclarecer este crimen y que se castigue con fuerza a sus autores", indicó un pariente de Juan Ayala, una de las víctimas.
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Hay testimonios asombrosos: el hermano y el padre de las tres hermanas asesinadas y sepultadas juntas se salvaron de morir en la escena del crimen porque salieron huyendo inmediatamente, tras presenciar el cuadro dantesco de sus familiares en el lugar.
Entre los pobladores también hay quienes afirman que en la comunidad de Panamá, también situada en el departamento de Colón, habrían fallecido un hombre y sus dos hijos, un extremo que aún no ha sido confirmado por las autoridades.
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Después del entierro, dos patrullas, una de ellas blindada y recientemente adquirida por la Policía, pasaron frente al cementerio de Rigores sin detenerse, según constató EFE.
Rigores ubicado en el sector del Aguán que posee una de las tierras más fértiles de Honduras, pero también de las más dolorosas, porque tanto tenerla como conservarla ha costado sangre a centenares de familias.
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La comunidad es escenario de un prolongado conflicto entre terratenientes, que custodian sus propiedades con rigurosos dispositivos de seguridad privada, y campesinos que reclaman algunos derechos históricos sobre las tierras porque resultaron ser herederos de los primeros propietarios entre 1970 y 1980, que posteriormente las vendieron y luego intentaron recuperarlas, según las denuncias que han trascendido siempre.
Lo cierto es que en Honduras son muchos los campesinos sin tierra.
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Un proceso de reforma agraria que se comenzó a impulsar en el primer lustro de la década de 1970, durante el régimen militar de Osvaldo López Arellano, es considerado un fracaso tanto durante gobiernos militares, que entregaron el poder a los civiles en 1982, como en la era democrática.
Durante el mandato de Xiomara Castro, que concluyó el pasado 27 de enero, se creó una comisión de alto nivel para que buscara una solución al conflicto agrario en la región del Aguán. Sin embargo, la gestión de la presidenta finalizó sin que se lograra resolver la problemática.
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Aunque los habitantes esperan que la Policía y el Ejército asuman el control de la situación a raíz de la masacre del jueves, recuerdan con escepticismo que los despliegues militares previos no detuvieron la violencia.
Por temor a represalias, muchos pobladores prefieren no dar declaraciones a la prensa o exigen el anonimato para ofrecer su testimonio.
Algunos denuncian una presunta confabulación entre políticos y terratenientes para tener las mejores tierras y que cuando los campesinos las reclaman los masacran, y critican la falta de voluntad política para resolver el conflicto. EFE
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