Mientras transcurría el minuto cinco del partido entre el Real Madrid y el Levante UD en el Estadio Santiago Bernabéu, una parte considerable del público elevó su voz con consignas de “Florentino, dimisión”, dirigiéndose al palco presidencial. Aunque los abucheos hacia la directiva fueron notables, el foco principal de las críticas de la afición se mantuvo sobre determinados futbolistas. Según reportó el medio original, la multitud en el estadio expresó un sentimiento generalizado de decepción por los últimos resultados, en especial el reciente fracaso en la Copa del Rey ante el Albacete Balompié. Este descontento se materializó con silbidos y pañuelos blancos, centrándose notablemente en las figuras de Vinícius Jr y Jude Bellingham.
El medio detalló que el ambiente previo al inicio del encuentro ya anticipaba la tensión reinante, sobre todo durante los momentos de calentamiento y en el primer tiempo. Los aficionados presentaron su desaprobación desde la salida de los futbolistas al campo, intensificándose en el caso de Vinícius, quien fue blanco de continuos silbidos, incluso antes de pisar el terreno de juego. En la lectura de alineaciones, el estadio dejó patente su opinión sobre quiénes consideraba más responsables de las caídas recientes, subrayando la reprobación con abucheos nítidos dirigidos a Fede Valverde, quien llevó el brazalete de capitán, además de Bellingham y Vinícius, tal como consignó la fuente original.
Pese a los intentos de la Grada de Animación ubicada en el fondo sur del Bernabéu por mantener el ánimo y apoyar al equipo, el resto de la afición mostró poco margen para la indulgencia. El medio relató que, incluso durante la interpretación del himno de la ‘Décima’, los pitos se hicieron presentes, acompañados en algunos sectores por el ondear de pañuelos blancos, señal de protesta tradicional entre los seguidores madridistas.
Durante la primera mitad, las protestas alcanzaron sus puntos más altos, aunque después del minuto veinte la intensidad de los abucheos redujo, manteniéndose sobre todo cuando el juego del equipo era pobre o impreciso. Ante cada desacierto, la grada respondió. Según publicó la fuente, el primer tiempo culminó con una pitada adicional al equipo, evidenciando que la afición mantenía la presión sobre los futbolistas.
Al regresar del descanso, los seguidores adoptaron una actitud más neutral, marcada por la incertidumbre del resultado, que se mantenía sin goles. El calor hacia los jugadores no aumentó de manera significativa, aunque los ataques verbales desde la grada tampoco recrudecieron. A medida que el partido avanzaba y los goles de Kylian Mbappé y Raúl Asencio alteraron el marcador, la atmósfera hostil pareció diluirse, permitiendo gestos de apoyo hacia los autores de los tantos y hacia Gonzalo García, con quienes la afición mostró mayor simpatía.
Respecto a Vinícius, en la segunda parte recibió una reacción menos adversa, e incluso cosechó algunos aplausos, salvo durante una jugada individual mal resuelta que reavivó la desaprobación de una parte del estadio. El desenlace del encuentro reveló que, si bien persistían los gestos de disconformidad, la magnitud de los silbidos al término del partido no superó la sonoridad del himno que acompañó la despedida del equipo.
A lo largo del encuentro, la protesta fue dirigida principalmente contra algunos jugadores identificados por la hinchada como principales responsables de los resultados insatisfactorios, mientras que la directiva, con Florentino Pérez a la cabeza, recibió menciones pero no ocupó el centro de la crítica en esta ocasión.