París, 12 feb (EFE).- La elección de los colores fue la otra gran batalla que tuvieron que librar Renzo Piano y Richard Rogers para el diseño del museo parisino Pompidou, que, a punto de cumplir medio siglo, está temporalmente cerrado por una profunda renovación.
La exposición 'La Batalla de los Colores', que se inaugura este viernes en una parte anexa al Pompidou aún abierta al público, bucea en los obstáculos que Piano, Rogers y Gianfranco Franchini tuvieron que superar para llegar a un mínimo consenso con la gama cromática del edificio, cuya estructura con aspecto de 'máquina' ya había creado bastante controversia.
Un total de 16 propuestas circularon hasta llegar al azul, rojo, amarillo y verde que hoy estampan la estructura del museo. Pero hubo un color que creó especial polémica.
"Los diferentes tipos de amarillos protagonizaron diferentes batallas en esta historia", destacó a EFE el comisario de la exposición, Boris Hamzeian.
Por un lado, Piano, Rogers y Franchini lo querían, en diferentes tonalidades, predominante en el nuevo edificio construido entre 1971 y 1977, algo a lo que se opusieron firmemente los conservadores del museo de arte contemporáneo e incluso el propio presidente francés de la época, Georges Pompidou, el gran impulsor del proyecto.
"Fue un color que resultaba inaceptable para los conservadores", evocó Hamzeian. Demasiado rompedor en una ciudad en la que predominan los tonos grises. El propio Pompidou abogó porque los colores se inspirasen en "ciertas litografías del artista Georges Braque, es decir el marrón y el azul", añadió el historiador.
Fallecido en 1974, la idea del presidente francés no llegó a buen puerto, pero tampoco la iniciativa de la tríade de arquitectos, que vieron el amarillo en una posición mucho más marginal que en su plan original, al tiempo que otros colores como el fucsia y el naranja quedaron sin salir completamente del papel.
"No se puede decir que haya habido un solo ganador, creo que se llegó a un compromiso", resumió Hamzeian, quien juzgó que los colores seguirán teniendo una impronta particular en el nuevo proyecto de renovación, que ha obligado a cerrar temporalmente el museo hasta 2030.
Los colores de los tubos del edificio, tal y como fueron pensados por los arquitectos, tienen la peculiaridad de indicar una función determinada: el rojo para las estructuras que se mueven, el amarillo por donde pasa la electricidad, el azul, la climatización y el verde, el agua.
'La batalla de los colores' sucedió de manera paralela a la arquitectónica. Después de que los italianos Piano, Rogers y Franchini venciesen en 1971 la licitación pública para construir el museo, arreciaron las críticas contra ese proyecto, para muchos demasiado vanguardista dentro del corazón de París. EFE
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