Durante una comparecencia ante la Cámara de Representantes, Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, subrayó que Irán había mantenido su intención de restablecer sus capacidades nucleares tras los ataques estadounidenses ocurridos durante la llamada guerra de los 12 días, el pasado junio. Según publicó el medio de comunicación proporcionado, Gabbard atribuyó las decisiones sobre qué constituye una amenaza inminente al presidente del país, afirmación que reiteró frente a la comisión de Inteligencia del Senado estadounidense el día anterior. El testimonio de Gabbard, reportado por el mismo medio, expuso las diferencias entre los intereses de Estados Unidos y los de Israel en torno al conflicto en Irán, marcando distancia entre las prioridades y líneas de acción de ambos gobiernos.
De acuerdo con la información publicada, la directora de Inteligencia explicó que el Gobierno de Israel se ha mantenido enfocado en eliminar a altos dirigentes iraníes, comenzando por el ayatolá y líder supremo. “Podemos ver a través de las operaciones que el Gobierno israelí se ha estado enfocando en incapacitar al liderazgo iraní y eliminar a varios miembros, obviamente comenzando con el ayatolá y el líder supremo. Ellos siguen enfocándose en ese esfuerzo”, expresó Gabbard después de una pregunta del congresista Joaquín Castro, demócrata por Texas.
En contraste, tal como detalló el mismo medio, Gabbard expuso que el presidente Donald Trump había fijado como objetivo primordial la destrucción de la capacidad de Irán para lanzar misiles balísticos y su infraestructura de producción de misiles, así como la neutralización de la Armada iraní, las fuerzas navales de la Guardia Revolucionaria y las capacidades asociadas a minas marítimas. Según consignó el medio, Gabbard hizo hincapié en que estas acciones diferenciaban el enfoque estadounidense respecto al adoptado por Israel, que prioriza el debilitamiento directo del liderazgo iraní.
Durante la sesión legislativa, Gabbard también afirmó que corresponde al presidente de los Estados Unidos determinar qué constituye una amenaza inmediata para la nación. Reportó la misma fuente que la funcionaria había reiterado este planteamiento en previas intervenciones ante el Senado, aludiendo una vez más a la prerrogativa ejecutiva para definir el carácter de los peligros que enfrenta el país.
La comparecencia de Gabbard ante los legisladores tuvo lugar poco después de la renuncia de Joe Kent, entonces director del Centro Nacional de Contraterrorismo estadounidense. Kent justificó su dimisión alegando desacuerdo con la política adoptada por la Administración Trump frente a Irán y calificó el conflicto de injustificado, según publicó el medio de comunicación. Kent señaló como causas principales “la presión de Israel y su influyente lobby en Estados Unidos" sobre las decisiones de la Casa Blanca. “No puedo, en conciencia, apoyar la guerra en curso en Irán. Irán no representaba una amenaza inminente para nuestra nación”, sostuvo Kent, desacreditando el argumento oficial que justificaba la ofensiva militar como prevención frente a un ataque planeado por Teherán contra intereses estadounidenses.
Gabbard, según la información del medio, recalcó que tras los ataques estadounidenses de junio a instalaciones iraníes, las autoridades de Irán mantuvieron su propósito de restaurar la infraestructura y su capacidad de enriquecer uranio, elemento central del programa nuclear iraní. El énfasis de la funcionaria en las facultades presidenciales para calificar la inminencia de una amenaza reflejó la compleja dinámica entre aportes de inteligencia, determinaciones ejecutivas y los diferentes intereses internacionales involucrados.
El informe ofrecido por el medio también reflejó un ambiente de discrepancias dentro de las agencias de seguridad de Estados Unidos, evidenciado por la salida de Kent y las distintas aproximaciones sostenidas en público por altos funcionarios a las justificaciones del conflicto. Tanto la aclaración de la directora de Inteligencia Nacional sobre los objetivos divergentes de Washington y Tel Aviv, como las afirmaciones de Kent sobre el peso de influencias externas sobre la Casa Blanca, conformaron el debate presentado ante los representantes estadounidenses respecto a la naturaleza y legitimidad de la intervención militar de Estados Unidos en la región.