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La lucha contra el dengue llegó para quedarse. Se sabe que los mosquitos durante los meses de frío no desaparecen, sino que permanecen como huevos, que eclosionarán el próximo verano si no se tomaron las medidas de prevención adecuadas.

Por lo que, lejos de relajarse, el inicio del otoño invita a reforzar los cuidados de cara a evitar un brote mayor cuando lleguen los meses de calor.

Con ese objetivo, científicos de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional de La Plata trabajaron en busca de ideas innovadoras y eficaces en la lucha contra esta epidemia.

Ante la alarmante cantidad de casos reportados de dengue en la Argentina, un grupo de jóvenes científicos de la UBA avanzó en el diseño de un detector portátil de dengue que permite identificar el virus sin confundir el diagnóstico con otros de la misma familia, como el zika o el chikungunya, transmitidos por el mismo mosquito. Lo que resta para el desarrollo del dispositivo, que se encuentra en la etapa final de investigación, es conseguir el financiamiento necesario para su concreción.

El 20% de los casos de dengue grave a nivel mundial tienen consecuencias mortales y el diagnóstico precoz junto al tratamiento adecuado reduciría el porcentaje al 1%

A partir del estado de situación, se reveló que existen deficiencias en los diagnósticos tanto por la falta de notificación como por la inespecificidad de los síntomas. El dispositivo en desarrollo es económico y de fácil uso, ya que funciona de forma similar al test de embarazo tradicional, pero basado en una tecnología novedosa que detecta el material genético del virus. Permitirá arrojar los resultados horas después de efectuada la prueba sin la necesidad de contar con personal capacitado o infraestructura específica.

Se trata de un elemento portátil al que se le coloca una muestra de suero con material genético viral, que al ser expuesto a una reacción química emite una señal de color específica para cada serotipo del virus. En esta instancia de la investigación, se busca validar el sistema de detección para luego traducirlo en un producto terminado.

La iniciativa se enmarca en la competencia TecnoX organizada por el doctor Alejandro D. Nadra (UBA-Conicet) y el doctor Ignacio E. Sánchez (UBA-Uade-Conicet), que apoya a equipos de estudiantes que buscan abordar problemas de relevancia social en América Latina. La competencia promueve el uso de tecnologías de aprendizaje de bajo costo e innovadoras como robótica, software y biología sintética.

"Al comienzo de la competencia, nuestro desafío fue encontrar una problemática regional actual sobre la cual pudiéramos hacer un aporte. A medida que fuimos investigando, nos asombró lo costoso y complejo que es el proceso por el que se diagnostica si una persona contrajo dengue. Por eso, nuestra idea apuntó a diseñar y armar un kit que fuese eficaz, rápido, sencillo y barato y que, además, pudiera distinguir entre serotipos virales. También confiamos en que nuestro sistema pueda expandirse a otras enfermedades endémicas o similares, como el virus del zika", explicó Darío Ferri, estudiante de Ciencias Biológicas de la UBA.

De acuerdo a información difundida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 20% de las infecciones de dengue grave a nivel mundial tienen consecuencias mortales. Si el diagnóstico es precoz y se acompaña con un tratamiento adecuado, ese porcentaje se reduce al 1%. En este sentido, la concreción del proyecto, con ayuda de financiamiento externo, se traduce en un aporte fundamental para el estudio epidemiológico de la enfermedad.

Un insecticida biológico para combatir al Aedes aegypti

Investigadores de la Universidad Nacional de La Plata desarrollan un insecticida biológico para combatir al mosquito transmisor del dengue, zika y chikungunya, tres virus que tienen en vilo a las autoridades de salud de la región.

El "larvicida biológico" fue creado sobre la base de un hongo acuático, un patógeno natural llamado Leptolegnia chapmanii, hallado en charcos de agua de la localidad platense de Melchor Romero. Y las investigaciones se llevaron a cabo en los laboratorios del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (Cepave), un instituto dependiente de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

Desde hace años los investigadores buscan identificar y evaluar los enemigos naturales que afectan las poblaciones de Aedes aegypti

Según detallaron los investigadores, se lograron resultados positivos utilizando un extracto líquido a base de aceite de girasol como medio de cultivo que le permite al hongo conservar la viabilidad y virulencia. Y de esta manera –aseguran– se podrá contar con un larvicida de alta efectividad y apto para ser comercializado en el mercado.

Para eso, los científicos del Cepave, junto con expertos del Centro de investigación y Desarrollo en Fermentaciones Industriales (Cindefi), trabajan en la producción a escala de Leptolegnia chapmanii.

El novedoso desarrollo ya fue testeado en pruebas de campo y en distintas condiciones ambientales, explicó Juan García, el profesional del Cepave que dirige el proyecto acompañado por la doctora Claudia López Lastra.

"La finalidad de los trabajos es conocer de qué manera los depredadores (otros insectos o microcrustáceos), los parásitos (nemátodos) y los patógenos (virus, bacterias, hongos y protozoos) afectan las poblaciones de Aedes aegypti para lograr reducir el número de insectos", remarcó García. A partir de allí es posible determinar cuál de estos hallazgos tiene posibilidades de convertirse en un insecticida biológico que pueda llegar al mercado para ser utilizado en el control de este mosquito vector, y así reducir el uso de insecticidas químicos neurotóxicos".

Desde hace años, el Cepave centra sus investigaciones en la búsqueda, identificación y evaluación de los enemigos naturales que afectan las poblaciones de Aedes aegypti.

El desarrollo de la UNLP se encuentra en la etapa de formulación, es decir, se procura optimizar en qué preparado permanece activo por un período de tiempo prolongado y de esta forma poder comercializarlo masivamente.

En ese sentido, los científicos del Cepave y Cindefi explicaron que "se lograron buenos resultados utilizando aceite de girasol como medio de cultivo líquido. El extracto es económico y el patógeno natural crece rápidamente conservando la viabilidad y virulencia".

Como no existen aún medicamentos antivirales para tratar el dengue, el zika y la fiebre chikungunya, la prevención es la única arma para evitar el contagio de estas enfermedades.

El investigador recomendó reforzar las tareas de prevención mediante la fumigación en casos de brotes, el uso de repelentes, de mosquiteros o mallas metálicas en ventanas y puertas, aire acondicionado, limpieza de cacharros y recipientes, entre otras.