Durante una sesión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el ministro de Exteriores de Israel, Gideon Saar, hizo referencia a la carta Balfour de 1917 y a la decisión de la Liga de Naciones de hace más de un siglo como fundamentos históricos que legitiman, a su juicio, el derecho del pueblo judío sobre Jerusalén y los territorios de Cisjordania. En ese contexto, Saar enfrentó el reciente comunicado firmado por más de 80 países, incluidos España y otros miembros de la Unión Europea, en el que se expresaba una condena colectiva a las políticas israelíes para expandir el control sobre Cisjordania. Según informó Europa Press, el ministro calificó la posición de estos países como una negación del derecho a un “hogar nacional judío”.
El medio Europa Press detalló que Saar, tras concluir la reunión del Consejo de Seguridad, acusó a los países firmantes del comunicado internacional de rechazar el reconocimiento histórico y legal sobre la presencia judía en los lugares designados en el mandato de la Liga de Naciones. Según él, “Hace 104 años, la Liga de Naciones, predecesora de la ONU, otorgó a los británicos el mandato de restablecer un hogar nacional judío en la tierra de Israel. Ayer, 85 países se presentaron aquí y negaron el derecho del pueblo judío a vivir en los mismos lugares, los mismos lugares reconocidos como pertenecientes a un hogar nacional judío”. Saar también declaró que la presencia judía en Cisjordania no contraviene el derecho internacional y sostuvo que ningún otro pueblo del mundo tiene un derecho “más fuerte” sobre esas tierras desde una perspectiva histórica y documentada.
Durante su intervención, Saar defendió que las afirmaciones que sostienen que los israelíes no pueden establecerse en las áreas denominadas Judea y Samaria —nombre que Israel utiliza para referirse a Cisjordania— no se ajustan ni al derecho internacional ni a la declaración Balfour del Reino Unido, que en 1917 supuso un respaldo explícito a la aspiración sionista de conformar un hogar nacional judío. Además, calificó como moralmente distorsionada la idea de que los asentamientos judíos representan un obstáculo para la paz. “Algún día habrá paz. No se logrará desalojando a la gente de sus hogares, ni judíos ni árabes”, afirmó, según consignó Europa Press.
En su argumentación, Saar rechazó considerar que las acciones actuales del gobierno israelí, en relación con la designación de zonas de Cisjordania como propiedad estatal, constituyan una anexión. Según sus palabras, a su Gobierno no le quedaba más alternativa que intervenir para revertir las restricciones en las transacciones de bienes raíces impuestas tanto por la legislación jordana como por disposiciones de la Autoridad Palestina, las cuales prohíben la venta de territorios a judíos o a no árabes. Saar describió estas medidas como intentos de corregir injusticias que dificultan el establecimiento de igualdad y transparencia en el sector inmobiliario en Cisjordania.
El jefe de la diplomacia israelí también criticó la postura de la comunidad internacional, reprochando que la atención mundial se centre casi exclusivamente en los asentamientos judíos y no en las acciones constantes de la Autoridad Palestina, incluyendo prácticas y presuntas violaciones. A su entender, este foco “aleja aún más la solución del conflicto” y contribuye a una percepción sesgada de la realidad en la región, informó Europa Press.
Al abordar la cuestión de Jerusalén, Saar insistió en que la ciudad ha sido la capital del pueblo judío durante más de tres milenios, desde la época del rey David, y que en consecuencia “Jerusalén Este es Jerusalén, una sola Jerusalén bajo la soberanía de Israel”, aclarando su rechazo a cualquier partición o administración compartida de la ciudad, aunque esta parte se encuentre actualmente bajo la administración legal de la Autoridad Palestina.
El comunicado internacional motivó la respuesta de Saar. En el texto, difundido por más de 80 países de todos los continentes y suscrito por microestados como Andorra, Malta, San Marino y Liechtenstein, además de representantes de organizaciones intergubernamentales como la Liga Árabe, la Organización para la Cooperación Islámica y la propia Unión Europea, se condenaba enérgicamente la ampliación de la “presencia ilegal” de Israel en Cisjordania y se expresaba una oposición categórica a cualquier proyecto de anexión de territorios palestinos ocupados. El documento calificaba tales medidas como una “violación del Derecho Internacional” y urgía una reconsideración de las políticas israelíes.
En ese contexto, Saar consideró como “hipócrita” la atención internacional sobre la presencia judía en la región y defendió que el Gobierno israelí actúa en línea con lo que considera su patrimonio, su seguridad y su futuro, expresando que no abandonará estos principios frente a presiones externas, ni para satisfacer necesidades políticas ajenas. Según reportó Europa Press, el ministro recalcó que el llamado a frenar la expansión de asentamientos parte de una concepción que, desde su perspectiva, niega tanto la soberanía histórica de Israel como los derechos de su población en el territorio.
Adicionalmente, Saar cuestionó la existencia de un Estado palestino, desestimando la legitimidad del concepto y señalando que, en su opinión, “inventaron un supuesto Estado de Palestina como si tal Estado existiera o hubiera existido alguna vez”. El jefe de la diplomacia israelí observó que para Israel, tanto la continuidad en el control sobre Cisjordania como la integridad de Jerusalén constituyen pilares no negociables de la política nacional y forma parte de una larga disputa que sigue sin un desenlace consensuado en el ámbito internacional.