El Gobierno de Líbano ha reconocido que el conflicto armado ha provocado el desplazamiento de más de 800.000 personas en el país y que la mayoría de estas víctimas nunca tuvo la oportunidad de influir en las decisiones que dieron lugar a esta situación. Según consignó el medio Europa Press, el primer ministro libanés, Nawaf Salam, declaró que los ciudadanos de Líbano "están pagando el precio de una guerra que no han elegido", subrayando que la crisis ha forzado a cientos de miles a abandonar sus hogares desde el inicio de la ofensiva israelí.
De acuerdo con Europa Press, los bombardeos lanzados por el Ejército de Israel desde hace casi dos semanas, en respuesta a un episodio que involucró también a Estados Unidos e Irán, han provocado la muerte de 687 personas en territorio libanés. Entre las víctimas se cuentan 98 menores de edad y 52 mujeres, según el último informe difundido por el Ministerio de Sanidad de Líbano. En uno de los ataques más recientes, al menos nueve personas, incluyendo cinco menores, fallecieron tras un bombardeo sobre la localidad de Arki, en el distrito de Sidón, según reportó el Ministerio.
El primer ministro Salam aseguró en un mensaje en video, difundido en redes sociales y citado por Europa Press, que el Gobierno libanés está “trabajando día y noche” para poner fin a las hostilidades. Salam explicó que, aunque advirtieron durante mucho tiempo sobre la posibilidad de que la guerra involucrara a Líbano, las autoridades han realizado gestiones para evitar que el país se viera envuelto en este conflicto. “Han pasado más de diez días desde el estallido de esta guerra, de la que llevábamos mucho tiempo advirtiendo que arrastraría a Líbano y que hemos intentado evitar por todos los medios. Es una guerra que no deseábamos, sino todo lo contrario, trabajamos día y noche para detenerla”, expresó Salam.
En esta misma intervención, Salam insistió en que resulta inaceptable transformar a Líbano en “un campo de batalla para las guerras de otros”. Por ese motivo, indicó que el presidente Joseph Aoun ha puesto en marcha una iniciativa de negociación con el objetivo de sacar al país de la crisis actual. Según indicó Europa Press, el presidente sostuvo conversaciones telefónicas con sus homólogos de Francia y Siria, Emmanuel Macron y Ahmed al Sharaa, respectivamente, quienes expresaron su respaldo a Beirut en las iniciativas orientadas a debilitar la influencia de Hezbolá.
Las declaraciones del primer ministro incluyeron una advertencia sobre la gravedad de la situación que enfrenta Líbano, que definió como “crítica” y que, según él, demanda prudencia tanto en la expresión de opiniones públicas como en la contención de sentimientos, con el fin de proteger la unidad nacional e impedir el surgimiento de divisiones internas. Salam condenó el uso de mensajes que inciten al odio, la violencia verbal y el sectarismo, señalando que estas prácticas amenazan la cohesión social y la seguridad interna del país.
En el contexto de argumentaciones recientes sobre la estabilidad de las Fuerzas Armadas, Salam denunció la proliferación de informaciones falsas sobre supuestas deserciones en el Ejército libanés. Hizo referencia a una publicación del diario Al Ajbar, vinculado con el partido-milicia chií, que había sugerido la posibilidad de deserciones si los militares decidieran actuar contra Hezbolá. Salam calificó esas afirmaciones como “comunicados sospechosos, alejados de todo patriotismo, que amenazan la unidad y el papel nacional del Ejército” y acusó de difamación y chantaje a quienes impulsan esa narrativa. Agregó que “no me cabe duda de que todos los libaneses esperan que nuestro Ejército desempeñe plenamente su papel de extender la autoridad del Estado a todo su territorio”.
La postura del primer ministro fue respaldada por declaraciones en las que reiteró su compromiso de recuperar la capacidad de decisión sobre los temas de guerra y paz en Líbano. Salam manifestó que el gobierno no retrocederá en su propósito de detener la actual intervención y evitar nuevas situaciones que puedan causar mayor destrucción, víctimas y desplazamiento de la población. “Soy consciente de sus inquietudes y les aseguro que no vamos a dar marcha atrás en nuestra postura de recuperar la decisión sobre la guerra y la paz y poner fin a la nueva aventura de apoyo que solo nos ha traído más víctimas, destrucción y desplazamientos”, afirmó en su discurso recogido por Europa Press.
Europa Press detalló que el Ministerio de Sanidad actualiza periódicamente el recuento de víctimas desde el inicio de la campaña militar. Los daños materiales y personales han repercutido en la infraestructura y los servicios básicos, agravando las condiciones humanitarias de la población civil, especialmente de mujeres, niños y ancianos afectados por los desplazamientos forzados.
El dato de 687 personas fallecidas en menos de dos semanas contribuye a dimensionar el impacto de la escalada militar en territorio libanés, al tiempo que la cifra de más de 800.000 refugiados internos da cuenta de la magnitud de la emergencia. Según informó Europa Press, la comunidad internacional, a través de gobiernos como el francés y el sirio, ha establecido canales de comunicación con las autoridades libanesas, con el objetivo de plantear soluciones que conduzcan a una desescalada.
Las palabras del primer ministro Salam expusieron también la preocupación oficial frente a las tensiones políticas y sociales que acompañan el enfrentamiento, sobre todo ante el riesgo de que informaciones no verificadas y discursos de odio contribuyan al debilitamiento de las instituciones y al aumento del descontento en la población. En este sentido, Salam instó a la ciudadanía y a los actores políticos a actuar con mesura, reiterando que la estabilidad nacional depende de la sensatez colectiva para evitar escenarios de fragmentación y violencia interna.
El Gobierno libanés, según recoge Europa Press, mantiene su postura de distanciar al país de intereses ajenos y rechaza la instrumentalización de la crisis actual como medio para dirimir disputas internacionales que terminan impactando directamente a la población local. Las gestiones en marcha, tanto en el plano diplomático como a nivel interno, buscan preservar la unidad estatal, impedir nuevas escaladas y proteger a los sectores sociales más vulnerables, mientras continúa la contabilización de víctimas y desplazados como resultado directo de los ataques de Israel.