París aplaude de nuevo a 'la Callas' en su centenario

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Nerea González

París, 1 dic (EFE).- "El espectáculo más grande del mundo", avanzaba la prensa francesa en el año 1958, en vísperas de que Maria Callas cantara por primera vez en la Ópera de París. Esa ciudad, que fue su último refugio, aplaudirá de nuevo a la soprano más famosa de todos los tiempos este sábado, el día que hubiera cumplido 100 años.

"Cambió el mundo, no solo de la ópera, sino del teatro. Hubo un antes de Callas y un después de Callas", explica a EFE Robert Carsen, director artístico de 'Vissi d'arte', que además de ser una de las arias de 'Tosca' (Giacomo Puccini) que la hicieron célebre, es el título elegido para bautizar la gala en su honor que este sábado acogerá el emblemático Palacio Garnier por su centenario.

Cuatro cantantes distintas -las sopranos Sondra Radvanovsky y Pretty Yende y las mezzosopranos Ève-Maud Hubeaux y Kate Lindsey- interpretarán, además de 'Vissi d'arte', el 'Casta diva' de 'Norma' (Vincenzo Bellini) y la 'Habanera' de 'Carmen' (Georges Bizet), entre otras piezas, que se intercalarán con filmaciones originales y lecturas de textos de Callas, entre otras propuestas.

Todo ello compone un mosaico de lo que fue esta Diva -con mayúscula- que es imposible de "resumir", explica el director artístico de origen canadiense, y sobre todo, que nadie podría imitar con éxito.

Él lo sabe bien, ya que aún recuerda la profunda impresión que le causó verla aparecer sobre el escenario en Toronto, cuando era un adolescente, y a la audiencia "volverse loca" en su presencia, aclamándola y tirándole flores.

"Tenía un registro vocal extraordinario, cantaba desde papeles de mezzosoprano hasta piezas de coloratura muy aguda. Tenemos cuatro cantantes para lidiar con ese registro, desde papeles bajos de mezzosoprano como Carmen y Éboli en 'Don Carlo', hasta Pretty Yende cantando 'Traviata' y 'Sonnambula', que son piezas de 'coloratura' muy aguda. Y Maria Callas las cantaba todas", resalta Carsen.

Con su particular timbre, su belleza y su sentido dramático, Callas no estaba interesada en la perfección, puntualiza este director de ópera, sino en crear algo en el momento que se convertía en inolvidable: "Tenía la habilidad, cuando cantaba, de darte la impresión de que estaba inventando las palabras al hablar y componiendo la música".

Ese es un talento que reconocen hasta las admiradoras de otras escuelas, como la mezzosoprano Ève-Maud Hubeaux, que aunque mañana cantará sobre las tablas de la Ópera de París para rendir homenaje a 'la Callas', se confiesa más bien seguidora de Renata Tebaldi, una de sus 'rivales' de la época.

"Es un reto enorme porque la Callas es un mito, una figura absolutamente esencial de la ópera. Y obviamente encontrarse en el escenario del Garnier, literalmente donde ella estuvo, sobre sus pasos, es un gran honor. Pero también una gran responsabilidad", apunta Hubeaux.

Maria Anna Cecilia Sofía Kalogeropulu, como fue bautizada cuando nació en Nueva York en el seno de una familia de emigrantes griegos, fue más que una estrella sobre el escenario. Su vida privada acaparó titulares e incluso su muerte sigue cubierta por un velo de misterio.

Ocurrió en su apartamento del distrito XVI de París, el 16 de septiembre de 1977, dos años y medio después del fallecimiento del que fue su gran amor, Aristóteles Onassis, un magnate naviero griego que le había roto el corazón cuando la abandonó para casarse con Jacqueline Kennedy.

La voz de Callas, en los últimos años, no era ya la misma, pero eso no impidió que se convirtiera en un mito.

Sus cenizas, que fueron robadas por un admirador poco después de ser inhumada en el cementerio parisino de Père-Lachaise, donde todavía se mantiene la placa con su nombre, fueron esparcidas en 1980 en el Egeo.

"Es verdad que una parte de por lo que se la conoce está también ligada a su relación con Onassis. Eso también la destruye. Muere completamente sola. La gloria la tuvo cuando era cantante y también la tiene hoy a título póstumo", reflexiona Hubeaux.

Por su talento irrepetible y su final trágico, la velada de mañana en París, un lugar en el que cantó menos veces que en otros grandes escenarios pero que fue telón de fondo de su éxito y de su amor por Onassis, se llama 'Vissi d'arte' (viví del arte).

Parafrasea a Floria Tosca, que en su aria, justo a continuación, añade "viví del amor". Y aunque a Maria Callas no se la pueda resumir, quizás esas palabras sí se acerquen bastante. EFE

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